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Por Adrián De Benedictis Dolor. Las lágrimas, inevitables, caían en forma constante. Niños, jóvenes, adultos. Todos sufrían el golpe más profundo que un ser humano podía recibir. Más hiriente que un engaño amoroso. Sin respuestas, sin argumentos, sin explicaciones. Como un puñal recibido por sorpresa. No había nada que pudiera calmar tanta angustia. Así se encontraban las más de mil almas que buscaron cambiar la historia de algo que no tenía retorno. La noticia que ningún hincha de Racing hubiera querido escuchar. El primer campeón del mundo argentino cerraba sus puertas. Así de contundente. La primera institución en ganar tres títulos en forma consecutiva dejaba de existir. Dolor. El llanto era más intenso. La gente de Racing había iniciado su maratónica lucha contra lo imposible desde temprano. Cerca de las tres de la tarde comenzaron a llegar a la sede de la avenida Mitre. Cien, doscientos, trescientos. A medida que pasaban los minutos, la cantidad iba en aumento. Al mismo tiempo, las voces se iban multiplicando. Que vengan a dar la cara los dirigentes que comenzaron a robar desde la década del 60, gritaban unos. (Julio) Grondona debe intervenir para que Racing no cierre, suplicaban otros. Mientras tanto, el cielo se abría para darle lugar al sol que se empecinaba en lastimar media Avellaneda. Dolor. Era un momento especial. Había que llegar de cualquier manera. Algunos dejaron de trabajar para formar parte. La escena era conmovedora. Se los podía ver con lo ojos más rojos y humedecidos que nunca. La herida se hacía enorme. Hasta el humorista Diego Capusotto se mordía los labios y mostraba su otra cara: Yo no quiero nombrar a ningún dirigente, ahora no sirve de nada. Hay que preocuparse de que Racing siga vivo de alguna manera, esto es muy fuerte. La sonrisa quedará guardada por un largo tiempo. Un médico debía comenzar la guardia y no le importó. Seguramente, su ausencia en el hospital no será una más. El episodio lo reclamaba. Dolor. La impotencia era absoluta. Los cantos trataban de apaciguar semejante amargura: ... Para cerrar a Racing nos tienen que matar ..., ... Brillará blanca y celeste, la Academia Racing Club ..., ... Racing el domingo tiene que jugar ..., eran algunos de los temas que se entonaron en medio de la crisis. El sol se alejaba y nadie se movía. El intento por ingresar al club a la fuerza se repetía, pero el cordón policial evitaba las entradas. Los ánimos tomaron temperatura y comenzaron a llover botellas, maderas y todo lo que estaba al alcance. Sangre. Un camarógrafo de Crónica TV herido en la cabeza. La noche envolvía el desconcierto. Dolor. A esa altura, muchos se habían entregado a la resignación. De última, refundamos otro club. Te imaginás un partido de la D llevando treinta mil personas a la cancha de River, decía un hincha. Una camiseta de Boca quemada quedaba en el olvido. No había nada que pudiera calmar. Más lágrimas. En bicicleta, un osado hincha de Independiente se atrevió a reírse de todo y de todos. Estuvo cerca de terminar mal. Una bengala le ponía un poco de luz. La ilusión exprimía sus últimas fuerzas. No aguantaba más: Es como si mi vieja estuviera enferma de muerte. La noche era más pesada. Llegó Daniel Lalín. Tranquilidad, no pasa nada, dijo. Le llovían latas de gaseosa. Insultos. Hay diez días para apelar la medida, ensayó. Le tiraron un redoblante. Le pegó en el ojo izquierdo, le rompió los anteojos, lo dejó sangrando. El vicepresidente Luis Buchner lo ayudó a guarecerse en la sede. Los hinchas se preparaban para resistir la clausura.
GENTE DE RACING OPINA DE LO QUE FUE RACING Por A. G. y G. V.
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