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Por Horacio Cecchi![]() Según una de las hipótesis que manejan los investigadores, el médico armó el explosivo sin la intención de que estallara, con la aparente idea de denunciar luego un atentado en su contra. Ayer, antes de la detención, la investigación por el estallido de la bomba trasladó su escenario 45 kilómetros al oeste, en Puerto Rico, donde se asienta el juzgado de instrucción de Acosta. Primero, durante las dos horas en que declaró un testigo clave, un obrero de un aserradero del pueblo que pasó, minutos antes de la explosión, frente a la casa de Salazar del Risco. La segunda consistió en un trámite que, de una u otra forma, tendrá sus consecuencias: el padre del otro chico alcanzado por el estallido, y que resultó herido, presentó un pedido de recusación del juez. De rechazarlo, los abogados de la familia de Brítez volverán a la carga contra el juez sin hache, con pruebas más contundentes. --Che, boludo, me mandaste a buscar con la cana. --Qué querés, si te cité y vos no querías venir. El de la recriminación es el médico. El "che, boludo" viene a ser el magistrado. El diálogo se registró el martes pasado, a las 16.30, en el garaje del juzgado de instrucción de Puerto Rico, y fue escuchado por el periodista Gerardo Strejevich, de la FM Express de Posadas, que aguardaba novedades del caso mientras ponía su cabeza bajo el chorro de agua fresca de una canilla. La breve conversación será utilizada por Miguel Bareiro, Horacio Noguera y Héctor Medina, abogados de la familia Brítez, en caso de no prosperar el pedido de recusación presentado ayer por Amado Piris, padre de Maximiliano, el chico que resultó herido por el estallido. La confianza entre el médico finalmente detenido y su señoría no es el único argumento con el que cuentan. Una vecina de Salazar habría visto al juez de visita en la casa del médico, en El Alcázar, tiempo antes, cuando nadie imaginaba la posibilidad de una bomba y cuando un "che boludo" sólo tenía connotaciones amistosas. En los últimos días, los vecinos de El Alcázar no sólo comenzaron a sospechar del que hasta hace poco era el médico del pueblo, sino que también miraban con desconfianza al juez Acosta, que para el ánimo de la gente demoró demasiado en poner entre rejas a Salazar. El juez, por su parte, ayer tomó declaración durante dos horas a Ramón Eugenio Frega, el obrero de uno de los tantos aserraderos del pueblo. Frega afirmó haber pasado frente a la casa de Salazar, entre las 6.10 y 6.15, menos de media hora antes del estallido, y haber visto ya colocada la caja blanca de tapa roja. Pero lo que los abogados de la familia Brítez consideran clave en el testimonio de Frega es que vio la puerta del garaje abierta unos 30 centímetros, aunque lo más habitual parece ser que esa puerta permanezca cerrada. La declaración, sumada a que el médico declaró a los cuatro vientos haber escuchado la explosión cuando todavía nadie se había levantado en su casa, y que los peritos señalaron que, necesariamente, la bomba tenía que haber sido armada en el mismo lugar, porque al trasladarla hubiera estallado, sostiene las hipótesis policiales sobre el autoatentado. Para hoy a la mañana, la policía tenía previsto un procedimiento en la escuela Navidad, donde asisten las hijas de Salazar. Los peritos reconstruyeron la birome con que se había fabricado el detonador de la bomba, y buscan saber si las compañeras o maestras de las dos chicas las vieron en alguna ocasión con una birome de características semejantes.
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