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SALTA La estrella ferroviaria El Tren a las Nubes es uno de los viajes más fantásticos que se pueden hacer en el país. Es una atracción de fama tal que supera en mucho nuestras fronteras: turistas de todo el mundo suben al tren para llegar hasta el corazón de la Puna, a más de 4000 metros de altura. Textos
y fotos: Para describir
lo que es el Tren a las Nubes hace falta toda una lista de superlativos.
No sólo es uno de los trenes más altos del mundo (el tercero,
para ser precisos) y una de las mayores obras de ingeniería del
continente, sino que también es la excursión más
buscada por los extranjeros de visita en la Argentina. Dejando Salta
Desde las seis y media, los pasajeros empiezan a llegar a la estación
de Salta, en medio de la oscuridad de esta época del año.
En la ciudad dormida, el bullicio de la estación forma como una
isla de colores y sonidos. En el hall, un conjunto de músicos
recibe a los viajeros, mientras en los andenes los vendedores ambulantes
van de ventana en ventana para ofrecer chicles, agua mineral y hojas
de coca. Dentro de los coches, un video presenta los principales puntos
del viaje que recién está por empezar. Son imágenes
de paisajes grandiosos, bañados en un sol radiante, y sonrisas
de gente para quienes la llegada del tren es la única atracción
de la semana. De pronto, los altavoces empiezan a anunciar el inicio
del viaje, en varios idiomas, y hacen una breve reseña de la
hazaña que fue construir este ramal de ferrocarril en el corazón
de una de las montañas más altas del globo. A pico y
pala El tren se desliza en medio del fértil valle de Lerma,
a Figuras sobre
la montaña Estas dos obras maestras de la ingeniería
ferroviaria se encuentran en el primer tramo de la vía, entre
las estaciones de El Alisal y Almagro. Sin embargo, la primera obra
en recibir al tren es el viaducto que pasa por encima del río
Toro, en medio de la Quebrada que lleva su nombre. Las aguas barrosas
del río forman un lecho ancho que atraviesa el tren, a la sombra
de las montañas cuyas cumbres ya van siendo bañadas por
la luz del sol de la mañana. Al pie del viaducto, los autos que
siguen el convoy paran para que sus pasajeros saquen fotos. Para ellos,
la atracción es el tren mismo. Para los pasajeros del tren, mientras
tanto, la atracción empieza a ser la quebrada: en pocos kilómetros,
el paisaje cambia radicalmente, y la densa vegetación se esclarece
para dejar lugar a un panorama rocoso, donde se empiezan pronto a ver
los primeros cardones, que acompañarán al tren durante
varias horas. En los vagones siguen los comentarios acerca de la vida
del ingeniero Maury y de la construcción del ramal, en castellano,
inglés, francés y portugués, los idiomas más
utilizados y más escuchados junto con el alemán y el italiano.
Los pasajeros esperan las primeras obras de ingeniería: los zig-zags.
El primero está en la estación de El Alisal, el segundo
en Chorrillos, 9 kilómetros más lejos. Estos zig-zags
forman como Z gigantescas que dibujan los trazados de las vías
en el flanco de montaña. El tren avanza sobre un tramo, anda
hacia atrás sobre otro y avanza de nuevo sobre un tercer tramo,
siempre ascendiendo. En El Alisal se ganan así en el mismo lugar
54,79 metros de altura. En Chorrillos se ganan 48 metros. Desde la ventana,
las pequeñas estaciones (apenas un par de casitas con una capilla
blanca) se empequeñecen, como en un despegue de avión. Al corazón
de la Puna Ahora, los siguientes momentos fuertes del viaje serán
la llegada a San Antonio de los Cobres, y por supuesto la llegada al
Viaducto de La Polvorilla, la verdadera meta, una obra magnífica
en medio de la desolada montaña salteña. En el tren, los
viajeros esperan visitando los diferentes vagones. Además del
restaurante (hay tres servicios antes de llegar al viaducto, para los
cuales hay que inscribirse y reservar mesa), hay un bar en uno de los
vagones con un pequeñito kiosco de souvenires, donde se pueden
comprar mapas y libros de recuerdos. También hay una estafeta
postal, donde se puede mandar postales con un matasellos especial del
tren. Es sin duda uno de los mejores recuerdos que se puede enviar a
los amigos, desde las mismas nubes. La Torre
Eiffel de la Puna Y de repente, tras el codo de la vía, detrás
de una pared de roca, aparece el tramado de barras metálicas
del viaducto, suspendidas sobre 63 metros de vacío, a casi 4200
metros de altura. Los guías no temen compararlo con una Torre
Eiffel perdida en medio de un valle puneño. Sus 224 metros de
largo se curvan, como si hubiera sido pensado para que los turistas
de hoy puedan sacar mejores fotos desde las ventanillas. Es la obra
mayor de todo el ramal del ingeniero Maury. Sin embargo, él no
lo pudo ver, ya que en 1929 dos años antes de inaugurarlo
fue apartado de la obra por el gobierno de facto del general Uriburu.
La obra incluso fue paralizada durante un par de años, hasta
que la vuelta de la democracia permitió seguirla y terminarla,
en 1948. Después de pasar y volver a pasar sobre el viaducto,
en medio de silbidos que el eco hace vibrar en el infinito silencio
de las montañas, el tren se para alrededor de media hora para
que los pasajeros puedan bajarse y sacar más fotos desde la vía
misma. También pueden aprovechar para visitar el mercado improvisado
por los lugareños sobre una placita, en el flanco de la montaña
y al pie del punto panorámico que se preparó para apreciar
mejor el viaducto. Es otra ocasión para comprar artesanías
y productos de lana antes de volver a su asiento para esperar, después
de unos minutos, la parada en San Antonio de los Cobres. Esta parada
une lo folklórico con lo oficial, mientras los empleados del
ferrocarril levantan una bandera en medio de un acto oficializado por
cantos patrióticos, para gran alegría de las cámaras
de los extranjeros presentes. Bajando con
musica El resto del viaje es simplemente un recuerdo de la
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