Por Hilda Cabrera Arsa y toma es
expresión que sirve de aliento al que baila, canta o interpreta. Es como decir que una
postura es buena de verdad y rematar el halago con arsa, ele,
ajú. Expresiones todas de jaleo que entienden los que saben y animan a las
bailaoras que, dejándose caer sobre los tacones, acostumbran cantar el que sabe,
sabe... y toma, que toma y que toma. Arsa y toma es también el nombre del
espectáculo que la bailarina y coreógrafa Cristina Hoyos presentará el viernes y el
sábado próximos en el Teatro Gran Rex. Esta sevillana famosa decidió en 1989 crear su
propia compañía con el mismo ímpetu que se le conocía de antes, cuando a partir de
1969 se convirtió en la partenaire artística del bailarín Antonio Gades. De ahí su
protagónico en Bodas de sangre, de 1974. Este trabajo conjunto se interrumpió en el
75, cuando se disolvió la compañía. Pero crearon otra en 1978, iniciando una
carrera en el cine junto al realizador Carlos Saura. La primera película fue Bodas de
sangre. Comenzaron las giras y los protagónicos en el teatro y el cine (Carmen, El amor
brujo).En televisión, Hoyos interpretó diversos papeles, entre otros el de la madre de
Pablo Picasso en una serie de 1988 sobre el escritor Ernest Hemingway. En cine, se la vio
en Montoyas y Tarantos, en 1989, año en que se presenta con su compañía en París. Arsa
y toma fue estrenado en Avignon en 1996 y llevado luego en gira por varias ciudades
francesas y españolas. El flamenco arranca en su espectáculo de un tiempo de exagerado
folklorismo, los años 50 y 60, cuando los turistas vibraban provistos de una botella de
fino ante la apostura andaluza, y las soleares y bulerías. La coreografía total del
espectáculo es de la misma Hoyos y Manolo Marín. La dirección artística, de la
bailarina y el catalán Ramón Oller (coreógrafo del kitsh y del humor), y el
vestuario, del diseñador francés Christian Lacroix. La siguiente es una entrevista
telefónica que concedió a Página/12.¿Por qué su espectáculo parte de la
década del 60? Era la época en que yo empezaba a bailar y había un flamenco tipo
spanishow, para atraer al turismo. Era un poco ligero. Ironizamos sobre eso, pero sobre la
forma, porque nuestra intención no es hacer una parodia. Usaban vestidos de colores
fuertes con flores muy grandes. No sabían bailar, pero querían mostrar que en España
todo el mundo cantaba y bailaba. Eran momentos duros. Había grandes ballets que lo
hacían muy bien, pero trabajaban en el extranjero. ¿Cómo era el flamenco
anterior?Antes de la Guerra Civil había artistas muy buenos...Eran los
tiempos de Antonia Mercé...Una cantante maravillosa... Era la época en que
triunfaban los grandes artistas españoles, porque, aunque a Antonia la llamaran La
Argentina y a Encarnación López, La Argentinita (cuyo legado pasó a manos de su hermana
Pilar López, con quien se formó Antonio Gades), sus padres eran españoles. Antonio Ruiz
Soler modificó las coreografías... De esa épo-ca eran Rosario, Vicente
Escudero.¿Y qué pasa hoy?Todavía hay gente que piensa que el flamenco es
ligero, todo sonrisa y colorido. Para mí tiene de todo, y también una parte seria,
trágica, sobria. No es todo arsa y olé.¿Cuál es el papel de la mujer
en el flamenco?Tiene su sitio, y grandes bailaoras que tuvieron su propia
compañía. Creo que ha estado bastante considerada, pero esto tiene sus épocas. De
pronto la estrella es un bailaor.¿Qué opina de la renovación?Una no se
puede estancar, pero los cambios deben ser hechos con calidad. No olvidar que el flamenco
tiene su raíz en Andalucía, que nuestro zapateado no es igual a otro ni bailamos a lo
Ginger Rogers. He tratado de no quedarme atrás, pero buscando siempre identificarme con
nuestro lenguaje. Esto no quiere decir que deba salir siempre con un vestido de lunares.
¿De dónde proviene la queja andaluza?El flamenco es un arte de origen
impreciso, pero nacido de las clases pobres, de los marginados, de situaciones de
esclavitud, incluso. De todo eso ha nacido el quejío. Pero Andalucía tiene unos
contrastes maravillosos: momentos tristísimos y otros para llorar de alegría. Si hay
quejío es porque hay tragedia, muerte... ¿Ha habido más innovaciones en el baile
que en el cante? El cante avanzó muchísimo con Camarón de la Isla (quien a su vez
realizó homenajes a El Chaqueta y La Perla de Cádiz). Nosotros le llamamos
rancio, porque cantaba como los antiguos, pero no por eso dejaba de introducir
cosas nuevas. Creó un estilo. En la interpretación de la guitarra se produjeron mayores
cambios. La evolución es grandísima con Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar... Y en el
baile, tenemos a Gades, que estilizó el flamenco y lo dignificó aún más de lo que
estaba. ¿Qué diferencias hay entre su trabajo y el de Antonio Gades?Después
de trabajar veinte años junto a él, me han quedado reflejos. Con él aprendí las luces
y conseguí que mis espectáculos tuvieran equilibrio. A diferencia de él, no llevo
argumento. Gades, en cambio, busca historias, como en sus ballets Carmen y Fuenteovejuna.
En mi compañía no represento otro papel que no sea el mío. Soy siempre yo, con mi bata
de cola, mi vestido, y bailando lo que me apetece. En Arsa y toma no contamos historias de
personajes sino de una época. ¿Qué significó para usted trabajar con Carlos
Saura?El cine da popularidad, y alegrías. Fue una experiencia muy interesante, pero
porque estaba Antonio Gades. Esas películas eran buenas por el aporte de la compañía,
en la que me incluyo. Después, Saura ha hecho cosas que no tuvieron tanta
trascendencia.¿La familia andaluza sigue siendo importante para mantener vivo el
flamenco? Sí, porque el flamenco empieza como una forma de vida. Bailarlo es una
decisión de vida. Hay escuelas donde se enseña a los niños, y
manifestaciones con señoras mayores bailando. Después, se lleva al teatro, y
lo hacemos como queremos que sea, más allá de que la gente del pueblo cante, baile, y lo
haga muy bien.
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