Una
�omisión�;
por algo será
Por Osvaldo Bayer
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En los últimos días,
mi nota del 20 de enero último, La Argentina en Nuremberg,
recibió ataques del periodista Pepe Eliaschev a quien contesté
en la edición del 9 de febrero y por parte de la funcionaria
del CELS María José Guembe. El primero no me sorprendió,
el segundo sí, ya que yo jamás entré en internas
de los organismos de Derechos Humanos. Me extrañó que alguien,
invocando la representación del CELS, tratara de descalificarme
sin ningún motivo. Primero, porque además de no entrar en
internas, siendo titular de la cátedra de Derechos Humanos de Filosofía
y Letras de la UBA, los viernes, titulada los foros, invité
a los representantes de todos los organismos a presentar sus puntos de
vista. En un de ellos estuvo el presidente del CELS, Dr. Mignone. Todos
ellos se sometieron a debates con los alumnos, muchos de ellos de alta
calidad, y otros de un dramatismo verdaderamente emocional.
La señora María José Guembe ataca mi nota diciendo
que olvidé poner que el juzgamiento de los autores de crímenes
de guerra aun por tribunales extranjeros fue logrado por la lucha de los
familiares de las víctimas. Es decir, me culpa de omisión.
Esta acusación si no fuera injusta podría calificarse de
ridícula: primero, porque ese detalle no era el tema de mi nota;
y segundo, reprocharme a mí ese aparente omisión es declarar
que no ha leído las notas de contratapa mías en Página/12,
en las cuales mi principal motivo fue explicar que fueron las Madres de
Plaza de Mayo quienes dieron el primer ejemplo ante el mundo de cómo
hay que luchar contra los verdugos. Pero no sólo ellas sino también,
desde sus puntos de vista, familiares y otros organismos del derechos
humanos que fueron denunciando el método perverso de represión
de los militares argentinos, la desaparición de personas. Desde
que inicié el exilio, en 1975, participé de todas las campañas
en el exterior para denunciar lo que ocurría en mi país
y cuando volví estuve siempre en la calle por los derechos humanos.
Ahora, acaba de ocurrir la campaña por el cumplimiento de las obligaciones
internacionales con motivo de los presos de La Tablada. Allí estuve
con integrantes de organismos de derechos humanos entrevistando a ministros
y a un sinfín de burócratas (a la señora María
José Guembe, tan principista ella, no la vi ni por asomo). Y acá
debo hacer un homenaje a los abogados de los organismos de DD.HH., a quienes
se menciona muy poco pero que son verdaderos héroes en la lucha
por la dignidad. Siempre humildes, siempre preparados para el consejo
y la defensa, verdaderos compañeros de los familiares desesperados.
Dice la funcionaria del CELS que me olvidé de la lucha de los familiares.
¿Cómo me voy a olvidar? Si quienes lograron tantos pasos
adelante en la lucha mundial por los Derechos Humanos fueron los que salieron
y lucharon en todas las calles del mundo. No fue ni el Vaticano, ni la
Casa Blanca ni la Unión Internacional de Bancos. No, fueron los
familiares de las víctimas, con los sacrificados organismos de
DD.HH., y gente de pueblo como es el caso de nuestro querido Justo
Medina, quien acaba de morir, hombre de villa de emergencia, que jamás
faltó a la citade la dignidad, y que por eso sembraremos con sus
cenizas la Plaza de Mayo, verdadero símbolo, los premios
Nobel de la Paz, y también los intelectuales comprometidos.
La Coordinadora del CELS me reprocha no haber mencionado a los familiares
en mi nota. Con el mismo injusto razonamiento se me podría reprochar
que no lo nombre a Videla, ni a Massera, ni al turco Simón. Es
extraño el argumento, cuando no encuentra qué criticarme,
lo hace por una supuesta omisión. Con ese razonamiento se me podría
criticar que en esa nota no mencioné que mi tía Gisela cumplía
cien años (fíjense qué pecado). (¿Por qué
lo habré omitido? Por algo será).
Es una pena que la señora del CELS en vez de utilizar ese espacio
en censurar mi omisión no lo hubiera dedicado a publicar
la lista de todos los legisladores y ministros radicales que votaron las
absolutamente miserables leyes de obediencia debida y punto final. Allí
están los culpables, señora, y no en un humilde luchador
de los DD.HH.
Pero el error en que cae la señora del CELS es tomar el argumento
de Pepe Eliaschev de que los alemanes no tienen derecho a juzgar a Suárez
Mason ni a Durán Sáenz, desaparecedores de jóvenes
alemanes, porque los alemanes no juzgaron a nadie. La representante
del CELS transcribe la frase de Eliaschev pero ni siquiera intenta descalificarla.
Para terminar con esta ignorancia de Eliaschev y de la señora Guembe,
que no lo desmiente, voy a transcribir una noticia de los diarios alemanes
de ayer (esta es de la Frankfurter Rundschau): Dice: Stuttgart,
7.II. El Proceso en Ravensburg contra el SS Julius Viel, 82 años,
tal vez el último proceso contra criminales de guerra nazis, se
ha complicado en cuanto a la demostración de sus crímenes.
Además el tribunal por jurados tendrá que expedirse sobre
la capacidad del acusado de asistir al juicio, enfermo de cáncer,
quien rechaza todas las acusaciones. Al principio se esperaba ya el anuncio
del veredicto. Entre tanto, el proceso iniciado en noviembre
tendrá una duración mucho más larga. El acusado,
que después de terminada la guerra fue periodista en Stuttgart,
está acusado de en marzo de 1945 haber asesinado a
siete prisioneros judíos, por racismo e instintos sanguinarios.
A esos judíos se los obligada a construir trincheras contra tanques
en la ciudad checa de Leitmeritz.
Esto a 56 años de terminada la guerra. En nuestro país,
los asesinos hacen jogging delante de nuestras ventanas o son ascendidos
todos los años por el Senado de la Nación. En la biblioteca
de Dachau hay diez mil libros que se refieren a la persecución
de criminales de guerra nazis por parte de jueces de Alemania, desde 1948,
en que se constituyeron los dos Estados alemanes. Por favor, que Eliaschev
termine con la monserga de que no hubo juicios contra los criminales de
lesa humanidad nazis llevados a cabo por la misma justicia alemana. Y
que la señora María José Guembe no se conforme con
citar a Eliaschev en esa mentira sin siquiera señalar que esa aseveración
es falsa.
Para finalizar, ruego a la señora Guembe que no ataque a las personas
que están en la misma lucha. Es darle de comer al verdadero enemigo.
Claro, habrá que ver el motivo que tiene la señora Guembe
contra mí. Tal vez sea porque no saludé al presidente de
la Fundación Ford cuando estuvo por aquí. Reconozco que
a veces soy un poco mal educado.
REP
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