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Luces rojas en el Mar Amarillo por
la batalla naval de las dos Coreas

La Marina surcoreana hundió ayer un torpedero de su enemigo en el Mar Amarillo, lo que aumentó la perspectiva de una nueva guerra y causó una dura advertencia de EE.UU. al Norte.

Marines surcoreanos defendían ayer una posición amenazada.

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t.gif (862 bytes)  Un nuevo frente de conflicto militar promete combinar más armas y palabras. Las dos Coreas protagonizaron ayer un enfrentamiento armado que recrudeció la escalada de tensión de los últimos días. Corea del Norte exigió a su vecino que se disculpe por haber hundido ayer un torpedero en el Mar Amarillo, y advirtió que este tipo de actos puede ponerlos “al borde de la guerra”. Corea del Sur justificó el ataque como una respuesta a los disparos de los barcos norcoreanos que habían atravesado la línea divisoria entre ambos países. El incidente se produjo un día después de que se iniciaran negociaciones con las Naciones Unidas para reducir la tensión en la región. Estados Unidos se mostró preocupado y tomó partido por el país del sur. “El responsable es Corea del Norte”, sentenció el Pentágono.
El choque armado de ayer, en el que al menos un torpedero norcoreano fue hundido por Corea del Sur, tuvo diferentes explicaciones. Según la versión de Seúl, el choque se produjo cuando los barcos patrulleros surcoreanos trataron de expulsar a dos embarcaciones de Corea del Norte de la zona “tapón” que separa a las dos Coreas –la línea fronteriza en el Mar Amarillo fue establecida por las Naciones Unidas en 1953 después de la Guerra de Corea y funciona en la práctica como una línea de demarcación militar–. Según el Ministerio de Defensa, dos naves norcoreanas fueron hundidas y varias patrullas dañadas. Pero Corea del Norte desmintió haber cruzado la línea de separación y aseguró haber perdido sólo una nave.
El intenso tiroteo con ametralladoras duró diez minutos, después de que un barco norcoreano disparara contra los buques surcoreanos que habían rechazado a las embarcaciones intrusas, comunicó Seúl. “Nosotros disparamos en respuesta después de que Corea del Norte abrió fuego primero”, defendió el portavoz del Estado Mayor de Corea del Sur, el coronel Hwang Dong-Kyu. Corea del Norte, en cambio, afirmó que “buques de guerra surcoreanos arremetieron contra buques de la marina del Ejército Popular Coreano, hundiendo a uno de ellos en aguas territoriales del Norte.” El incidente se enmarca en una escalada de tensiones entre los dos países en el Mar Amarillo, al oeste de la península, que es la extensión marítima de la zona desmilitarizada que los separa. Desde el 8 de junio pasado, ambos países se acusan mutuamente de intrusión en sus respectivas aguas territoriales, aunque Corea del Sur reafirmó su voluntad de seguir con la política de acercamiento. Una actitud que podría generar críticas contra el presidente Kim Dae Jung por considerarla complaciente con Corea del Norte.
La postura del vecino del norte fue resumida por la agencia oficial de noticias (KCNA), que comunicó que “una guerra podría estallar en Corea por las temerarias provocaciones militares de los gobernantes surcoreanos”. “Los gobernantes surcoreanos deben pedir excusas inmediatamente por las serias consecuencias de sus provocaciones armadas –advirtió KCNA–. Si continúan, se encontrarán con represalias que serán mil veces más poderosas.” Corea del Norte había aceptado el domingo empezar discusiones con el Alto Mando de las Naciones Unidas (UNC) en el pueblo de Panmunjom, en la zona desmilitarizada. Las negociaciones empezaron el lunes, horas antes del incidente marítimo, pero, según un vocero del UNC, “las partes no pudieron alcanzar un acuerdo para reducir la tensión en el Mar Amarillo”.
Estados Unidos responsabilizó a Corea del Norte por boicotear la política de acercamiento acordada por Corea del Sur, Estados Unidos y Japón. “Nos pondremos en contacto con el gobierno de Corea del Norte para decirle claramente que debe permanecer al norte de la línea limítrofe”, sentenció el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional norteamericano, Mike Hammer. El Pentágono decidió no elevar todavía el grado de alerta de las tropas estadounidenses estacionadas en la península, pero aclaró que “nuestro grado de alerta siempre es elevado”.

 

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