Opinion
Por Mario Wainfeld La doctrina fue
sentada por el técnico de Boca Juniors Carlos Bianchi... a él le dio buenos resultados:
no hay que apurarse a cantar victoria aunque todo indique que el campeonato ya está en el
bolsillo. Es preferible esperar, ser y ostentar ser modesto, flemático y
revolear las camisetas recién cuando se esté dando la vuelta olímpica. La doctrina
Bianchi hace escuela. Las más importantes encuestadoras coinciden en otorgar al candidato
presidencial de la Alianza una ventaja enorme y creciente sobre el paladín del peronismo
Eduardo Duhalde (ver págs. 14 y 15) pero Fernando de la Rúa y la plana mayor de la
oposición ponen cara de agua y evitan mensajes triunfalistas que agiten las aguas en las
que hacen la plancha con sostenido éxito. Esa sagacidad apuntala la imagen de De la Rúa
y por añadidura obtura que florezcan vocingleras disputas por el poder aún no alcanzado.
Lo que no consigue impedir es que cada dirigente de la Alianza, cualquiera sea su rango,
vaya imaginando escenarios para el 25 de octubre, vaya maquinando y garantizando con
acciones concretas su lugar en ese nuevo mundo. El escenario más usual, el que
proyectan las encuestas realmente existentes, en las que guste o no casi todos los actores
creen, tiene estos ingredientes: u De la Rúa puede sacar más votos y mayor diferencia
sobre el PJ que los que obtuvo Raúl Alfonsín en 1983. Si llega lo hará debiendo
poco a su partido, del que fue un candidato no deseado.u El PJ corre el riesgo de
hacer su peor elección presidencial, por debajo de lo que consiguió Italo Luder en igual
ocasión.u La UCR llegaría al poder encabezando una coalición política. Sería la
primera vez porque su tradición fue competir en total soledad sin permitirse siquiera
encabezar frentes electorales.u El escenario institucional sería intrincado y bien
desproporcionado al resultado electoral. El PJ gobernaría la inmensa mayoría de las
provincias (más que en 1983). Amén de que, y esto no puede variar, por dos años,
controlará el Senado con mayor holgura que en tiempos de Alfonsín.u La Alianza tendría
mayoría en Diputados, sumando los legisladores de la UCR y los alrededor de 30 que
tendría el Frepaso. Domingo Cavallo, que va camino de liderar un bloque de 8 a 12
diputados, sería un interlocutor importante a la hora de buscar quórum y mayorías
contingentes.O sea, una coalición nueva con fuerte aval electoral y poco poder en el
Congreso y las provincias llegará a la Rosada liderada por un presidenteno carismático y
de perfil bajo... que el 25 de octubre se levantará y -si las encuestas no fallan
verá en el espejo a un hombre que juntó tantos (o más) votos que Alfonsín, que Carlos
Menem en 1989 y 1995, que Cámpora en el 73, que Perón en 1946 y 1952. Habrá que
ver cómo procesa personal y políticamente tamaño aval.Si la anunciada victoria virtual
se concreta, el mismo 25 de octubre ese hombre comenzará a construir, a redondear o a
blanquear el esquema de poder del primer año de su gobierno, lapso en que él y la
Alianza juegan buena parte de su destino futuro. Un puñado de meses para calmar a los
mercados, dar señales de cambio a la sociedad, aprovechar la tregua que dará un
peronismo ocupado en lamer sus heridas y rearmarse. Y para prepararse para el 2001, un
año electoral de inédita importancia, ya que no sólo se renovará la mitad de la
Cámara de Diputados, también la totalidad del Senado nacional. Setenta y dos bancas en
juego, una oportunidad única para desmontar el oligopolio dominante que tiene desde 1983
el PJ en la Cámara alta.Un año a cara o ceca ¿Qué hará? De la Rúa no suelta prenda
en público, lo que no impide cien conjeturas sobre su futuro Gabinete. Hay dos
integrantes que aparecen en la mayoría de los pronósticos: Rodolfo Terragno para la
jefatura de Gabinete y José Luis Machinea para el Ministerio de Economía. Los dos
ministeriables son representativos de un consenso medio en la Alianza y con prestigio
entre sus pares. Todo indica que llegarán a jurar. Pero ni ellos ni, menos aún, los
cuadros que consiga colar el Frepaso en áreas como Educación (¿Juan Carlos Tedesco?
