Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira
KIOSCO12


PILAR URBANO, BIOGRAFA DEL JUEZ GARZON
“El hace todo por su conciencia”

Después de dos años de investigación, esta periodista española publicó �El hombre que veía amanecer,� una cautivante biografía del juez Baltasar Garzón. El libro es un éxito editorial que despertó fuerte polémicas, recibió agresiones de políticos socialistas y dio a pie a un par de juicios contra autora y sujeto. En Madrid, Urbano contó a Página/12 cómo es el juez que logró encarcelar a Pinochet y al represor argentino Cavallo y cuáles son las fuentes de su pasión.

Página/12
en España

Por Eduardo Febbro
Desde Madrid

–¿Por qué un título tan romántico, Baltasar Garzón, el hombre que veía amanecer, para un personaje tan polémico e inflexible?
–Es un recuerdo, un homenaje a su padre. Los padres de Garzón eran labradores, agricultores y, cuando era pequeñito, el padre de Garzón le decía: “Baltasar, si quieres llegar a la cama de noche, cansado pero contento, tienes que haber visto amanecer”. Esa norma la tomó él siempre en su vida como una norma de trabajo, de esfuerzo, de tesón, de hacer rendir, cundir los días y las horas. Luego, en su vida como juez, es así. Es un hombre que ordena las entradas y registros, las detenciones y redadas de los criminales. Porque el criminal nunca duerme y suele actuar... al amanecer. Y él dice que tiene que detener a los narcotraficantes y a los terroristas cuando están en pijama. Por otra parte, el libro pone “veía el amanecer” y no “el hombre que ve” porque mientras yo estuve escribiendo el libro siempre tuve el pálpito de que un hombre tan amenazado podía morir y me podía quedar con un protagonista muerto. Quería entonces que no hubiese un compromiso de ponerlo en presente sino en presente histórico.
–¿Usted tiene la impresión de haber penetrado la vida de un juez o de un justiciero?
–No, Garzón no juzga sino que instruye las causas. La sala que aplica la sentencia es otra. El no puede aplicar la “venganza legal” contra un delincuente, porque él no le impone una sentencia, sólo le corresponde investigar el crimen y buscar todo el aparato probatorio. Pero, en lo que tiene de filosófico su pregunta, que quiere decir si él se siente un mesías, o sea un verdadero hombre que tiene que poner a un lado los buenos y a otro los malos y decir la última palabra sobre la verdad o la maldad de los hombres, no, estoy segura de que no. Garzón es un hombre que únicamente se mueve con dos imperativos y dos sometimientos: la ley y su conciencia. Si la ley le permite actuar y su conciencia le manda actuar, Garzón actúa y eso aunque no sea conveniente. El no se mueve nunca por la moral o la justicia de la conveniencia sino de la convicción. El tema de Chile, de Argentina, el tema del dispositivo Cóndor afecta a países con los que España tiene gran volumen de negocios, de créditos y de líneas comerciales. Y resulta molesto que haya un juez tocando esos temas, tanto como lo es que toque el tema de Berlusconi en Italia, que abra el tema del GAL, que es el terrorismo de Estado en torno del cual aquí en España hay muchas fuerzas interesadas en pasar la página. Pero aunque ésa sea la conveniencia Garzón actúa por convicción, investiga, actúa, busca la verdad, y la verdad es la imparcialidad, la entereza, la objetividad, es ver el amanecer para llegar hasta el fondo.
–En este contexto, y dada la multilateralidad de los intereses en juego, Garzón es mucho más especial que el juez del Mani Pulite en Italia.
–Si el delincuente está en las altas esferas o en la bóveda del poder, a él no le importa. Garzón no hace excepción de las personas. Persigue el delito sea quien sea y en el lugar donde se produzca. Garzón va a la internacionalización de la Justicia, a que no haya fronteras. En esto es punta de diamante, innovador.
–Supongo que lo que pasó con todo el caso ETA y con Pinochet le debe haber provocado una satisfacción muy íntima. En un caso tenía a todo el aparato en contra; en el otro, a la mitad del mundo.
