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LOS SERBIOS APLICAN LA POLITICA DE TIERRA ARRASADA EN KOSOVO
“O se van o los quemamos vivos”

Los refugiados kosovares ya están llegando a Francia y cuentan a Página/12 el horror que se vive en la provincia yugoslava.

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Página/12
en Francia

Por Oscar Guisoni
Desde París


t.gif (862 bytes)  Después de que el gobierno francés modificara su posición inicial de no acoger a refugiados kosovares en su territorio, y a pesar de que en París nadie habla todavía del número de personas que pueden llegar a ser recibidas, los primeros autobuses provenientes de Macedonia y Albania llegaron ayer al sudoeste de Francia. El requisito indispensable para obtener un permiso de residencia “provisorio” es contar con familiares en territorio francés o realizar una improbable solicitud en medio del caos que reina en los campos de refugiados instalados en la frontera de Kosovo. Algunos de ellos ya se encuentran en París. Recibidos por sus familiares, casi todos antiguos refugiados políticos instalados en Francia desde el inicio del conflicto en la provincia yugoslava, quienes lograron huir de la represión serbia y del infierno de los campos cuentan a Página/12 sus historias.
Fátima tiene 25 años y habla un inglés claro y sin acentos. Antes del inicio del bombardeo, vivía en Pristina, la capital de Kosovo. “Estudiaba en la Universidad de Pristina –dice–, y cuando nos dimos cuenta de que la conferencia de Rambouillet estaba condenada al fracaso, empezamos a temer. Los rumores de que se preparaba una gran depuración étnica estaban en boca de todo el mundo. Mis hermanos mayores decidieron unos días antes integrar el ELK (Ejército de Liberación de Kosovo). Se metieron en las montañas dos días antes del primer ataque y nunca más los volví a ver. La noche que cayeron las primeras bombas, en Pristina nadie sabía muy bien qué hacer. Algunos pensaban que Milosevic iba a firmar al día siguiente, pero la gran mayoría estaba desconcertada.”
“Mis padres no creían al principio lo que decía la gente: que los serbios echaban a todo el mundo de sus casas y después las quemaban y que mataban a los jóvenes en las carreteras”, dice Fátima. “Ellos decían que eran mentiras del ELK para conseguir más hombres. Una noche, a las tres de la mañana, un grupo de militares serbios entró a mi casa pateando la puerta. Entraron gritando, a los disparos, a mi padre lo tiraron boca abajo y a mi madre le dijeron que preparara un bolso, que teníamos cinco minutos para abandonar la casa o nos iban a quemar a todos vivos adentro.”
Fátima hace una pausa mientras su madre, sentada a su lado, asiente corroborando su relato. “Con nosotros vivía mi abuela, de 78 años. Esa noche era la única que estaba en la cama porque no podía caminar. Mi madre les pidió un poco de tiempo más, para poder vestirla y cargarla con nosotros en el coche, pero ellos no la dejaron. ‘Es una vieja’, le dijo uno de ellos que iba vestido de civil y parecía el jefe, ‘para qué se la van a llevar’. Nunca más la volví a ver. A mis dos hermanos tampoco. Si no fuera porque mis padres están tan mal con todo lo que ha sucedido, yo en vez de estar en París ya me hubiera ido con mis hermanos a hacer la guerra. Prefiero morirme peleando antes de vivir con ese recuerdo.”
Malik también ha llegado desde Pristina. Tiene 35 años pero su aspecto lo hace mucho mayor. Mientras habla se acomoda constantemente con la mano los cabellos y mira a la gente que estaba sentada en el bar con un gesto de incredulidad que no se le borra a lo largo de toda la charla. “Yo era combatiente del ELK desde el año pasado y lo que pasó lo esperábamos desde hace mucho tiempo. En realidad, Milosevic no ha inventado nada nuevo. Ya en la época de Tito había un ministro que se llamaba Vaso Cubrilovic, que antes de ser ministro había teorizado sobre una posible exclusión de los albaneses de Yugoslavia.”
“Cuando nos dimos cuenta de lo que estaba por ocurrir, muchos de nosotros dejamos el ELK para juntarnos con nuestras familias. Yo tengo mujer y tres hijos pequeños y no los podía dejar librados a su suerte en la ciudad. Volví justo a tiempo. A mi casa entraron gritándole a mi mujer una de las primeras noches después del inicio del ataque. ‘¿Dónde está tumarido?’ Yo estaba escondido, si no me hubieran matado, como hicieron con muchos hombres jóvenes sospechosos de pertenecer al ELK. Después le dieron unos minutos para que se juntara unas pocas cosas y se fuera con los tres chicos”, relata Malik. “Cuando llegamos a la frontera, los macedonios no nos querían dejar pasar. Tres días viviendo en el campo, sin comer nada, bajo la lluvia. Los soldados serbios nos gritaban ‘váyanse, éste no es su país, no los queremos acá’ y se reían de nosotros. Estábamos en Blace, viendo cómo los viejos y los enfermos se empezaban a morir. Al segundo día de llegar no se podía aguantar el olor a podrido, no había baño, no había medicamentos, no había nada. No comprendo lo que hizo la OTAN, no comprendo cómo no lo tenían previsto.”
“Llegamos a París porque acá está mi hermano, que es exiliado desde hace un año. Tuve suerte, porque mis tres hijos y mi mujer están bien, no se enfermaron, no se murieron en el campo como les pasó a muchos otros. Pero ahora voy a volver a Kosovo, a pelear. Mis padres están en una aldea cerca de Pristina y no he vuelto a tener noticias de ellos desde que comenzó la represión. Quién sabe si no los han llevado a Turquía o quién sabe adónde. O si estarán vivos. Quién sabe cuándo se va a terminar todo este desastre.”