¿Adriana Puiggrós?) o Acción social alcanzarán a cubrir una necesidad de De la Rúa:
tener gente propia, de su mesa chica, a la hora de decidir. Dos figuras conspicuas de ese
rango son los economistas Ricardo López Murphy y Fernando de Santibáñez. Ambos
acompañan al candidato desde la restauración democrática (Santibáñez, un amigo
personal le presentó por entonces a López Murphy). Por entonces casi todo el radicalismo
se enrolaba tras Alfonsín que apabulló a De la Rúa en la interna. Esas lealtades de la
primera hora, no se olvidan cuando los ases de la baraja cambian de mano. Santibáñez y
López Murphy añaden un atractivo adicional: son los favoritos de los
mercados, sea para ocupar Economía o para desguazarle un Ministerio de
Hacienda que sea directo interlocutor de los organismos internacionales de crédito.Hay
otro desguace en danza para recortar Economía no en pro de los mercados sino de la
maquinaria radical: separarle áreas de Obras Públicas o de Transporte, resortes que
manejan dinero, designaciones, y ponerla en manos de otro aliado de Fernando:
Nicolás Gallo. Desde luego, esa movida chirría con la de un Ministerio de Hacienda que
cierre grifos de gasto: atiende a otros intereses y lógica. Ya hay un precedente de ese
cortocircuito: el choque que tuvieron aunque ellos porfíen en negarlo Gallo y
otro delarruista de ley, el economista Adalberto Rodríguez Giavarini en el Gobierno de la
Ciudad, que impulsó la renuncia de Giavarini, a quien De la Rúa sigue estimando al punto
que maquinan muchos lo nombraría canciller.Machinea, obviamente, no ve con
agrado ninguno de los dos recortes. Todo indica, que bien o mal, deglutiría la creación
de Hacienda pero que lo de Obras Públicas sería para él un casus belli que podría
llevarlo a renunciar antes de asumir. Sopesando eso en las tiendas del Jefe de gobierno se
piensa que la Secretaría General de la Presidencia, el bulín de Alberto Kohan, sería un
lugar amigable para que De la Rúa pudiera conservar cerca a Gallo. El Ministerio del
Interior, sin duda reservado a algún hiperconfiable, es hasta ahora un enigma. El primer
nombre que suena es el del diputado Rafael Pascual, jefe de campaña de De la Rúa y uno
de los pocos punteros que lo escoltan desde la primera hora. Pero Pascual es también
funcional para un sitial que De la Rúa tiene que atornillar muy bien: la presidencia de
la Cámara de Diputados. También la ansía Federico Storani, que viene moviendo cielo y
tierra para asegurarse los apoyos necesarios. Varias diferencias median entre los dos
aspirantes (cuyo odio recíproco es inconmensurable) estilos, discurso, alianzas...
seguramente la mayor es su relación con De la Rúa. La de Fredi es distante, no existen
confianzas ni empatías entre ambos: siempre militaron en líneas opuestas (salvo una
breve tregua en que los unió, antes que el amor el espanto al Pacto de Olivos) y ése es
su mayor lastre. Si De la Rúa quiere tropa propia al frente de Diputados habrá fumata
blanca para Rafa Pascual y vacancia para Interior. Algunos corrillos mencionan a dos
moderados: el constitucionalista Jorge Vanossi y el diputado Juan Manuel Casella, que
comparten buena imagen y fama de confiables pero que no son del palo del candidato... el
casillero parece permanecer vacío. Final abiertoTodos se mueven lentamente, nadie
presiona muy a fondo a De la Rúa. Los frepasistas, con Carlos Chacho Alvarez
a la cabeza, piensan que no es ésta su hora y siguen apostando a consolidar su relación
con un candidato desapegado de sus correligionarios. Esa es, por lo menos, su táctica de
campaña. Chacho jerarquiza la actitud: asegura que es su estrategia de consolidación de
la Alianza.Por si llueve, los frepasistas cuentan sus porotos: los diputados que el
gobierno necesitará y los ejecutivos que le darán un espacio inédito. Esperan ganar la
provincia de Buenos Aires y varias intendencias populosas del conurbano bonaerense y desde
ahí ensayar el sutil arte de diferenciarse de su aliado.Las jugadas son silentes, poco
ruido se oye aún tras los muros. En ese marco se desliza con naturalidad Enrique
Nosiglia, uno de los pocos dirigentes nacionales radicales que a diferencia, por
ejemplo, de Fredi Storani, que privilegió sus espacios trabaja a full con De la
Rúa y con el candidato a vicegobernador bonaerense Melchor Posse. Les acerca contactos,
dialoga con empresarios, dirigentes sindicales, se reúne una vez a la semana con el
ministro del Interior Carlos Corach y dicen las malas lenguas (que a menudo exhalan
verdades) que fue el armador del Chupetemóvil. Coti tiene un par de contras para aspirar
a un cargo. La esencial: De la Rúa es renuente a llenar ninguna grilla con funcionarios
que trabajaron con Alfonsín. La otra: su imagen pública evoca a un estilo político
contradictorio con el que propone la Alianza. Pero cuenta con dos ventajas: conoce los
resortes del poder y se jugó a fondo en la campaña.Todo indica que un presidente escaso
de políticos importantes en su entorno, le reservaría un sitio importante pero podría
ser, es aún un misterio. En realidad, todo lo es, porque la victoria que los
émulos de Bianchi no festejan pero descuentan no se ha producido aún. Y de
producirse, porque nadie sabe cómo reaccionará un hombre desconfiado, bastante
solitario, minoritario en su propio partido si como auguran los sondeos es
catapultado al gobierno por una mayoría con pocos precedentes, en un marco institucional
tan novedoso e inédito como la coalición que habrá qué ver cuánto y cómo
llegará con él a la Rosada.
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