–Yo no soy Garzón, pero puedo decirle que en el libro se nota que son temas de humanidad que lo golpean. Está el delito y la gran lección a la humanidad, que a él le golpea la conciencia. No puede quedarse frío ante esto, aunque otra cosa es que sea imparcial en la búsqueda de la prueba. Pero se trata de temas que golpean la conciencia del hombre Garzón, temasmuy complejos que llegan a sus manos, que no los quiere cualquiera debido a las numerosas diligencias que era preciso hacer. Imagínese, hubo que hacer que, a través de los consulados y las embajadas, las víctimas hicieran declaraciones y hasta que incluso salieran un poco del estupor, de la decepción de que ya habían tirado la toalla. Era difícil movilizar a las víctimas; muchas tenían la desesperanza de que se fuera a arreglar su tema; otras tenían miedo. Había que movilizar conciencias para que vinieran a declarar y contaran su caso. No era fácil.
–¿Qué sustenta el empeño que puso en los casos de Argentina y Chile?
–Con el tema de Argentina y de Chile a él no le interesaba hacer justicia aquí, no. A Garzón le interesaba la lanzadera, o sea, ser punta de lanza de modo que el tema rebotara, se revistiese a la nación matriz para que se hiciera justicia allá. El está satisfecho porque en Chile se juzga a Pinochet, aunque otra cosa es lo que están haciendo ahora con esto de cambiar el cargo de la acusación a encubridor... En opinión mía, no sé si es una estrategia, pero parece una burla. En cuanto a la Argentina, bueno, es él quien sigue el tema y fue él quien pidió a México la extradición de Cavallo. A mí me parece que la gran satisfacción que tuvo fue cuando la Audiencia Nacional en pleno resolvió que España tenía competencia jurídica para poder instruir los casos de Chile y Argentina. Aquí en España había una oposición política y fiscal muy fuerte a que Garzón, por lo tanto España, pidiera la extradición de Pinochet y se ocupara de perseguir a las juntas militares argentinas. A Garzón se le negaba la competencia jurídica con el argumento de que España no era competente. El propio Felipe González decía que eso era colonialismo. Para Garzón fue una satisfacción inmensa que se reconociera la realidad, la verdad, o sea que nosotros, por las convenciones internacionales que hemos suscrito, tenemos competencia para perseguir esos delitos.
–Lo que su libro transmite al lector es la sensación de que se trata de alguien que nunca renuncia. Eso, si me permite, suscita sospechas. Uno termina preguntándose ¿qué persigue Garzón? ¿Honor, justicia, gloria?
–Se lo he dicho hace un momento, es su conciencia. Este hombre duerme poco, pero le gusta dormir como un niño, es decir en paz. Si su consciencia le dice: “si no lo hago no se entera nadie, pero me entero yo, y yo no podría dormir en paz”. Es una cuestión de prurito, de mandato de la conciencia. Es un juez muy vocacionado, cuando tiene pruebas, indicios de delitos y la ley le manda a seguir adelante no cesa. Otra cosa: cuando lo presionan y le ponen obstáculos, de alguna manera se crece como esos toros bravos cuando los castigan. El es igual. Ante las caras torvas, los obstáculos, los palos en las ruedas, la obstrucción y las presiones políticas, Garzón crece. No es que vaya de provocador. Es una cuestión de imperativo de conciencia. Cuando más difícil más fuerte se hace. Fíjese aquí el caso de ETA. En España, incluso la propia Audiencia Nacional, le ponen muchos obstáculos. Garzón tiene que proveerse de muchas pruebas en una organización terrorista donde los diseñadores del terror, los que mandan, dejan muy pocas huellas. Es dificilísimo demostrar que ésos son criminales. Y Garzón debe dotarse de un aparato probatorio muy importante porque a los primeros que tiene que convencer es a los juzgadores, a los magistrados de la Audiencia Nacional.
–Siempre persiste una duda respecto de uno de los casos que trató Garzón ligados a la Argentina. Me refiero al juicio que se le siguió en España al sirio Monzer Al Kassar. Este traficante de armas y otras cosas, amigo de Menem, protegido con un pasaporte argentino y residente en España durante mucho tiempo... no es lo que se llama un inocente. Garzón lo arrestó y al final Monzer Al Kassar se salvó de ser condenado.
