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DURISIMO CRUCE ENTRE COLOMBO Y CARRIO
No hay peor astilla que la del mismo palo

El jefe de Gabinete salió a cuestionar a la diputada, sugiriendo que especula con las denuncias. Carrió replicó mediante una carta pública en la que ironiza, entre otras cosas, acerca del reciente interés del Gobierno en el lavado de dinero.

Por Eduardo Tagliaferro

“Si tiene pruebas, sería muy importante que en vez de darlas a conocer el 2 de marzo, adelante su presentación.” El jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, enderezó sus cañones a la diputada Elisa Carrió. La díscola dirigente de la Alianza había alertado al Gobierno que a partir de esa fecha daría a conocer nombres de reconocidos personajes, sospechados de haber intervenido en maniobras de lavado de dinero. Carrió le respondió con similar dureza: “La cuestión está siendo investigada en un Subcomité de los Estados Unidos, institución seria que no revela información hasta el informe final que, en los casos argentinos, dará a luz el 28 de febrero próximo”. Primer round.
La legisladora, que recientemente había denunciado que sus teléfonos estaban siendo “pinchados” por el Gobierno, no ahorra ironía en su carta pública de respuesta a Colombo. Comienza por recordarle el número de la causa y la carátula del expediente que se tramita en el juzgado de Gustavo Literas contra el banquero Raúl Moneta. En ese punto, Carrió dice al funcionario que “información remitida por el BCRA permitió detectar que el Banco República no tenía normas antilavado, poseía numerosas operaciones sospechosas de lavado de dinero (Banco República, Federal Bank, Citibank Nueva York), así como también numerosas violaciones a disposiciones del Banco Central de préstamos cruzados de empresas autovinculadas”. La diputada chaqueña añade que “siendo un conocedor del medio bancario y financiero”, tal vez conozca a las instituciones implicadas.
Carrió ironiza sobre el interés del Gobierno, lo describe como “el apetito de verdad que de repente se apoderó de distintas autoridades públicas”. Colombo la desafió a presentar pruebas, si es que las tenía, la diputada chaqueña invierte los términos y sugiere que el Gobierno tiene una serie de resortes de poder que le permitirían, de tener la voluntad política de hacerlo, avanzar mucho más en las investigaciones de lavado de dinero. “Como sé de su reciente voluntad de investigar este tipo de cuestiones, si yo pude conseguir información siendo simplemente una diputada nacional, estoy segura de que usted, como jefe del Gabinete nacional, tanto del juzgado como a través del confirmado Pedro Pou, podrá obtener toda la información necesaria”, dice Carrió.
El martes pasado, el gabinete había llegado a la conclusión de que el costo de mantener a Pou en su cargo era mayor que el de impulsar su “paso al costado”. La intención era hacerlo previa negociación con el funcionario, sin estrépito y teniendo claro quién lo reemplazaría. En el Gobierno, hipersensible a la opinión de los llamados “mercados”, se buscaba que la medida tuviera el “menor costo posible”. El temor del Gobierno, tal como lo manifestó a este diario un funcionario cercano al Presidente, “era que el intento de desplazar a Pou recreara la situación previa al blindaje”. La difusión de la estrategia oficial y la fuerte embestida de Carrió exasperaron a los hombres del Presidente. Y los indujeron a pisar el freno.
Aunque aclaró que “las investigaciones no dañan a los mercados”, Colombo reivindicó “la autonomía del Central” y la necesidad de “llegar a la verdad”. Cuando hablan de su temor en volver a una situación “preblindaje”, los funcionarios temen verse envueltos en eternas declaraciones en las que se respalde la Convertibilidad y vuelvan a negar la posibilidad de la dolarización. En este esquema, Colombo ratificó ayer a Pou, a la “Convertibilidad” y a “la política monetaria”. Calificó a las últimas denuncias de lavado de dinero como “acusaciones cruzadas”, para las que reclamó “investigaciones serias”.
Cuando surgió el primer informe del Senado norteamericano, el Gobierno se manifestó tranquilo. Actitud fundada en que la mayoría de las denuncias se refieren al entorno del menemismo o a la falta de controles del gobierno de Carlos Menem. Con el correr de los días, dos temores rondaron los pasillos de la Casa Rosada: por un lado, el riesgo de que las denuncias produjeran la reacción de los miembros del denominadoestablishment financiero, con el consiguiente deterioro de la de por sí alicaída expectativa económica. Del otro temor dio cuenta De la Rúa: “No se puede hacer creer que la Argentina es un paraíso del lavado de dinero”, dijo ayer antes de embarcarse rumbo a Tucumán (ver aparte).
En la reunión del denominado Grupo de Trabajo de la Alianza, se había acordado en que la destitución debía ser inobjetable judicialmente. En concordancia con esto, Colombo señaló ayer que “hay que hacer las cosas como marca la ley”.
Hoy por hoy parece complejo el objetivo pautado en la reunión de gabinete: desplazar a Pou, minimizando los “costos políticos”. Como ocurrió con otro menemista, Carlos Silvani, y un delarruista, Fernando de Santibañes, el Gobierno afronta el conflicto de un funcionario mimado por los mercados y desacreditado públicamente. Los otros dos casos terminaron, tras procesos exasperantemente lentos, en renuncias. En éste, se abren las apuestas.

