Por Hilda Cabrera
Desde Córdoba
Una comparsa
fue el primer elemento de convocatoria en la Fiesta Nacional de Teatro, que se viene
desarrollando en Córdoba y finaliza el próximo sábado, reuniendo a elencos de casi todo
el país. Actores y murgueros, sin otra intención que la de convocar a los paseantes para
hacer juntos el camino, le pusieron color festivo a un día de cielo gris que en la noche
de la inauguración estalló en tormenta. Murgueros y zanquistas, tamborileros y
muñecos manipulados a varilla partieron de la plaza San Martín hacia el Teatro Real,
cuya entrada cubierta con papeles de colores lo convirtieron en insólito embalaje.
Rasgados desde afuera por un grupo de actores, los papeles cayeron ante el embate de la
mascarada que se encontraba adentro. Tras la simbólica liberación, se
unieron al cortejo. Participaban, entre otros grupos locales, el María Castaña, Danza
Viva y los estudiantes de la escuela Roberto Arlt. El objetivo era nutrir la columna que
al compás de los bombos debía llegar hasta el centenario Teatro del Libertador San
Martín, elegido para la apertura de la muestra. Una vez adentro, la presentación de
autoridades fue breve. No hubo discursos de parte del actor Lito Cruz director del
Instituto Nacional del Teatro (INT), organizador del encuentro ni de Pablo Canedo,
presidente de la Agencia Cultural Córdoba, integrada por funcionarios (entre ellos, los
directores de los teatros Real y Del Libertador) para impulsar proyectos culturales con el
aporte de empresas privadas. El secretario del INT, César Carducci, principal coordinador
de este evento, tampoco se desvivió por hablar. Anunció, en cambio, la puesta en marcha
de un primer encuentro de directores teatrales en Capilla del Monte, los días 7 y 8 de
noviembre. Por su lado, Cruz quiso elogiar de entrada al premiado Eugenio Zanetti, el
destacado escenógrafo cordobés que reside en Los Angeles y había prometido realizar un
seminario en la muestra. El funcionario aclaró que no vendría por complicaciones de
trabajo, pero que allí, en un palco, se encontraba la madre de Zanetti. Eugenio
tiene su corazón en Córdoba, dijo Cruz, quien, más tarde, en un aparte con
Página/12, se refirió a su gestión y a sus expectativas respecto del INT. Desde el
escenario se permitió recordar a todos que hoy existe una ley nacional para la actividad
escénica, conseguida después de setenta años de lucha y de tanto corazón puesto
en el teatro. A la demostración callejera le siguió el teatro de sala, donde la
Fiesta comenzó a mostrar fortalezas y debilidades. Fue en el escenario de la Sala Del
Libertador donde tomó cuerpo la primera entrega: una versión del Ricardo III, de William
Shakespeare, realizada por el Teatro Universitario de Santiago del Estero. Metamorfoseando
personaje y lenguaje, el TUNSE intentó hacer un retrato, medio en broma y medio en serio,
del poder autoritario (y quizá del efecto paralizante que produce). Una particularidad de
este grupo que en esta puesta mostró baches interpretativos es dar cuenta de
una problemática. Conformado en 1980 bajo la dirección de Jorge Hacker, y dirigido hoy
por Rafael Nofal, es un habitué en las Fiestas. En la edición de 1996, el TUNSE
presentó un trabajo que lo distinguió. Se trataba del montaje de la testimonial El
santiagueñazo, del historiador Raúl Dargoltz. En cuanto a Agosto, la segunda propuesta
del encuentro a cargo de la Comedia Municipal de Catamarca, en ella el tema central es el
de la marginación. El texto de Sergio Ramírez mezcla, con buenas dosis de ingenuidad y
maniqueísmo, a personajes de una villa (como Angela, interpretada por una dúctil María
Pessacq) con un militar, un cura progresista, una estudiante de sociología en crisis con
sus padres burgueses y una arpía que se desmorona. Sorteando las incertidumbres que
generaban las malas condiciones climáticas (el diluvio del viernes produjo una apreciable
merma de públicoen la segunda función), la Fiesta (no competitiva) fue tomando carácter
hacia el fin de semana. La grilla se completó con seis obras: Inferno (por los
sanjuaninos del Círculo de Tiza Teatro, que dirige Juan Carlos Carta) en versión libre
de una historieta sobre una breve supervivencia posnuclear, Cuando sopla el viento, del
inglés Raymond Briggs. Allí, dos ancianos intentan sobrevivir a un bombardeo. En esa
circunstancia, lo cotidiano adquiere formas feroces y produce tantos estragos como la
radiación. Entre los últimos trabajos de este grupo figura Metamorfosis (Premio Teatrina
98). Una pieza del prolífico Bernardo Cappa, Pradera en flor, por el grupo Humo
Negro, representó a Neuquén. Los riojanos de Amalalú, dirigidos por Daniel Vitale,
mostraron La casa (inspirada en La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca).
Eclipse, una reflexión sobre los afectos, de Beatriz Mosquera, fue la apuesta de los
cordobeses de El Taller, conducidos por Carlos Yarán. Le siguieron Nocturno hindú, obra
experimental basada en pasajes de la novela homónima de Antonio Tabucchi, por la
Compañía Agnóstica (la elegida de Capital) que conduce Gabriela Izcovich (también
actriz); y El beso, sobre la novela El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, por
Actores Unidos del Chaco. Hoy se verán 008 se va con la Murga, por los pampeanos Uñaiche
Auka; Aura, con Del Tablón de Chubut; y Una carretilla de música, de Zito Lema, por los
correntinos de Raíces. El precio de la entrada es de un peso para todos los
espectáculos, lo que permite en principio una base amplia de público. Se diagramó
además la presentación de siete obras en otras tantas ciudades cordobesas. La elogiada
Nocturno hindú se verá hoy en el Teatrillo Municipal de San Francisco.
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