–La palabra sobre su inocencia la tiene la Justicia... Garzón ha promovido instrucciones suficientes contra Monzer Al Kassar, muchas de ellas vinculadas precisamente con Argentina. Desde el “Acchile Lauro”hasta la operación dólar, o sea la falsificación de billetes en América, existe una batería de episodios criminales por los que Baltasar Garzón procesa y lleva a prisión a Monzer Al Kassar. Pero este hombre mueve muchos hilos, muchos y muy poderosos, además de tener poderosos padrinos a niveles internacionales. Al Kassar cuenta además con un magnífico flete de abogados aquí, en Inglaterra, en Suiza, en Argentina... Sus asesores jurídicos saben moverse muy bien. Garzón conoce la catadura de Al Kassar y ha tenido elementos de prueba para procesarlo y decretarle prisión. Otra cosa es la buena suerte o los buenos padrinos que tenga Monzer Al Kassar.
–Más hago la cuenta de las cosas que usted relata en el libro, más me asombro. Garzón no sólo buscó poner en jaque a la ETA sino también a quienes montaron los GAL, o sea la estructura terrorista impulsada por el Estado español para terminar con ETA... en pleno gobierno socialista.
–La historia de los GAL está recién empezando. Garzón ya se ha llevado por delante a un ministro de Interior, Barrionuevo, a una serie de altos cargos policiales, pero todavía hay 29 muertes por aclarar y esos casos se acaban de reabrir. Ese es un tema que está casi virgen. Yo me he comprometido bastante en demostrar que el GAL se diseña desde los servicios de inteligencia del Estado por encargo del gobierno.
–Usted detalla episodios espeluznantes de toda la instrucción que llevó a cabo Garzón en los casos de las juntas militares argentinas. Uno de ellos resalta por su hipocresía. Es el testimonio que prestó Isabel Perón, quien dijo no estar al corriente de nada...
–Sí, por lo visto Isabel Perón se hacía la tonta. Ella fingía no saber nada, ignorarlo todo. En un momento le salió el buen genio que tiene y dijo “bueno, quien manda manda”.
–En la biografía usted vuelve sobre la posible existencia de los archivos de la dictadura argentina microfilmados por los servicios secretos españoles, el Cesid. ¿Esa información sigue siendo veraz?
–Bueno, Garzón lo investigó y había algo, pero no está acreditado. En el libro yo doy incluso el nombre de la tripulación del avión que trajo los documentos a España (8 militares: Maldonado Suelvo, Hernández, Reyes Sosa, Freire, el piloto-jefe, Sancho Tena, y tres personas más). Sé que hay más datos, pero eso hay que acreditarlo. El Cesid lo negó, desde luego. Una de las diligencias que hizo Garzón fue precisamente preguntar al Cesid si el avión argentino había aterrizado en la base de las Canarias y todo eso. Pero el Cesid negó lo de los microfilmes. Sin embargo, existen dudas.
–La biografía de Garzón muestra la poderosa enemistad entre él y Felipe González.
–Se ha dicho eso en España, pero éste no es un libro contra Felipe González sino sobre un juez cuyos adversarios son los delincuentes. Garzón tiene enfrente al narcotráfico, a ETA, a Pinochet, el blanqueo de dinero y los genocidas. El no va contra un partido o contra un gobierno sino contra el delito.
–Una vez publicado, su libro provocó muchas controversias, incluso sirvió para que se abriera una investigación contra Garzón por su supuesta amistad con uno de los partícipes en una de las causas, es decir Ernesto Sabato. Hasta el mismo Scilingo presentó una querella en España contra usted por supuesta revelación de secretos. Muchos la acusaron de parcialidad. ¿Siente que tomó suficiente distancia con el juez como para preservar su objetividad?
–Garzón es un juez tenaz y mi libro es veraz. Mientras investigué ejercí un continuo distanciamiento. Actué como si yo fuera una enemiga escrupulosa. Garzón no me ha revelado nada, he sido yo quien investigó. He tardado dos años en hacer este trabajo, he visto a decenas de personas y manejado 9000 documentos. Pero me tuve que dar por vencida, me encontrécon un hombre de una envergadura vertiginosa. Al final, todas mis dudas cayeron una tras otra.

