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�El pop existe cuando hay plata, el rock cuando no�

 

Luego de tocar con estrellas como Fito Páez y Soda Stereo, Tweety González y Alina Gandini formaron Acida, un dúo electrónico que editará su primer disco producido por el británico Chris Allison.

 

Por Cristian Vitale

La computadora ocupa un lugar central en la casa que Alina Gandini y Fabián “Tweety” González tienen en Villa Ortúzar. Todo, objetos y personas, perecen girar en torno a ella. No es un dato trivial: las climáticas canciones de Acida –la banda de ambos– llegaron al productor inglés Chris Allison –el mismo que produjo a Plastilina Mosh, Coldplay y The Beta Band–, porque éste las escuchó en un site y, vía mail, les propuso grabar para su flamante sello Sombrero Recordings. Apenas con un año de vida como grupo, Alina y Tweety ya tienen la oportunidad de grabar su ópera prima, con un productor de lujo. “Lo primero que preguntó fue si teníamos sello, estaba interesado en charlar. Mail va mail viene, teléfono va teléfono viene, firmamos contrato”, cuenta Tweety.
Acida se formó en 1999, pero Alina y Tweety eran pareja desde que integraban el grupo de Fito Páez en tiempos de Circo Beat (1994). Estuvieron cinco años para decidirse y formar el dúo. La primera aparición fue en el homenaje latino a The Cure, del que participaron con “Apart”. Después vino un ciclo de recitales en el bar Comodor y, casi por sorpresa, la convocatoria de Allison. La música de Acida puede calificarse como trip hop, con variantes electrónicas ceratianas. Pero ellos niegan cualquier categorización. “Nuestra música es un cóctel”, sintetiza Alina, hija de Gerardo Gandini.
–¿Hubo algún cuestionamiento artístico por parte de Allison?
T: Al contrario, nos incentiva a que hagamos muchas canciones más en esta línea. Es muy abierto con nuestra música.
A: El va a mezclar el disco, pero no tiene demasiada injerencia artística. Además, no es un disco que necesite mucho estudio.
–¿Cómo se sienten trabajando y siendo pareja?
A: Vivir en la misma casa hace que el trabajo sea fácil y difícil a la vez. Es cómodo porque Tweety está siempre disponible, podemos laburar en cualquier momento del día. Pero la relación íntima y endogámica a veces nos juega en contra. Por eso nos vino bien que se meta en el proyecto alguien que no duerme conmigo.
T: Convivir nos favorece, porque el método de trabajo que usamos es muy raro. Empezamos por los arreglos, siempre al revés que todo el mundo. Atmósferas, climas, grooves, cosas que hacen mover el pie, cuerdas. Y encima de toda esa limitación hacemos las canciones.
–¿Por qué decidieron encarar un proyecto luego de convivir varios años?
A: Surgió naturalmente, después de mucho tiempo de escuchar música juntos.
T: Cuando nos conocimos, ella no tenía ningún approach con la tecnología. Cosa que fue cambiando con el tiempo. Hoy, los dos podemos componer canciones así. Tuvo que ocurrir todo un proceso antes de empezar a trabajar en común.
–¿Costó mucho la transmisión de todo ese background tecnológico?
A: Es que no fue una enseñanza, sino más bien un proceso natural. Cuando yo estaba con Masliah les tenía rechazo a las computadoras. No quería saber nada, básicamente por ignorancia. Pero Tweety me metió en ese mundo.
–No era un rechazo ideológico...
A: No. Los grupos de rock que rechazan la tecnología es por ignorancia. No se puede negar una herramienta para hacer música.
Alina Gandini arrancó tocando teclados y cantando en el grupo de Leo Masliah. Duró cinco años. También fue parte del grupo femenino Las 72 Horas y de la Tony Curtis Experience. Pero el hoy se lo debe a su trabajo junto a Páez: ingresó en la banda en 1994 y allí conoció a Tweety, que compartía los teclados desde Del 63 (1983). Lo de intermitente es porque, en 1989, Tweety se incorporó a Soda Stereo, banda con la que grabó tres discos, Canción Animal (1990), Dynamo (1992) y Sueño Stereo (1995).También fue productor de Illya Kuryaki, Bersuit Bergaravat, Man Ray, Santo Inocentes y Fabiana Cantilo, entre otros.
–¿Fito fue lo más importante en su carrera?
T: No, fue Soda, que me daba más libertad como músico. Y por lo que significa Soda en todo Latinoamérica, hay países en que se los respeta mucho más que acá. Con Fito, crecí en el terreno de la producción y elaboré técnicas que aún hoy sigo usando.
–¿Cuál fue el trabajo de producción que más le gustó hacer?
T: El de los Kuryaki, porque era mucha pila joven, muy divertida. Ellos estaban muy abiertos, la banda sonaba poderosa. La pasamos muy bien.
–¿En qué grupo le gustaría meter mano ahora?
T: Me encantaría hacer algo con Divididos. A Diego Arnedo no lo conozco, pero Mollo siempre tuvo la inquietud de sumar cosas nuevas a su música. Me acuerdo de la época en que Spinetta ensayaba en Castelar a fines de los ‘80: él venía con su guitarra Roland sintetizada, la misma que usaba con Sumo. Me gusta Mollo porque es clásico en todo, pero no pierde actualidad.
–Alina, ¿cómo fue su experiencia con Fito?
A: Tocar para un público grande es en principio muy excitante. Yo venía de tocar con Masliah para 100 personas y encontrarme con toda esa gente realmente me excitó. Pero trabajar para otro no me interesa demasiado.
–Influidos o no por ella, ¿qué música escuchan hoy?
A: A los dos nos influye el arte de Gustavo Cerati. Yo, personalmente, me siento identificada hasta el tuétano con Charly García... aunque no tengo ninguna gana de escuchar el disco de Sui Generis.
–¿Les interesa la música con contenido social?
A: No me interesa la rama social del rock. Yo hago arte, no soy peronista ni de Boca. Un artista serio tiene sólo como fin el arte.
T: Yo la respeto, pero puesta en contexto. Es muy fácil definirlo: el pop existe cuando hay plata y el rock, cuando no la hay. Cada música está determinada por un contexto social. Lo que me molestan son los fanatismos.
–¿Qué opinión tienen sobre el público de rock en general?
T: No sé si el público argentino es mejor que el de los ‘70 o los ‘80. Pero lo bueno de hoy es que no hay sólo un festival para todas las bandas, sino varios lugares definidos. Hay muchos públicos, pero no sé si más abiertos.

 

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