“Carnaval significa exceso, aquelarre, un espacio sin tiempo donde el baile constante permite que las corporalidades se fundan y ser arme bloque, cuerpo. Carnaval significa sudor, calor y calentura. Todo se derrite y se transforma en potencia femenina y disidente. La Ley con mayúscula se diluye y entran en juego las leyes del goce y del deseo absoluto, paganas, con minúscula, sin tierra y sin tiempo”, enarbola Miss Bolivia, desde su propia música gozosa como baile, amor, resistencia y revancha gozosa y poderosa. 

“Divertir, confrontar, revertir, cuestionar, transgredir, entretener, gozar, bailar, provocar, reflexionar, consentir, recargar, coincidir, permitir, deshilvanar, vivir... Eso es el Carnaval!”, describió en el Parque Cultural del Caribe, en el marco del XIII Carnaval de las Artes, que se llevo a cabo del 14 al 17 de febrero, en Barranquilla, Colombia, Roberto Camargo, cómico y cantautor. El, además, es vocero y pregonero de la noche inaugural del Carnaval de las Artes y resaltó: “El carnaval es una fiesta del amor, de la teatralidad, de poder asumir personajes míticos que son parte de la cosmología popular y nuestra realidad. Se caricaturiza y confronta. El carnaval es el espacio del año en el que puedes ser lo que no eres. Tiene que ver con la posibilidad de conjugar la imposibilidad y el cuestionamiento, la reflexión y lo lúdico”. 

“Se apela a la teatralidad, al sarcasmo, a la parodia, a la fiesta, a la ironía, el amor, al exceso, al juego”, juega con las palabras como metas de intercambio y lucha contra al poder conservador Camargo –que también apela al derecho al agua de los pueblos arrasados por la contaminación y la explotación comercial desde el escenario– sobre El Carnaval de las Artes que conjuga música, baile, literatura, humor, debates y apela a la fiesta y a la reflexión sin que la juerga sea sedante para la resistencia y sin que las palabras sean somníferos para los cuerpos en vivo y vilos. La Cueva tiene objetivo, desde Colombia –y con la dirección de Heriberto Fiorillo– transformar y reelaborar la realidad a través del pensamiento creativo y los espacios de diálogo. 

La reina del carnaval no es la reina elegida como emblema de deseo ni deja de serlo, las reinas son plurales, muchas, callejeras, multiterritoriales, con harina en la cara y con escotes zanjados por las ganas, con saltos y lentejuelas y con tambores sostenidos por los brazos, con los culos jocosos y veloces y las cinturas andantes, con los colores que huyen de la nimiedad y la risa que se festeja como espejo, el baile que se convierte en lucha y la lucha que surge del baile. Y así es que el cuerpo desata una alegría que tiene fecha, aunque no debería tener tiempo ni tregua. 

“El baile tiene una gran relevancia porque en el baile tenemos esa libertad de salir. Es una energía que nos conecta con la tierra y con el cielo y que la podemos expandir. Es una energía muy sagrada y muy mundana porque te permite enlazarte con los otros con el movimiento, con la mirada, sentirlos a los compañeros, adivinarlos, ver por donde va a ir un movimiento o el otro y ahí entra una y se armoniza con una intención placentera, gozosa donde el cuerpo deja de tener límites y nos es el vehículo para enlazarnos con todo y con todos”, dice, como si sus palabras danzaran, la escritora mexicana Laura Esquivel, que baila a las noches del Festival de las Artes en Colombia y baila, también, en la cocina de su casa cuando para de escribir o de contestar correos porque no baila como excepción, sino como forma de vida en donde los rituales se revalorizan como el chocolate que hizo letra, agua, sed y cuerpos deseantes. 

Laura revaloriza un deseo que va desde una comida típica que prefiere hurgar por los barrios hasta encontrar la mazorca más casera hasta una conversación en un café como una forma de sexo oral siempre mutuo. Y repara en que el cuerpo no es un límite para hacer un puente en donde las generaciones festejan distinto pero nadie deja de festejar. Nadie. Rafael Díaz tiene 18 años.  Es venezolano y estudiante de comunicación social y él cree que el carnaval es la gran salida del closet colectiva: “El carnaval es ese momento donde puedes ser tú mismo sin que sea mal visto en los países subdesarrollados. Es cuando los raros pueden ser raros y nosotros, la comunidad sexo diversa, podemos salir a relucir y que nos aprecien por lo exóticos que podemos llegar a ser. El Carnaval, junto a las marchas del orgullo gay, es un momento de liberación personal que todos debemos aprovechar”. 