¿POR QUE BALTASAR GARZON?

Por E. F.

El juez internacional

Baltasar Garzón es un hombre con suerte, un “juez sin fronteras”, tenaz e inagotable. Cuando no husmea en la bóveda del poder destapando las ollas del socialismo de Felipe González, cuando no se empeña en guillotinar a ETA o desentrañar el terrorismo de Estado en el caso de los GAL, cuando no persigue a Silvio Berlusconi, en suma, cuando todas esas cosas que lo hicieron tan temido como famoso no lo ocupan, el destino viene a golpear a su puerta. Según cuenta la periodista Pilar Urbano en la vibrante y polémica biografía que acaba de salir en España, Baltasar Garzón, el hombre que veía amanecer, al juez español le tocó por azar el legajo de las juntas militares argentinas: “Yo no lo busqué. Vino a mi mesa, como una denuncia más”, dice Garzón en el libro. La historia parece así tener cita con él.
La denuncia contra las juntas militares de Argentina, impulsada por el abogado argentino Carlos Slepoy y el fiscal español Carlos Castresana, entró en su juzgado el día que Garzón estaba de guardia: el 24 de marzo de 1996. La fecha, el personaje y el lugar se aúnan. Envuelto en la maraña de la legislación, Garzón buscó y terminó encontrando el argumento que tornaba aceptable en España la querella: el “principio de justicia universal” aplicando la Ley Orgánica del Poder Judicial. Ahí “comienza” el otro Baltasar Garzón. Los sobrevivientes, los familiares, tienen razón, dice el juez: “Todo Estado debe responder de sus desaparecidos”.
Los capítulos de la biografía de Garzón sobre las juntas militares de Argentina y el caso Pinochet son breves en comparación con las casi 500 páginas que los preceden. Incisivo, documentado y controvertido, el “retrato” que Pilar Urbano hace del juez español es una condensación vibrante de todas las “impurezas” que empañaron la democracia española en los últimos 15 años, más algunas perlas negras como Massera, Videla, Pinochet o el sirio Monzer Al Kassar. El trabajo recoge episodios escalofriantes de la lucha contra ETA, la investigación de esa estructura de terrorismo de Estado que fue el GAL (Grupo Antiterrorista de Liberación) y los indecorosos casos de corrupción en los que se empantanaron los dirigentes socialistas durante la gestión de Felipe González.
Por las páginas de la biografía se pasean corruptos, narcotraficantes, asesinos, terroristas, torturadores, jueces comprados o fascistas, altos dirigentes de la Audiencia Nacional “pactando” la inocencia o defensa de Pinochet (Eduardo Fungarino) y hasta los agentes de la CIA que acudieron a Garzón para que el juez “interceda” ante Monzer Al Kassar para saber quién está detrás de la “Operación Dólar” (falsificación en masa de dólares falsos). “El hombre que veía amanecer” vio de todo, incluida una fallida y polémica incursión en la política que hizo de él el peor enemigo de Felipe González (y viceversa).
Interesada pero sincera, heredera del estilo del Nuevo Periodismo de Thomas Wolfe, la biografía de Pilar Urbano (9 ediciones, más de 500 mil ejemplares vendidos) es una suerte de reportaje novelado basado en conversaciones con el protagonista y la exhaustiva investigación de la autora. Como dice Pilar Urbano, “escuchó al hombre e investigó al juez”. Con la reserva de las causas que están siendo instruidas, el lector se entera de casi todo. Aunque breve, el capítulo dedicado a la Argentina hiela la sangre. Puestos unos tras otros, los pasos de la instrucción delos crímenes cometidos por los militares argentinos dejan sin aliento, incluso a quienes tienen la historia metida en el alma.
Vale oro el episodio de la audiencia de Isabel Martínez de Perón. Ante Garzón, la ex presidenta dice no saber nada, no acordarse de nada porque es “una pobre mujer ignorante”. María Estela Martínez de Perón llega a confesar que a “mis consejos de ministros asistían los jefes militares”. Ni siquiera recuerda conocer a los altos mandos de la Triple A que el juez le muestra junto a ella y López Rega en una foto. Garzón pregunta:
–¿Sabe usted quiénes eran los de la Triple A?
–Sí... Unos que mataban.
–¿Sabe quiénes eran los Montoneros?
–Sí... unos que cantaban.
No es raro que los libros de Pilar Urbano tengan el impacto que se les conoce en España. La biografía de Garzón es una suma narrativa de acontecimientos narrados en un hilo continuo. El perifrástico estilo español es un águila fina, locuaz y convincente en las manos de una autora valenciana que pone hechos en cada línea, como el de ese 26 de marzo de 1997, cuando, al día siguiente de que Garzón ordenara el arresto de Leopoldo Galtieri, Carlos Menem llamó a la Audiencia Nacional a pedir... explicaciones.

 

 

 

PRINCIPAL