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El guitarrista al que le dedicaron cráteres lunares

Ralph Towner es el más influyente en su instrumento desde hace casi 30 años. En el recién editado �Anthem� muestra por qué.

Temas: Junto a una mayoría
de maravillosos temas propios,
Towner elige dos ajenos: �Gloria�s Step� de La Faro y �Goodbye,
Pork-Pie Hat� de Mingus.

Ralph Towner: fundador
de Oregon y guitarrista eximio.
Sus temas muestran, siempre,
una fluidez armónica notable.

Por Diego Fischerman

Los astronautas bajan de la nave. Pisan la superficie de la luna. La imagen, en un borroso blanco y negro (o lluvioso, según el televisor de cada uno), fue vista en todo el mundo. Pero la imagen no tenía sonido. Ni para registrar lo que, casi permanentemente, los astronautas escuchaban en la nave ni para permitir saber cuáles fueron las palabras que precedieron a la decisión de bautizar dos cráteres con los nombres de dos temas de Ralph Towner: “Icarus” y “Ghost Beads”. Los dos temas habían sido grabados por el extrañísimo Paul Winter Consort, donde coexistían suites de Bach para laúd, música brasileña y temas originales de los integrantes del grupo.
Entre ellos había tres amigos. Dos de ellos se habían conocido en la escuela, se habían ido juntos a Europa, para estudiar uno contrabajo en Copenhagen y el otro guitarra en Viena. A la vuelta, Towner, el guitarrista, reservaba este instrumento para los conciertos clásicos y, para tocar jazz usaba el piano (imitaba a Bill Evans junto Glenn Moore, su amigo contrabajista, que imitaba a Scott La Faro) usaba el piano. Ambos entraron a la Universidad de Oregon, estuvieron en Woodstock acompañando a Tim Hardin –un músico folk– y allí conocieron a Collin Walcott, un etnomusicólogo recibido en la Universidad de Los Angeles, California, discípulo en instrumentos indios de Ravi Shankar, a quien asistía como manager de escenario. Paul McCandless era oboísta de la Sinfónica de Indiana y tocaba, también, en el grupo de Paul Winter. Los cuatro empezaron a reunirse en un estudio en las colinas de Hollywood llamado The Farm para improvisar, grabar y, cosas de la época, inventar una nueva música. Oregon grabó entonces dos discos, casi simultáneamente. Uno no salió porque al sello, Vanguard, le pareció demasiado poco comercial. El otro, registrado en ECM (una empresa que recién se formaba con unos pocos nombres en su catálogo, entre ellos el de Keith Jarrett) no pudo utilizar el nombre Oregon y, ni siquiera, a los cuatro músicos juntos. De ahí que ese álbum con el que Ralph Towner comenzó su brillante carrera en ECM se llame Trios and Solos. Allí toca todo Oregon pero, en ningún momento, lo hace como cuarteto.
Ya desde los comienzos de Oregon, Towner desarrolló sin problemas una carrera solista paralela. Diary (mitad del disco con guitarra, mitad con piano), Dis (en dúo con el saxofonista noruego Jan Garbarek), Solstice (ganador del Premio Alemán del Disco) y Shadows and Light, ambos con Garbarek, Eberhard Weber y Jon Christensen, Batik (en trío con Eddie Gomez y Jack De Johnette), Matchbook (en dúo con Gary Burton), su participación en I Sing The Body Electric de Weather Report, en Arbour Zena de Keith Jarrett, en Der Wan de Kenny Wheeler y en Sol do Meio Dia de Egberto Gismonti, marcaron una impresionante seguidilla de grabaciones perfectas. Mientras tanto, Oregon se convertía en uno de los grupos más originales de la segunda mitad del siglo XX, incorporaba sintetizadores a su sonido militantemente acústico y, en 1984 moría Collin Walcott, se producía una suerte de retiro de la escena, y Towner, reconocido como su maestro por Gismonti, seguía produciendo discos ejemplares. Nuevos dúos con Burton, con Gary Peacock y con John Abercrombie; álbumes como Open Letter y Anna; músicas para ballets de Pilobolus y Alvin Ailey.
En el recién publicado Anthem, los instrumentos son la guitarra clásica y la de 12 cuerdas. Junto a una mayoría de maravillosos temas propios, Towner elige dos ajenos: “Gloria’s Step” de La Faro y “Goodbye, Pork-Pie Hat” de Mingus. Towner hace gala de un uso polifónico del instrumento, riqueza colorística (uso de sordina, pizzicato, armónicos), la misma fluidez armónica de siempre (los acordes siempre suenan naturales y hasta inevitables en la música de Towner) y un registro que va desde la miniatura (los brevísimos e imprevisibles movimientos de “Four Comets” y de “Three Comments”) hasta el más largo aliento de “Solitary Woman” o “The Lutemaker”.

 

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