“El Carnaval de Barranquilla siempre ha sido un paréntesis radical a todas las normas, incluida la heteronorma, y durante cuatro días de fiesta los, las y les habitantes del Carnaval se permiten explorar las barreras del género sin culpas o reprimendas, aunque terminado el Carnaval regrese a la heteronorma más rígida”, marcan las Viejas Verdes, un colectivo feminista colombiano por el derecho al aborto y derechos sexuales y reproductivos integrado por Gina Borré, María del Mar Ramón, Juliana Abaúnza, Catalina Ruíz Navarro, Ita María, Luisa Castellanos, Matilde de los Milagros y Sher Herrera. El Carnaval es recreo pero la liberación también pide que no se apague la fiesta y la vida sea carnaval sin lunes.

Desde la ciudad donde gozaba de los carnavales como una mariposa LohanaBerkins, la activista trans Victoria Liendro, Directora del Area de Diversidad Sexual y Subsecretaria de Politicas de Genero-Gobierno de Salta enmarca: “MijailBajtinnos describe que durante el carnaval no hay otra vida que la del carnaval mismo. Es imposible escapar, porque el carnaval, no tiene frontera espacial. En el curso de la fiesta debe vivirse de acuerdo a las leyes de la libertad. Esa libertad que para la mayoría de las travestis, mujeres trans, identidades transgeneros, significa nuestro renacimiento y su renovación, de aquellos lugares cotidianos que históricamente nos han segregado, por haber roto los límites de lo normal. Hoy las trans-travestis, gracias a la lucha colectiva, en nuestro país gozamos de derechos consagrados en una normativa, como la ley de identidad de género (26743), seguimos constituyendo a esta fiesta, el lugar donde nuestras identidades, son reconocidas como queremos que el espejo nos reconozca, ha sido el lugar de nuestros amores, de iconizar a la (Isabel) Pantoja, a la (Valeria) Lynch, a la Rocio Jurado, las más jóvenes, seguro están lejos de entender ese significado, fruto de las nuevas tecnologías, nuevos espacios de sociabilidad que se democratizan a nuestra identidad, fruto de los logros de las políticas en diversidad sexual, pero estas fiestas carnavalezcas, fueron y siguen siendo para muchas de mi generación, un lugar de refugio y de ser frete al maltrato que significaron aquellas patrullas de moralidad y la constante señalización como inmorales. Hoy, con todo los logrado, reivindicamos ese lugar como un encuentro de nosotras y nuestros cuerpos, nuestros vestuarios, nuestros sueños, y reivindicamos esa esencia misma del carnaval y los que participamos lo experimentan como un profundo regocijo, de sentirlo como propio, con alegría y sin violencias”.

El carnaval es distinto en todos lados, pero es carnaval. Verónica Zabala tiene 45 años y es bombista y murguera, canta y escribe glosas y canciones y define: “El carnaval es la mayor fiesta popular del pueblo que tiene distintas y diferentes expresiones según el lugar donde se celebre”. Y, aquí, también, donde fue censurado en la dictadura (porque se prohibió toda manifestación en la calle)  y resucitado en democracia (con el impulso de los talleres en el Centro Cultural Ricardo Rojas en los noventa) mantiene una raíz negada por la mirada eurocentrista: “El carnaval porteño tiene su origen en la negritud, pero recibe también a lo largo de los años influencia de la inmigración, de las provincias y de las ciudades”. Verónica participa de Los Endiablados de Villa Ortúzar, con 21 años de traqueteo y resalta el plantado de género: “En mi murga desde su origen, en 1977, fue protagónico el rol de la mujer. Hubo directoras de baile, de escenario y de percusión. Nosotrxs tenemos una murga familiera que ya tenemos tres generaciones. En una misma familia endiablada salen tocando cantando o bailando abuelxs, padres, madres y nietxs”. 

OTROS CARNAVALES

Isis Maria es editora da Mídia NINJA  y explica el proyecto Otros Carnavales que nació en 2014, en Brasil, inspirado por el movimiento dos Garís, en Río de Janeiro que hicieron una celebración ocupando las calles durante el carnaval en medio de protestas: “Es un registro de documentación del Carnaval de Rua en Brasil y en varios países de América Latina y el mundo. El proyecto busca hacer un registro narrativo del carnaval a partir de lo colectivo y de los estereotipos históricamente atribuidos al Carnaval que no están en las grandes telas”. La conformación de la organización se extendió en el 2015 con la Red Latinoaméricana de Fotografía de diez países que resuelve convocar a través de editoriales de todo el continente para desenvolver juntos narrativas de carnaval con la perspectiva de base de las fiestas alternativas, no comerciales, a través de un proceso de formación, residencias artísticas en casas colectivas, producción en red. Ahora, después de cinco años del proyecto, hay reunido un acervo muy rico de fotos, videos y textos con la participación de más de 2000 personas en ese proceso formativo. 

