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Después de ocho años como jefe del Ejército,
Martín Balza pasó a retiro. Se lamentó de no tener información sobre los
desaparecidos. |
Por Nora Veiras ![]()
"El llanto militar corrió en diluvio", dice un verso de Quevedo y ayer pareció una realidad en la ceremonia castrense. A Balza en más de una ocasión se le quebró la voz, y los fotógrafos y camarógrafos corrieron al ritmo de la entonación que anticipaba las lágrimas. Después de reivindicar "la transformación" del Ejército, la subordinación al poder civil, la vigencia del servicio militar voluntario, la incorporación de las mujeres a la fuerza --"en el 2035, una mujer podrá ser la jefa del Ejército", calculó-- y la participación en las misiones de paz en cuatro continentes, Balza dedicó un tercio de su extenso discurso a revisar la represión ilegal, aunque siempre circunscribiendo la actuación a "la impunidad de algunos, muy pocos, que apartándose de las leyes cometieron actos repudiables y comprometieron la imagen institucional". Profundizando lo que dijo en abril del '95, en su primera revisión del pasado, Balza dijo que "es cierto que cumplimos órdenes de un gobierno constitucional, pero sólo lo hicimos hasta el 24 de marzo de 1976, a partir de esa fecha perdimos la legitimidad que proporciona el Estado de derecho en su monopolio del uso de la fuerza. Es cierto que se había ordenado 'aniquilar la subversión', pero como profesionales sabemos que el concepto aniquilar se refiere a 'quebrar la capacidad de lucha del enemigo', y que el aniquilamiento puede ser 'físico', pero en la mayoría de los casos es 'moral'. La historia militar es abundante en ejemplos de lo que expreso. Yo participé de una guerra y estoy aquí, hablándoles". Ante los rostros inmutables de los cientos de oficiales formados en la Plaza de Armas, Balza abundó en que "en aquel entonces no se habló de 'guerra' sino de 'lucha contra bandas de delincuentes subversivos', lo cual era una realidad, pero como soldados sabemos que el combate debe regirse por lo establecido y aceptado en la Convención de Ginebra. En una lucha o en una guerra, la figura del desaparecido es la excepción, nunca la norma; reconozcamos con humildad que faltó atreverse al juzgamiento legal del oponente y a la aplicación, de ser necesario, de las máximas condenas. Hago propias las palabras de Hannah Arendt (sic): 'No puedo cambiar lo que pasó. Para el pasado sólo tengo perdón, que no es olvido; y para el futuro, la promesa de que no volverá a ocurrir'". Por última vez ante la tropa, Balza se quejó por "la mortificante sombra de sospecha" que envuelve a la fuerza por el tráfico de armas y reiteró que "el Ejército no participó de ninguna operación de venta legal o ilegal de armas". El lunes próximo, ya como general retirado, Balza va a reiterar el argumento en su declaración indagatoria ante el juez Jorge Urso.
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