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ANGELOZ AL BANQUILLO
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La Cámara Séptima del Crimen de Córdoba, integrada por los jueces Juan Barrionuevo, Federico Pastrello y Jorge Moya, será la encargada de dictar sentencia en un caso que comenzó a gestarse el 24 de agosto de 1995, tras una denuncia de la Coordinadora de Gremios Estatales. El proceso se seguirá en los Tribunales II, del barrio Observatorio de la capital mediterránea, donde la guardia policial se incrementará de 70 a 250 efectivos por decisión del Ejecutivo provincial encabezado por Ramón Mestre. Angeloz, quien comenzó a atender con una frecuencia desacostumbrada a los medios, señaló ayer que su patrimonio, "es exactamente el mismo que declaré en 1983, con la única diferencia de que cambié los autos, para que no se me desvalorizaran". "No sé si soy un chivo expiatorio, pero ésta es la primera causa en la historia judicial argentina donde se va a aplicar el artículo 268 del Código Penal, referido al enriquecimiento ilícito. La acusación no tiene ni un elemento de prueba, y yo tengo que probar que no es mío lo que no es mío", se defendió. Pero los fiscales Jorge De la Vega y Carlos Ferrer intentarán probar que el gobernador tejió un entramado para esconder sus bienes bajo otros nombres. Los señalados como supuestos partícipes de esas maniobras son sus hijos, los concejales Eduardo y Carlos Angeloz, a cuyo nombre figuran la mayoría de los bienes involucrados; el yerno del ex gobernador, Jorge Lerda; el ex presidente del Banco Social, Jaime Pompas; los ex socios de Angeloz, Jorge Mengo y Félix Funes; los operadores en temas de medios, José Gaido y Marcelo Valsecchi; el ex dueño del diario Córdoba, Oscar Ghezzi; un ex funcionario y un ex asesor, Luis Escudero y Fernando Faya; y los amigos de los hijos del ex mandatario, titulares de emprendimientos sospechosos, Marcelo Ludueña, Marcelo Fissore y José Echegaray. Si Angeloz es hallado culpable de enriquecimiento ilícito, podrá ser condenado a una pena de dos a seis años de prisión, con una inhabilitación de hasta diez años para ejercer cargos públicos.
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