 

Argenkosovo
El Gobierno se ofreció ayer para recibir a 100 familias de albanokosovares, evacuadas por razones humanitarias de la zona de los Balcanes. El ofrecimiento tuvo lugar durante una reunión que la representante en la Argentina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Nazli Zaki, mantuvo con funcionarios de la Cancillería, que también hizo pública una carta remitida por el presidente Carlos Menem al primer ministro de Albania, Pandeli Majko, para solidarizarse “con el sufrimiento de todos aquellos desplazados de sus hogares y separados de sus familias” a raíz de la guerra en Yugoslavia. Menem le aseguró a Majko que la Argentina estará “presente con su apoyo moral y material en aquellos lugares donde su ayuda sea necesaria” y le prometió una donación de granos “de un millón de dólares”. También le comunicó que está previsto “el envío de 50 mil dólares en antibióticos”, así como la posibilidad de mandar Cascos Blancos a la zona de conflicto durante tres meses.


SOLYDARIDAR-MEDICOS EN CATASTROFES
Una ONG argentina rumbo a Kosovo

 

t.gif (862 bytes) Una organización no gubernamental (ONG) será por ahora la única representante argentina en medio de la guerra en Kosovo. Se trata de una delegación de Solydaridar-Médicos en Catástrofes que enviará a cuatro representantes para cumplir funciones de asistencia a los cientos de miles de refugiados kosovares que fueron expulsados de sus casas por los serbios. Esta ONG ya tiene experiencia: estuvo dos veces en Kosovo cuando aún el desastre humanitario generado por la limpieza étnica de Slobodan Milosevic no aparecía en los medios de comunicación. También realizaron misiones en la guerra civil de Ruanda.
Esta experiencia en Kosovo es para el presidente de Solydaridar, Ariel Umpierrez, una ventaja importantísima para poder llegar al centro mismo del conflicto a pesar de que las autoridades serbias impiden el ingreso en la región: “En los cuatro meses que permanecimos en Kosovo durante el año pasado entablamos relaciones con gente del UCK, que es el ejército de liberación kosovar, que seguramente nos van a facilitar acceder, a través de las montañas que ellos conocen bien, a Kosovo”. La tarea de la ONG argentina, representada, además de Umpierrez, por los médicos Walter Bonifazio, José María Labourt y Pedro Sabando, se dividirá en dos funciones muy específicas. Por un lado se encargarán de armar puestos sanitarios cada 30 kilómetros en los caminos por donde los kosovares transiten hacía los campos de refugiados. Y en los mismos campos, la gente de Solydaridar brindará atención médica a quienes la requieran. Para emprender esta misión, Umpierrez dijo que le pidió a la Cancillería argentina y al jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, 30 mil dólares para equipamientos, pero asegura que todavía no tuvo respuesta.
La misión de Solydaridar llegará a Kosovo la semana que viene pero sus problemas ya empezaron. Los tres miembros kosovares que atendían en la oficina que la ONG tiene en Pristina, capital de Kosovo, están desaparecidos. Umpierrez cree que han sido expulsados y que deben estar “en algún lugar de Macedonia”.
Ariel Umpierrez presidía la fundación Médicos en Catástrofes junto a Abel Pasqualini, pero luego de algunas misiones en conjunto se separaron. Unos meses después se conoció una denuncia en donde el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) había suspendido los pagos a la organización por “serias discrepancias” en el uso de 250 mil pesos destinados para tareas humanitarias. Todo este caso fue monitoreado por las Naciones Unidas.
La misión de Solydaridar, que fue pedida por las Naciones Unidas, que partirá desde Argentina en los próximos días es para Umpierrez la mejor prueba de que esa denuncia “fue una calumnia”.

 

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