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De algún modo, con el empate, Racing consiguió el provisorio y magro objetivo de mantener la punta en el Grupo C de la Copa Mercosur y tiene muchas posibilidades de asegurarse la clasificación ante el acoso de Olimpia. Pero no jugó bien, de local, en un partido muy pobre que probablemente mereció ganar. Enfrente, un Peñarol excesivamente cauteloso, que sólo con la irrupción en los minutos finales del reservado Pablo Bengoechea y sus precisos centros arrimó algo de peligro. Lo mejor de Racing se vio en el primer cuarto de hora del complemento, cuando la entrada de Villalba y la conexión de Delgado pareció que sería la fórmula del triunfo. Pero la actitud criminal de quienes arrojaron un petardo, aturdieron al arquero Flores e hicieron que el partido se detuviera por casi cinco minutos se volvió contra el equipo de Cappa. Después de la interrupción, Peñarol se agrandó y mejoró su respuesta si no futbolística anímica. Y pudo llegar al final con la valla en cero. El primer tiempo fue deplorable. El equipo uruguayo, que llegó muy disminuido por la ausencia de muchas de sus principales figuras Olivera, Cedrés, Orta, Bengoechea, Adinolfi..., se propuso desde un principio plantear la lucha en el medio juego, obstaculizando con tres volantes de marca el posible circuito creativo de Racing. Rotundo, Pablo García y Romero mordieron con dedicación en esa zona y lograron su objetivo: ni Rodolfo García ni Matute Morales tirados a la derecha y a la izquierda respectivamente pudieron crear fútbol. La responsabilidad quedó entonces para el trajinador Michelini, de buena labor en la destrucción, como siempre, pero sin la misma lucidez para generar del medio para arriba. Así, ni Delgado ni mucho menos el debutante Ojeda llegaron prácticamente nunca a posiciones de gol. En la reanudación, Racing mejoró con Villalba y Delgado inspirado: Serafín García la sacó en la línea ante remate del Chelo y Villalba dos veces cepilló el palo derecho de Flores y resolvió débil estando solo pudieron desnivelar. Después del incidente entró Estévez y en la mejor jugada del partido, de casi veinte toques, pudo convertir. Pero no. Y a partir de allí, aunque Racing atacó más y estuvo más cerca, lo tuvieron los dos. En los últimos minutos, tanto un tiro libre de Bengoechea al que dio rebote Bizarri, como una gran jugada de Delgado que Estévez no concretó pudieron ser el gol que salvara la noche. No pudo ser.
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