La comisaría 2ª de La Plata, una construcción amplia de dos pisos ubicada en la calle 38, también funcionó como un centro clandestino durante los primeros años de la dictadura. Así lo afirmó el juez federal Alejo Ramos Padilla al procesar a un excomisario de esa dependencia Juan Alberto Rincón y al militar Rubén Vicente Sánchez, integrante de la Plana Mayor del Regimiento de Infantería 7 –que era responsable por la represión en la zona–.

La investigación sobre lo sucedido en la comisaría 2ª se inició en 2011 con una presentación de la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de La Plata. Desde entonces, se logró reconstruir, al menos, tres operativos en los que sus víctimas fueron alojadas en esa dependencia policial. En el mismo edificio funcionó, en la planta alta, la delegación platense de la Dirección General de Informaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

El 16 de mayo de 1976 fueron secuestrados Mario Adalberto Rusos y Jorge Omar Delgado cuando intentaban desplegar una bandera en el estadio de Estudiantes como parte de una actividad de propaganda contra la dictadura. Primero los llevaron a la comisaría 1ª de La Plata, después a la dependencia de 1 y 60, al campo de Arana y más tarde a la comisaría 2ª, donde estuvieron desde el 21 de mayo hasta el 28 de julio. Más tarde, hubo un traslado hacia la comisaría 8ª y distintas cárceles.

En la mañana del 16 o 17 de mayo secuestraron a Adolfo Vicente Bergerot cuando iba hacia una cita con María Rosa Martínez y Mariano D’Annunzio. A los dos hombres también los llevaron por distintas dependencias hasta llegar a la comisaría 2ª. En ese lugar, ubicaron a Rusos, Delgado, Bergerot y D’Annunzio juntos en una celda. Bergerot dijo que estaban en ese lugar en calidad de “depósito”, dado que eran detenidos del Regimiento 7.

A Adolfo Ricardo Barrenechea lo detuvieron el 2 de septiembre de 1977 en un control de tránsito en las calles 32 y 74. Como no puedo explicar por qué tenía un radio para transmitir en el auto, lo llevaron a la comisaría 2ª y después lo trasladaron a la comisaría 8ª. En paralelo, allanaron su casa y privaron ilegalmente de la libertad a su esposa, a quien condujeron primero a la comisaría de la mujer y después a la comisaría 8ª.

La comisaría 2ª tuvo una actividad clandestina y legal en simultáneo. De acuerdo a los testimonios que recabó el Juzgado Federal 1 de La Plata, esta dependencia operó como un espacio de tránsito hacia otros lugares de detención. 

La persecución a la familia Gutiérrez

El 24 de julio de 1978, una patota llegó a la casa de Gastón Gutiérrez y Silvia Calvo. Él estaba alimentando a su hija menor, de nueve meses, con una mamadera. Le preguntaron por su hermano menor, Alejandro Gutiérrez. Gastón contestó que no sabía dónde estaba, pero uno de los represores insistió. Con una ametralladora apuntándole a la beba, le dijo: “Vos nos vas a llevar”.

A Gastón Gutiérrez lo subieron en un auto. Su esposa y sus dos hijas iban en otro vehículo. Llegaron hasta la casa de su hermano en la zona de Tolosa. Alejandro estaba allí con su compañera, María Cristina Gusmerotti, y su hijo Ramiro –de tres años– y Ana Julia –de un año.

En paralelo, se hizo otro operativo en la casa en la que vivían María Inés Paleo y Eduardo Morote Elguera con su hijo de diez meses. Inés pidió dejar a su chiquito con un vecino pero no se lo permitieron. A los tres los llevaron a la casa de Alejandro Gutiérrez. Cuando llegaron advirtieron que la familia estaba secuestrada.

A Inés Paleo, Eduardo Morote y Alejandro Gutiérrez se los llevaron a la comisaría 2ª. A la mujer la torturaron allí hasta que perdió el conocimiento. Después los trasladaron hasta La Cacha, el centro clandestino que funcionó en Olmos. A Morote lo liberaron a las horas. Lo trasladaron encapuchado y en el baúl de un auto hasta la casa de Gutiérrez para que pudiera reunirse con su hijo. La familia Gutiérrez, que había quedado secuestrada en una habitación, fue liberada también. Paleo recuperó la libertad el 15 de agosto de 1978. 

Alejandro Gutiérrez, a quien en la militancia conocían como “Luciano”, continúa desaparecido. Su madre, Mabel Penette de Gutiérrez, se sumó después de su secuestro a Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas porque justamente Alejandro le había hablado de este organismo –que se fundó meses después del golpe de Estado. Mabel --que presidió Familiares hasta su muerte en 2009-- obtuvo información de que la Policía Federal Argentina (PFA) podría haber estado involucrada en el secuestro de su hijo, pero las investigaciones judiciales no pudieron confirmarlo.

En su resolución, Ramos Padilla apunta que los sobrevivientes Horacio Cid de la Paz y Oscar González dijeron haber compartido cautiverio en el Banco con un “Luciano” que trabajaba en una cristalería. De hecho, Alejandro Gutiérrez colocaba vidrios y estudiaba periodismo. Sin embargo, la referencia temporal que dan es anterior al secuestro de Gutiérrez, por lo que la información tampoco es concluyente.

Mabel Gutiérrez (de sweater rayado) en una conferencia de prensa en septiembre de 1983. A su lado están Hebe de Bonafini, Alfredo Bravo y Luis Zamora. Gentileza: Familiares.


Los procesados

Ramos Padilla procesó por estos secuestros a Rincón (90), que esperará el juicio en prisión domiciliaria. Rincón fue entre 1976 y 1979 el comisario a cargo de la 2ª de La Plata. En su descargo dijo no recordar los hechos.

Sánchez, por su lado, fue el oficial de Personal (S1) del Regimiento 7. Intentó aliviar su situación diciendo que en 1978 estuvo lejos del Regimiento porque se hirió él mismo con su propia arma después de participar de una entrevista con familiares de Lucía Swica que la estaban buscando. Para el juez, lejos de mejorar su situación, este hecho es una prueba que demuestra cuán imbuido estaba del sistema clandestino de represión.