Por Miguel Bonasso La declaración data de un
año atrás, pero pasó desapercibida para la prensa nacional y para una Justicia que, se
supone, debería perseguir de oficio la apología de la tortura. El miércoles 9 de
setiembre de 1998, en una entrevista concedida a La Voz del Pueblo de Tres Arroyos, el ex
comisario bonaerense y actual candidato a gobernador Luis Abelardo Patti afirmó que
Guillermo Luque y Luis Tula fueron condenados sin pruebas por el asesinato de María
Soledad Morales y relacionó el fallo judicial con su propio currículum como torturador,
ahora confeso: Eso es violar los derechos humanos, no lo mío, que es decir
patéenle el traste hasta que confiese (sic). La perla fue rescatada del
olvido el 19 de agosto pasado por Juan Francisco Risso, en una columna publicada también
en La Voz del Pueblo. Allí el articulista le pregunta a un hipotético fiscal: Si
un tipo anda formando un supuesto partido político con ese (confesado) ideario, en
realidad, ¿no está formando una asociación ilícita?.Contestando desde la
política y la ética, antes que desde los textos legales, podría decirse que sí lo es.
Que la estructura política que respalda al intendente de Escobar (generosamente
financiada por el aparato menemista) conoce muy bien el ideario de su candidato y lo apoya
decididamente como presunto freno a la inseguridad ciudadana. Y es probable que sepan
también que el ideario implícito en la confesión del ex pata negra se
corresponde con una práctica tenebrosa que fue mucho más allá de patearles el
trasero a los detenidos. En un dossier todavía inédito, al que tuvo acceso
Página/12, se acumulan datos y testimonios elocuentes sobre esa práctica que pueden
llevar al candidato de la mano dura a ser procesado en dos juicios internacionales contra
el genocidio practicado en Argentina: el de España y el de Italia.Articulando datos
conocidos y desconocidos, la investigación hilvana una suerte de biografía represiva de
Patty o Patti, alias el Loco, oficial integrante de sección o grupo en la
comisaría de Tigre, según reza en el legajo 2530 de la Conadep. Una historia de
gatillo fácil y curiosos sobreseimientos que arranca en 1973 con el asesinato
de tres adolescentes que jugaban al metegol en una confitería del barrio Chechele de
Escobar. Un hecho denunciado únicamente en el diario local El Actual, dirigido por el
militante comunista Tilo Wenner. Dos días después del golpe de Estado, el 26 de marzo de
1976, Wenner fue secuestrado y desaparecido para siempre, en una más que evidente
represalia por su denuncia. En aquella época circuló la curiosa versión de que el
entonces oficial principal Patti, a cargo del operativo, había muerto
en un enfrentamiento, leyenda que se disolvió cuando apareció involucrado, diez
años más tarde, en el hecho más grave de su historial: el asesinato a quemarropa de dos
militantes peronistas secuestrados al mediodía de un sábado, en un bar céntrico de
Rosario, y trasladados clandestinamente a Zárate, en un operativo conjunto de los Cuerpos
de Ejército I y II: Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereira Rossi. El hecho, ocurrido en los
meses finales de la dictadura militar, se quiso presentar como un enfrentamiento
entre policías y subversivos, pero las tres autopsias sucesivas y las
correspondientes pericias revelaron que habían sido torturados y baleados a quemarropa
con escopetas Itaka. El respetado histopatólogo Eduardo Pedace hizo polvo el testimonio
de Patti al constatar la presencia de pólvora en el rostro destrozado de Pereira Rossi,
Carlón, que fue secretario de Prensa de Montoneros. El perito, también
experto en balística, refutó los dichos del policía respecto a distancia y posición de
tiro. Patti fue procesado, detenido y sobreseído igual que los suboficiales que lo
acompañaban en el procedimiento: Rodolfo Diéguez y Juan Amadeo Spataro. Pero
nunca nadie logró explicar cómo dos personas secuestradas ante varios testigos en el bar
Magnum de Rosario pudieron luego enfrentar a los bonaerenses en Zárate. El
juez de instrucción rosarino Jorge Eldo Juárez, que logró importantes avances en la
investigación del secuestro en pleno centro de Rosario, fue reiteradamente amenazado de
muerte, igual que los abogados del CELS y otros organismos defensores de los derechos
humanos y los dirigentes del nucleamiento Intransigencia Peronista que lideraba Vicente
Leonides Saadi, e integraban los dos militantes asesinados. El general Reynaldo Bignone,
último presidente de la dictadura militar, calificó a Patti, Spataro y Diéguez, como
tres jóvenes valientes.El episodio distaba de ser una excepción en la
carrera del macho de Escobar, que en 1975 se desempeñó en el destacamento
policial Otero de Victoria, donde funcionaba un centro clandestino de
reclusión. En el legajo policial de Luis Abelardo Patti (alias el Loco) resalta una
felicitación del general Ramón Camps por la actuación que le cupo el 19 de febrero de
1977, cuando el oficial y el cabo Jesús de la Cruz persiguieron y abatieron a tres
presuntos delincuentes. Camps, el genocida que firmó la felicitación y fue en su momento
indultado por el presidente Menem, tampoco se andaba con rodeos a la hora de confesarse:
Unas cinco mil personas desaparecieron mientras yo era jefe de la Policía de Buenos
Aires. Algunas las hice enterrar en tumbas anónimas. La mayoría de esos subversivos
murieron. Unos pocos decidieron no hacerse los héroes y cooperar. Los dejamos libres con
una nueva identidad.El hombre que pateaba el trasero fue oficial en
Escobar entre 1973 y 1976 y en ese lapso tuvo divergencias y enfrentamientos con algunos
de sus superiores por el mal trato que propinaba a los detenidos y las
irregularidades que cometía en los procedimientos. Incluso en 1982 fue sancionado por la
propia jefatura de Policía de la dictadura (que ya no estaba en manos de Camps) por vejar
y agraviar a un subalterno. Pero la carrera de Patti no se limita a los
tiempos dictatoriales. En 1988, se le instruyó un nuevo sumario por otro
procedimiento en el que dos personas ajenas al hecho resultaron
heridas por las balas policiales. El 23 de enero de 1989 participó en la represión del
copamiento al cuartel de La Tablada, donde, como lo ha denunciado la propia CIDH de la
OEA, se perpetraron gravísimas violaciones a los derechos humanos por parte de las
fuerzas del Ejército y la Bonaerense. Y en 1990 alcanzó fama internacional cuando el
diario británico London Times le dedicó una extensa nota bajo el título Argentine
police torturer enjoys status of a hero (Policía torturador argentino
disfruta de la categoría de héroe). Aludía al célebre proceso por aplicación de
tormentos contra los detenidos Mario Barsola y Miguel Guerrero, que la Suprema Corte de la
provincia de Buenos Aires acaba de cerrar, dejando al candidato a gobernador libre de
causas en su contra. Hace nueve años, cuando el juez en lo Criminal de San Isidro, Raúl
Alberto Borrino, procesó al ya subcomisario Luis Patti y ordenó su detención, el
presidente Menem salió en su defensa: Hace todo bien, porque limpia una zona del
Gran Buenos Aires de delincuentes. El juez Borrino salió de la causa y Patti de la
cárcel. Desde entonces hasta hoy, al policía de Camps no le faltó el calor
presidencial.
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