 

No nos une el amor

“No se trata de querer o no querer a una persona sino del buen funcionamiento institucional”, dijo el presidente Fernando de la Rúa en respaldo a la continuidad de Pedro Pou como titular del Banco Central. Luego de su encuentro con los titulares de la Asociación de Bancos Argentinos (ABA), y cuando la continuidad del banquero es una de las piedras con la que chocan distintos sectores internos de la Alianza, De la Rúa afirmó que “no hay ningún elemento concreto” que involucre a Pou en las maniobras de lavado de dinero.
Aunque minimizó las denuncias que cuestionan los laxos controles sobre la actividad bancaria, realizadas desde el Central, el Presidente no las desestimó totalmente, por eso reclamó que “quienes hacen denuncias o planteos arrimen hechos concretos”. Una de las preocupaciones de De la Rúa es que las investigaciones se producen “ahora que el país está creciendo”. Además del temor a la incierta situación preblindaje, el Presidente insistió en reivindicar “la autonomía del Central”.
Antes de embarcarse rumbo a Tucumán, negó que su posición obedezca a presiones del establishment financiero. A pesar de que importantes dirigentes de la Alianza reclaman la destitución de Pou, la ratificación del Presidente se dio con una frase que ya es un clásico en el diccionario presidencial: “El presidente del Banco Central sigue en funciones”.

 

VISITAS DE ALTO NIVEL Y ACUSACIONES CRUZADAS
Pou, Santibañes y una pelea

Por Susana Viau

La carta de Elisa Carrió (ver nota aparte) muestra, más por lo que insinúa que por lo que dice, que las relaciones con el jefe de Gabinete Chrystian Colombo han llegado al estadio de máxima tensión. ¿A qué apunta la diputada cuando lo remite, “como gran conocedor del medio bancario y financiero”, a las fojas 98/99 del expediente 100.115/99 del Banco Central? A operaciones cruzadas entre los bancos República, Mercantil y Macro que encubrían autopréstamos prohibidos por las disposiciones. El tiro de Carrió no es arbitrario: Chrystian Colombo fue gerente del Banco Macro. Mientras tanto, uno de los ejes del conflicto, el presidente del Central Pedro Pou, continúa recogiendo adhesiones. Si el sábado recibió la llamada inquieta de Carlos Menem, el jueves fue visitado en su despacho por el íntimo amigo de Fernando de la Rúa y ex jefe de la SIDE Fernando de Santibañes.
Las operaciones de préstamos cruzados que encubrían autopréstamos y violaban las normas del Banco Central habían sido observadas por los inspectores del propio BCRA, al menos en dos oportunidades: 1996 y 1998. No obstante, ni el directorio del Central ni la Superintendencia de Entidades Financieras alteraron su conducta habitual y, por lo tanto, no abrieron sumario alguno para investigar tales maniobras. El cruce de préstamos permitía eludir los límites puestos por la normativa a los préstamos que los bancos pueden otorgar a sus empresas vinculadas.
Según los inspectores, el Banco Macro le había dado créditos sin garantía a tres empresas de Raúl Moneta, propietario del Banco República: a República Compañía de Inversiones –la empresa de Moneta que construyó el Edificio República– por 2.881.000 pesos; a Cabaña Los Gatos (una finca del ex financista) por un 1.538.000 pesos y a Corporación de Los Andes por 506.000. Como contraprestación, el Banco República dio créditos al Banco Macro por 1.000.000 y a Agropecuaria Río Juramento (vinculada al Macro) por 2.401.000 pesos.
Aunque tal vez lo más importante de aquella inspección del 30 de diciembre de 1998 sea el la situación Camel 4 (inadecuada) en la que colocó al Banco República. El presidente del Banco Central Pedro Pou jamás notificó al República de esa calificación. De haberlo hecho, el banco de Moneta hubiera quedado impedido de otorgar ningún préstamo a sus vinculadas; se hubiera encontrado obligado a elevar la exigencia de capitales mínimos y, en consecuencia, habría visto trabada la posibilidad de aumentar el déficit que la entidad mostraba en el rubro “activos”.
Pedro Pou recordó la calificación Camel 4 adjudicada a los bancos de Moneta recién el año pasado, en su informe del año 1999 al Congreso. “Eso no significa necesariamente que las entidades con bajas calificaciones -matizó– deban ser reestructuradas, ya que una importante proporción de las entidades que merecieron calificaciones bajas mejoraron posteriormente su calificación”. En ese libro de 200 páginas, Pedro Pou y el directorio del BCRA, haciendo suyos los argumentos de Raúl Moneta, atribuyeron el hundimiento del Mendoza y el República a la fuga de depósitos producida por “la difusión de noticias periodísticas que pusieron en duda la solvencia de las entidades mencionadas”.

 

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