Socorriendo
a Malbrán
Por Rafael A. Bielsa
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El Instituto de Bacteriología,
Química y Vacuna Antivariólica fue fundado en 1904 año
en que se colocó la piedra basal del edificio que lo albergaría
por el profesor Carlos G. Malbrán. Nacido en Catamarca, había
estudiado durante 1888 en Munich, y con Koch en Berlín y en 1894,
la antitoxina diftérica con Behring en Berlín y con Roux
en París. El edificio, situado en avenida Vélez Sársfield
y Amancio Alcorta, fue inaugurado en 1916, cuando Alcorta se llamaba Camino
a Puente Alsina. Su pabellón principal, su torre de agua y su sala
de bombas acaban de ser declarados monumento nacional, y lugar histórico
al predio en su conjunto.
Todo fue concienzudamente pensado y documentado. El proyecto de edificio
se encargó al ingeniero Miguel Olmos y al arquitecto Jacques Dunant.
La obra fue financiada con estampillado de específicos; costó
3.743.415 pesos moneda nacional, excluyendo el valor del terreno. La ubicación
se decidió teniendo en cuenta la cercanía de los hospitales
de enfermedades infecciosas, que aportarían el material de estudio
ya que no existía lo que se conoce como cadena de frío.
Para dirigir el instituto se importó al Dr. Rodolfo
Kraus, quien era profesor de la Universidad de Viena. Cuando se comenzó
con el complejo, corría la segunda presidencia de Julio A. Roca
y el ministro del Interior era Joaquín V. González.
Mientras preparaba sueros, Malbrán vislumbró una entidad
que fuera capaz de dirigir e impulsar la cultura científica del
país, al tiempo que produjera vacunas y demás productos
biológicos destinados al diagnóstico, el tratamiento y la
profilaxis de las enfermedades infectocontagiosas. El 19 de junio de 1963,
la institución pasó a denominarse Instituto Nacional de
Microbiología Dr. Carlos Malbrán; hoy se llama Administración
Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS). Continúa
ubicada en el mismo lugar y la gente la conoce como el Malbrán.
Como sucede con la mayoría de las instituciones públicas
argentinas, el Malbrán es un compendio de lo sublime
y lo profano, del altruismo y el estrago; caminar por sus instalaciones
permite comprobarlo a simple vista. Cruzar un parterre equivale a pasar
de Kosovo al ultramoderno Hospital Mount Sinai de Estados Unidos; abrir
una puerta habilita a dejar atrás el polvo y el espanto para entrar
en una biosfera de trabajo y estudioso recogimiento.
En el Servicio de Virus Respiratorio se producen vacunas contra la gripe.
A lo largo de los últimos años, con infinitas paciencia
y entereza, el Servicio logró conformar un sistema nacional de
vigilancia de las cepas del virus de la gripe que circulan en el país.
La vigilancia implica recolectar muestras locales, cosa que se hace con
21 laboratorios distribuidos por todo el territorio nacional. Hasta el
año 98 se usaban las fórmulas vacunales del hemisferio
norte, tratándose de un virus que cambia muy rápidamente,
razón por la cual se estaba vacunando con demoras de adaptación
de la cepa de hasta 2 años. En junio del año pasado, la
Organización Mundial de la Salud produjo una reunión internacional
para elaborar normas de prevención en gripe; normalmente, a estas
reuniones asisten representantes del hemisferio norte. Por primera vez,
América latina tuvo presencia en el evento y la invitada fue una
profesional del Servicio.
A pocos metros de allí está el bioterio del Instituto, destinado
a proveer ratas, ratones y cobayos a los diferentes servicios para la
realización de pruebas que aseguren la calidad de los productos
biológicos de uso humano. No funcionan los extractores de aire;
las tomas de los cableados de electricidad están al aire; los techos
están deteriorados y, durante las canículas de enero, los
animales morían por el exceso detemperatura. En un depósito
recóndito se encontraron dos aparatos de aire acondicionado adquiridos
hace un lustro, embalados y sin uso.
En el mismo 1904 en que comenzó la construcción del edificio
declarado monumento histórico nacional, se llevó a cabo
el segundo censo comunal de la historia de la Ciudad de Buenos Aires.
Leerlo no sólo es estimulante desde el punto de vista literario;
también es frustrante comprobar cuántas cosas hoy en entredicho
entonces ya estaban perfectamente claras. Luego de una crítica
a los hospitales municipales, se anota: Esta verdad, que acaso resulte
áspera para el amor propio de aquellos que sólo conciben
el patriotismo como una perenne laudatoria hasta de los mismos defectos,
debe ser dicha francamente (...). La asistencia al menesteroso es un deber
social que no puede cohibirse por ningún pretexto de rotulación.
Y la verdadera beneficencia exige, antes que premiar actos elementales
calificados de virtudes, proporcionar una cama y un consuelo al infeliz
que de otra manera morirá en la calle o en cualquier sucio tugurio.
De tugurios pueden calificarse algunas de las oficinas donde trabaja el
Servicio que produce toxinas tetánicas, diftéricas y botulínicas.
Hace un lustro llegó la orden de producir toxina y toxoide botulínicos.
El problema residía en que los profesionales debían trabajar
con altísimas concentraciones de toxinas letales, razón
por la cual debían inmunizarse con suero protector. El Servicio
produjo toxina y toxoide botulínicos de tipo A, B, y E, como se
le había ordenado, y recién después de concluido
con éxito el trabajo... llegó el antídoto.
En el Malbrán trabajaron los doctores Bernardo Houssay y César
Milstein. En 1899, el profesor Carlos Malbrán fue comisionado por
el gobierno para combatir la epidemia de peste bubónica aparecida
en Paraguay; en abril de 1910 fue elegido Senador Nacional por Catamarca.
Ultimamente, lo fueron Julio Amoedo y Alicia Dentone de Saadi.
El Departamento de Vacunas y Sueros produce las vacunas antirrábicas
de uso humano y veterinario. El material resultante ha superado todos
los tests de calidad que realiza el Centro Nacional de Control de Calidad
de Biología, y con él se cubren las necesidades del país.
Sin embargo, las instalaciones no superarían un control de la Anmat,
que es el organismo estatal a cargo de supervisar la estructura edilicia,
la infraestructura, y el equipamiento. En otras palabras, por no disponer
una pequeña inversión que optimice las dependencias (circa
U$S 200.000), Argentina desdeña los mercados de Paraguay, Bolivia
y Brasil, donde podría exportar las vacunas.
Hoy Julio A. Roca y Joaquín V. González han contribuido
con sus patronímicos a que las calles tengan nombre. El profesor
Malbrán, a que una Administración de Institutos y Laboratorios
se llame como él. Los edificios pensados para producir son declarados
monumentos históricos. Marguerite Yourcenar reveló en qué
medida las reafirmaciones pomposas de un gran pasado en medio de la mediocridad
actual no son sino un modo enclenque de disimular la decadencia.
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