El Indec informó el jueves pasado que la actividad económica creció en agosto 6,4 por ciento en la comparación interanual, pero apenas 0,4 por ciento con respecto a julio. Debido a esta desaceleración, PáginaI12 le preguntó a los economistas Nicolás Pertierra, Victoria Giarrizo y Pablo Wahren si lo que viene es un crecimiento moderado, como el 2 por ciento que proyecta el gobierno para 2023, o directamente una recesión.  Los especialistas también analizaron lo qué debería hacer el gobierno de cara al año electoral que se avecina.

Hay un modelo de crecimiento

Para Nicolás Pertierra, economista del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO), el gobierno debió elegir un esquema de crecimiento moderado para no tensar ciertos desequilibrios macro. “El ritmo de crecimiento con el que se venía la primera mitad del año era insostenible con la cantidad de dólares disponibles. Era un combo de crecimiento con apreciación cambiaria y empeoramiento de los precios relativos, por el costo de la energía, que no podía durar. Por ejemplo, las tensiones en el mercado de cambios daban cuenta de que este modelo tenía las horas contadas", aseguró. “Para ganar margen en el frente externo, el crecimiento va a ser menor”, agregó el especialista.

Por otro lado, Pertierra afirmó que el gobierno tendrá que elegir qué sectores se frenan más y cuáles mantienen su ritmo: “Deberían frenarse sectores que son muy demandantes de dólares, con poco impacto en el empleo y deberían mantener su ritmo de crecimiento los sectores económicos con baja demanda de dólares, alto impacto en el empleo y que den respuesta a demandas sociales concretas”, sostuvo. Esos sectores son principalmente la construcción, el rubro de infraestructura social (del cuidado, recreativa, escolar, de salud, etc.) y los servicios sociales.

Un modelo que priorice el consumo a secas llevaría al gobierno a enfrentarse a las mismas tensiones macroeconómicas de siempre: la escasez de divisas. Mientras que un modelo mejor orientado al menos permitiría a ciertos sectores resolver demandas sociales que son bien concretas, mientras el gobierno sigue intentando evitar la falta de dólares.

Desaceleración 

Para Pablo Wahren, doctor en Desarrollo Económico e integrante del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP), la expansión del consumo y por ende de la actividad económica en nuestro país se ven afectados por tres cuestiones. “Por un lado, la evolución de los ingresos reales de la población que se ven sobrepasados por la dinámica inflacionaria, en segundo lugar por la merma del gasto público real que tuvo un rol expansivo en la primera mitad del año, y por último dado el endurecimiento de la política monetaria, pese a los programas puntuales destinados a fortalecer el consumo en cuotas”.

Wahren además advierte que todo aquello choca también con los requerimientos de dólares para importar y poder sostener el proceso de expansión económica. Así, de presentarse crisis en el frente externo el año próximo directamente se podría enfrentar un escenario contractivo.

Por su parte, Victoria Giarrizo, investigadora de Instituo Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP-Baires) señaló que “en 2023 la economía se desacelerará, pero suavemente porque es un año electoral y la obra pública será uno de los pilares que empujarán a la economía”.

La inversión se mantiene

Al distinguir entre la performance del consumo doméstico y la inversión, la economista advirtió: “Hoy le temo más al consumo que a la inversión. Las empresas no están invirtiendo menos que en momentos de mayor certidumbre”, sentenció. “Argentina nunca se ha destacado por tener altas tasas de inversión y hay movimientos importantes en muchas PyMes para incorporar tecnología y maquinaria más avanzada, incluso a pesar de la incertidumbre. Lo que falta son las grandes inversiones. Esas de más largo plazo están ausentes, pero hace años que no están”.

En tanto, “el consumo en cambio, empezó a reaccionar ante la pérdida de poder adquisitivo. Las familias además vienen ahorrando poco, lo cual, deja con bajo resto para consumir si el salario se cae”.

Para la especialista “la actividad este año viene sorprendiendo con tasas de crecimiento muy superiores a lo que se esperaba; posiblemente terminemos creciendo muy cerca del 5 por ciento, cuando se esperaban tasas del 2,5 a 3 por ciento”. Además aclara que “traccionaron casi todos los sectores, con la excepción del agro”.

Giarrizo no descarta que el país tenga problemas macroeconómicos, como los altisimos niveles de inflación, “en donde hay un extra de los aumentos de precios generados por la presión que se genera por la escasez de insumos importados”, pero los efectos no terminan ahí, ya que “las mismas restricciones a las importaciones también empujan la produccion nacional. Entre enero y agosto el PBI creció 6,4 por ciento anual, y de acá a diciembre se va a crecer solo levemente menos” proyectó.