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PROYECTO PARA PROHIBIR LA FAENA DE CABALLOS
Para relinchar de felicidad

Los diputados tratarán una iniciativa para   derogar el decreto presidencial que regula la matanza de caballos para consumo humano.

Hay cuatro frigoríficos que faenan 600 caballos por día.
Principalmente, la carne equina se usa para exportación.

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t.gif (67 bytes)  Al parecer el asado de potro deberá esperar. El diputado radical Ricardo Lafferrière presentó un proyecto de ley para derogar el decreto del Gobierno que permite la faena de caballos de cualquier edad, destinados al consumo humano. El proyecto se originó después del informe publicado por Página/12 sobre la decisión del presidente Carlos Menem, rechazada en forma categórica por asociaciones protectoras de animales. La actividad está permitida desde el ‘95 pero con el impedimento de faenar caballos jóvenes: esa restricción también quedó abolida por el decreto. Según pudo saber este diario, en el país, cuatro frigoríficos faenan 600 cabezas de caballo por día. Antes del decreto, incluso se violaban los límites de edad. Para sus promotores, la nueva ley “blanquearía” una situación existente de hecho.
La difusión del decreto presidencial originó una polémica en torno de la presunta existencia de alimentos en el mercado en los que presuntamente se camufla carne equina entre el resto de los componentes. Pedro Gómez, ingeniero del Instituto Nacional de Tecnología Agraria (INTA), aseguró a Página/12 que el caballo es usado en ocasiones en productos de cerdo, especialmente en chorizos secos. “Se usa para favorecer el secado de todo lo que sea chorizos secos. Suelen usarse, en el campo, partes de caballo porque contienen componentes químicos que favorecen el disecado del chorizo.”
Por una ley del Congreso en 1995, se permitió la faena de caballos pero se mantuvo una restricción vigente desde 1974: para el consumo, no podían matarse caballos machos menores de 12 años, ni hembras menores de 15. La excepción eran los animales lastimados o enfermos. Bajo el amparo de esa ley, la incorporación de carne de caballo a la comida no hubiese revestido una infracción de tipo legal. Si se hubiera producido, pero sin la correspondiente aclaración al consumidor, “se trataría de una falsificación alimenticia”, explicó Oscar Bruni, jefe de Higiene y Seguridad Alimentaria del gobierno porteño.
Sin embargo, el mismo Bruni rechazó que se usara carne de caballo para alimentos a niveles industriales. El presidente de la empresa Quickfood, Luis Bameule, aseguró a este medio que en la producción de sus hamburguesas se utiliza exclusivamente “carne de novillos tipo exportación”. “La composición es perfectamente demostrable a través de la inspección permanente del SENASA –indicó–, y la formulación del producto debidamente registrada y aprobada por el mismo organismo y por los registros de la auditoría de las normas ISO 9002”.
Según directivos de la Secretaría de Ganadería, en el país se faenan unos 200.000 caballos por año destinados al mercado externo. “En los corrales no se diferenciaban ni edad, ni sexo. La nueva ley en verdad va a blanquear una realidad que existía”, confió una fuente del organismo sobre el decreto que elimina el límite de edad para la matanza. La medida dará nuevo impulso a la cría de ganado equino destinado al consumo. El decreto indica que “la prohibición de la matanza para faena de equinos jóvenes constituye una traba para la expansión de la producción de carne equina”. Según Lafferrière, los conceptos “no se comparecen con los datos de exportación del año anterior, cuando llegó a 32.000 toneladas la carne fresca de caballo enviada a países europeos y Japón”.

 

DENUNCIAN A LA POLICIA CORDOBESA
Morir quemado en una celda

t.gif (862 bytes) Los calabozos policiales aparecen otra vez como el escenario de una muerte dudosa. El 3 de agosto, José María Martínez, de 25 años y padre de dos hijas, se despidió del amigo que había visitado en la localidad cordobesa del Campillo y tomó la ruta para volver a dedo hasta Vedia, en Buenos Aires. La policía del pueblo lo subió al patrullero, lo trasladó al hospital y de allí fue encerrado en un calabozo donde, dos horas después de ser detenido, murió carbonizado.
La versión del jefe de la unidad regional, Miguel Abatedaga, señala que el chico llevaba un encendedor entre sus ropas, con el que prendió fuego al colchón del calabozo y que cuando los guardias se acercaron, al sentir olor a quemado, ya estaba muerto. Pero la explicación oficial no conforma a los familiares. María del Carmen Miranda, su madre, está convencida de que su hijo “no se suicidó” y afirma que el encendedor que tenía no funcionaba. Era un recuerdo que conservaba de un viaje al sur. Sospecha, además, porque no le dejaron ver el cuerpo y le entregaron el cajón cerrado.
Ahora la Justicia investiga la responsabilidad que le cabe a la Policía de la provincia que lo detuvo por averiguación de antecedentes. Según el jefe de la unidad regional, Martínez estaba borracho, nervioso e irritado. Pero sus amigos afirman que no había bebido antes de salir, y el médico que lo atendió sostiene que no pudo medicarlo porque desconocía su diagnóstico.

 

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