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Un Living Colour con aire porteño

En esta entrevista con Página/12, Vernon Reid dice que el regreso de su banda es aún un misterio y que eso es lo que más le gusta.

Por Roque Casciero

Lo tenían todo: fuerza, virtuosismo, potencial comercial, respeto de sus pares de la crítica, y representaban a su comunidad. Pero en 1995, cuando las relaciones entre sus miembros se hicieron tormentosas, Living Colour se separó. Atrás quedaban los conciertos en el CBGB neoyorquino, donde los había descubierto un tal Mick Jagger (quien financió sus primeros demos). También una carrera meteórica, sustentada en la calidad, que les permitió ganar dos Grammy, publicar cuatro discos celebrados y girar por el mundo (todavía se recuerda su impactante show en Obras, en 1993). Tras la separación, el guitarrista Vernon Reid publicó un álbum solista (Mistaken identity), continuó con su lucha política a través de la Black Rock Coalition y virtualmente desapareció hasta junio de 2000, cuando trajo a su banda Masque a Buenos Aires.
En ese momento, Reid negaba de plano un regreso de Living Colour. Sin embargo, a fines de 2000, el cuarteto se juntó para un show sorpresa en el CBGB y, entonado, acaba de terminar una mini gira por la costa oeste de EE. UU. La banda no tiene planes de hacer un disco, pero sí de retornar a Obras el 8 de junio. “Estamos viendo qué pasa, y no sé cuál será el futuro de Living Colour”, explica un cauteloso Reid en charla telefónica con Página/12. “Estamos tocando y viendo cómo nos sentimos, porque ahora nuestras vidas son mucho más complicadas. Y queremos ver si va a ser algo positivo para todos. El show en Buenos Aires, entonces, será muy especial, porque no es ni el final del principio ni el principio del final. Es algo así como la continuación del final, no sé” (risas).
–¿Qué lo llevó a cambiar de opinión?
–Me puse a pensar en que esta vez las relaciones entre nosotros podían llegar a ser mejores.
–¿Y lo son?
–Sí, de algún modo. Diría que estamos logrando una habilidad para comunicarnos. Corey Glover (voz) y yo resolvimos un montón de cosas. Antes había cosas que eran más tensas entre nosotros, pero ahora podemos comunicarnos mucho mejor.
–¿Cómo se sintió en los shows que hicieron hasta ahora?
–Fueron buenos, tocamos las canciones viejas, temas que nunca habíamos hecho en vivo y uno nuevo.
–La verdad, no parece demasiado excitado por la reunión.
–Sí lo estoy, porque la banda suena bárbaro. Pero la incertidumbre es real, así que estoy esperando con ansias el show en Buenos Aires. Sucede que no soy falso, no voy a decir “Oh, todo va a ser bárbaro, man”. Honestamente, no lo sé. Sí estoy seguro de que los integrantes de Living Colour son músicos bárbaros e innovadores. Will Calhoun es uno de los mejores percusionistas y bateristas que existen, es un gigante. Doug (Wimbish, bajista) es absolutamente un pionero: antes de que existiera Massive Attack, estaba su grupo Tackhead. Y Corey es un cantante maravilloso. Así que las individualidades son fantásticas.
–Pero si las individualidades no funcionan como equipo...
–Claro, ésa es la cuestión. Hasta ahora hicimos algunos shows muy buenos, pero estoy esperando a ver cómo sigue todo. Cuando hay una reunión, la gente asume que habrá un nuevo disco y esto y aquello. Y no quiero que haya una imagen falsa: juntarnos es más un experimento. Las cosas que llevaron a la banda a separarse fueron muy serias en lo emocional, así que hay que prestarle atención a eso. De todos modos, me siento feliz de que al menos nos estemos tomando el tiempo para intentarlo. Pero no hago presunciones, porque todos los que estamos involucrados debemos sentirnos bien. Así que el tono de mi voz... Tal vez sería mejor para mí vociferar que todo está bien, pero no soy así. Tampocoquiero decir que no va a suceder, sólo que no lo sé. Esto de no conocer qué pasará le dará cierto filo a la experiencia.
–¿Por qué eligieron venir aquí?
–Por lo que experimenté, el público argentino es el mejor que existe para la música. La gente tiene mucha pasión, pero la combina con inteligencia y atención. Creo que eso sucede porque la Argentina tiene una gran historia musical en el contexto de la música latinoamericana. Hay mucho interés en los oyentes. Por eso puedo entender por qué Robert Fripp va tanto y por qué músicos de diferentes estilos van tanto allí: el público presta atención de un modo que no se consigue en otros lugares.

 

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