Pueden participar quienes realicen una cobertura de carnaval, de fiesta, de debate o de algo que acontezca en ese período de fiesta o sobre el carnaval. La idea es reunir los ensayos enviados después por los inscriptos en la plataforma única que se lanza después del carnaval y que ya lleva cuatro publicaciones anuales. Otra de las búsquedas es visibilizar las manifestaciones diversas de la fiesta en todo el mundo. Un ejemplo es que en las fiestas en Brasil, en 2018, hicieron una cobertura de drag Queens llamado “Bloco das Montadas” en Brasilia para acompañar una performance en el transporte público. 

“El carnaval es un momento de ocupación de las calles donde las personas pueden expresar sus deseos, fantasías y la población periférica ocupa el centro, donde las manifestaciones artísticas de la periferia y de los pueblos tradicionales tienen alcance y visibilidad. Es también un momento de lucha y de pelea cultural. En Brasil, que los carnavales son televisados y hacen girar grandes cantidades de dinero, también hay un movimiento que no deja de luchar por su escola do samba pequeña y de montar su desfile donde se levantan las pautas identitarias para no perder la diversidad, politizar y levantar debates sobre racismo, sobre lgtfobia, sobre machismo. Cada vez más el carnaval se torna un espacio de debate, de campañas de movilización y de empoderamiento”, resalta Isis Maria.

POR CARNAVALES DEL GOCE

Maria también destaca que el carnaval “está ligado al empoderamiento de los derechos sobre los cuerpos. Tenemos más mujeres en los comandos de los grupos colocando el feminismo como pauta, usando el carnaval como narrativa y el cuerpo como territorio de lucha. Pero tenemos que seguir luchando para que el acoso acabe, para que la violencia machista disminuya y hacer sonar las campanas sobre los debates que están aconteciendo con las mujeres, gays, lesbianas, bis, no binaries para que se sientan estimuladxs a ir a brincar al carnaval”. 

De Brasil a Colombia, de la samba al vallenato, de la cumbia a la bossa el goce es una línea que construye una sonrisa vertical en el continente. Mayra Alejandra Díaz Montes, Coordinadora Editorial y Asistente de Dirección de la Fundación La Cueva de Barranquilla subraya: “Si pensamos en el Carnaval, pensamos en el goce. Más aún, vivimos el goce. Lo experimentamos con mayor licencia y libertad. Si bien es cierto que la apertura del Carnaval es dada por una mujer, la reina, es esta también quien a lo largo de la historia ha puesto su sello inamovible en el que la clase social, el estatus económico y el canon de belleza constituyen los requisitos para ser reina. Siempre delgada, siempre blanca, siempre bella según el sistema. La otra cara de la moneda es el pueblo y su forma vibrátil y alegre de imponerse. Las reinas populares, diversas, bellas de múltiples formas. Logran con su resistencia mostrar el goce, la diversión, el baile, la fiesta en términos que superan al sistema. Ellas son bellas porque así lo quieren. Y son reinas porque así lo sienten. Y sus vestidos de lentejuelas y sus plumas y sus tocados son el premio y la invitación para que todos los demás se permitan la libertad que desean. Se permitan la felicidad expuesta, abierta. La celebración del cuerpo a través del baile, la música y los colores. La felicidad sale del cuerpo y se lanza en las calles. La clave feminista es precisamente romper el molde en nombre del placer. Transformar y transgredir una fiesta que en sí misma es transgresión, pero que, inevitablemente, cede a la historia y al peso del orden social preestablecido incluso en los términos del goce permitido”.

Lucía Catalina, de 23 años, estudiante de Cartagena de Indias también vibra con el goce del carnaval: “En el carnaval  disfrazada o no, se me está permitido ser otra, otra que siempre he querido ser o que a ratos quiero ser, me regala días en los que puedo disfrutar de mi corporalidad, días que solo debería dedicar al goce, al baile, a las risas y a la celebración. En los días de carnaval me descubro libre de prejuicios, acompañada de otros (conocidos y desconocidos) interesados en aliviar todas nuestras angustias y preocupaciones con el baile. Quiero creer que en esos momentos  se me olvida  el número absurdo de feminicidios en mi país, olvido que el espacio público en verdad no nos pertenece y tantas otras cosas, que me dejan soñar con todo lo que yo y otras mujeres hemos imaginado en nuestros pequeños espacios de resistencias”. Y remata: “Porque en el carnaval cabemos todas incluso las que nos estamos interesadas en pertenecer a algún lugar”.

 

ERIC BAUER