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A las siete y media de la mañana de ayer llegaron a Ezeiza. Volvió la Selección con Bielsa disfónico y dicen que engripado. Pero contento. A lo Bielsa: nada de cañitas voladoras, mucha mesura y lenguaje técnico -Estoy satisfecho por la predisposición del grupo para responder a mis indicaciones, pero con una afectividad tan palpable como pudorosa al manifestarse satisfecho por el orgullo que demostraron (los jugadores) por estar en la Selección, por la solidaridad que mostraron y por la resolución con compañerismo de las distintas circunstancias del juego. Las tácticas y las estrategias se practican, son producto del entrenamiento; ese orgullo, esa solidaridad y ese compañerismo tan mentados (palabritas nueva en el ámbito) no se entrenan, necesitan de una convicción de otro tipo que las ponga en acto. Y así fue. Las consideraciones del técnico con respecto al rendimiento estrictamente futbolístico de la Selección son sensatas, no suenan extrañas (vio el mismo partido que la gente) ni defensivas: Bielsa no niega ni se ataja. Describe lo que vio se defendió mejor de lo que se atacó y explica qué quiere o va a hacer: ante Holanda el 31 de marzo jugarán sólo los extranjeros, lamenta no contar con Redondo y Batistuta para entonces (ver aparte), y espera o prefiere que los próximos partidos se preparen con tiempo y haya un período previo que nos permita una mejor preparación. Ahora se iría a Rosario el fin de semana y el lunes contaría cómo sigue todo el cronograma. De las cuestiones previas, organizativas en el mediano plazo, se ocupará Luis Bonini, su preparador físico: ir a Paraguay a ver dónde se instalarán durante la Copa América de junio; ir a Holanda a espiar a los naranjas. De ver a los jugadores en Europa y charlar con ellos se ocupará él. Los jugadores estuvieron casi todos cómodos: Berizzo capitán y bielsista de la primera hora, Bassedas, el Mellizo, Sorín, Cagna coincidentes en la serena conformidad. El único que tuvo que esquivar alguna zancadilla fue Palermo, pese al respaldo del técnico que lo reivindicó como primer trabajador: Seguro que no voy a dormir por no haber hecho goles..., ironizó el grandote.
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