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RECORTES DE INFORMACION Y DENUNCIAS EN EL CASO DE LAS COIMAS
La defensa corporativa del Senado

Mañana habrá un reclamo de legisladores y sindicalistas para que se investigue en serio. Pero siguen las trabas de todo tipo del Ejecutivo.

Por Miguel Bonasso

La causa judicial por los presuntos sobornos en el Senado, que ya generó un serio conflicto de poderes entre los fiscales del caso y la SIDE, agitará las aguas en el Congreso a partir de la tarde de mañana, cuando legisladores de varios partidos y dirigentes de la CGT de Hugo Moyano se hagan presentes para reclamar que el proceso judicial prosiga hasta las últimas consecuencias, “pese a quien pese y caiga quien caiga”. La causa estuvo a punto de ser cerrada el jueves pasado, culminando un tortuoso camino viciado por presiones del Ejecutivo que incluyeron la pintoresca absolución de los senadores por parte del ministro-regente Domingo Felipe Cavallo y la denuncia judicial del ex titular de la Secretaría, Fernando de Santibañes, contra el síndico general de la Nación, Rafael Bielsa, a quien acusó de haber violado “secretos de Estado”. Bielsa comprobó que Santibañes había mentido respecto al destino dado a 22 millones de pesos y el banquero tuvo que renunciar. Ahora el poder administrador amenaza con el juicio político a los fiscales Eduardo Freiler y Federico Delgado, también por presunta violación de secretos de Estado. Despegándose del banquero que lo antecedió, el actual titular de la SIDE, Carlos Becerra, aseguró a este cronista que no denunciará ante la Justicia a los fiscales y que no está tratando de interferir en su “tarea jurisdisccional”. Sin embargo, Página/12 comprobó que la Secretaría de Inteligencia del Estado les negó información vital a los acusadores argumentando que no la solicitaba el juez de la causa, Gabriel Cavallo.
Las reiteradas negativas de la SIDE violan el artículo 26 de la ley orgánica del Ministerio Público (24.946) que obliga expresamente a los organismos policiales y de seguridad –e incluso a simples particulares– a prestar amplia colaboración a los requerimientos de los fiscales. Los “oficios” cursados entre Comodoro Py y la calle 25 de Mayo dejan trascender, bajo la costra del lenguaje burocrático, una sorda guerra de poderes en relación al episodio no esclarecido de los presuntos sobornos en el Senado. La secuencia detrás de bambalinas fue así:
El 12 de junio, los integrantes de la Fiscalía Federal Nº 6 se dirigieron al titular de la SIDE, Carlos Becerra, solicitando que les informara “la totalidad de los datos de filiación de los agentes de esa área despedidos a partir de diciembre de 1999”. Diez días más tarde les contestó el señor Juan Esteban Villa (h.), director de asuntos jurídicos de la SIDE, solicitándoles a su vez que le informaran “carátula y juzgado interviniente en los autos de referencia”. Lo que popularmente se conoce como sacar la pelota fuera de la cancha.
Siguiendo el juego, el 25 del mismo mes los fiscales le informaron a Becerra que las actuaciones eran complementarias del sumario 9900/00 a cargo de la secretaría 6 del juzgado federal número 3. La carátula: “Ortega, Ramón y otros s/cohecho”.
El 28 de junio, observando el foro de lectores que el diario La Nación publica en Internet, los acusadores debieron pegar un brinco. Un lector, que firmaba Patricio José, remitía un memorándum al juez Gabriel Cavallo, titulado “Sobornos en el Senado”, donde relataba –con pelos y señales– cómo la SIDE, dirigida por Fernando de Santibañes, había sobornado a los senadores. Según el lector, la operación habría estado a cargo del mayor (R.E.) Alejandro Brousson, en aquella época a cargo de Contrainteligencia y del “agente operativo C2-In.8 Eduardo García -Legajo SIDE 54.589/53 (nombre de encubrimiento Ismael Garabar)”. De acuerdo con el misterioso Patricio José, los celulares que se usaron en la acción de “postas” (para llamar a los senadores y hacerlos desplazarse a distintos puntos de encuentro) se habrían adquirido “a través de la empresa familiar que posee Eduardo García”: Canteras Brandsen SRL.
Ni lerdos ni perezosos los fiscales volvieron a dirigirse al jefe de la SIDE, para solicitarle que remitiera copia certificada del legajo Nº54.589/53 (nombre de encubrimiento Ismael Garabar) que correspondería al agente operativo “C2-In.8 Eduardo García”.
Ese mismo día el director de Asuntos Jurídicos de la SIDE respondió a los fiscales el oficio del 25 de junio, señalándoles que la Secretaría tenía “una activa participación” en la “producción de prueba” para la causa de marras, “todo ello bajo la autoridad del Dr. Gabriel Cavallo, interinamente a cargo del Juzgado federal Nro. 3”. Una forma de decirles amablemente: le daremos la información al juez, si éste la pide. Y algo más contundente: “Siendo que esta Secretaría no ha sido notificada en momento alguno del carácter ‘complementario’ de la investigación que se invoca, se ha dispuesto poner en conocimiento del juez interviniente el pedido del Señor Fiscal para que, en su carácter de director del proceso, se indiquen los pasos a seguir...”
A comienzos de julio, Villa insistió en la negativa, con relación al oficio donde se pedía el legajo del agente García (alias Garabar) mencionado por “Patricio José” en el correo cibernético de La Nación y volvió a advertirles a los acusadores que se cursaría “una nueva notificación al Dr. Gabriel Cavallo en su calidad de director del proceso en cuestión”. Los fiscales se enojaron. El 2 de julio le recordaron a Villa que gozaban del respaldo que les otorga “el artículo 120 de la Constitución Nacional y, en particular de los artículos 25, 26 y concordantes de la ley 24.946”. Y lo conminaron a entregar la información requerida “bajo apercibimiento de lo que conforme a derecho corresponda”.
Unos días antes, el 27 de junio, el que se había enojado era Carlos Becerra. Ese día el jefe de la SIDE dirigió un oficio de 8 carillas a su homónimo no pariente, el procurador general de la Nación Nicolás Becerra, jefe natural de los fiscales, donde se quejaba duramente de Freiler y Delgado y los acusaba de haber violado secretos de Estado, revelándolos a la prensa. Becerra aludía a una reunión, realizada el 14 de junio último y presidida por el juez Gabriel Cavallo, a la que acudió con otros funcionarios de la Secretaría, el ministro de Justicia, Jorge de la Rúa, los camaristas de la Sala 1 (jefes de Cavallo) Luisa Riva Aramayo y Horacio Vigliani, el fiscal general Germán Moldes y los fiscales Freiler y Delgado, titular y adjunto respectivamente de la Fiscalía Federal Nº 6. En esta reunión, solicitada por los fiscales, la SIDE volvió a mostrar sus cuentas avalada por un nuevo decreto de Fernando de la Rúa que dio la autorización al efecto. (Un primer examen de la cuentas, que no satisfizo a los fiscales, se había llevado a cabo el 5 de octubre del año pasado, el mismo día en que De la Rúa produjo la crisis ministerial que eyectó a Chacho Alvarez de la vicepresidencia.)
En días posteriores al encuentro, Becerra leyó sueltos en Página/12 y otros diarios, donde se comentaba la nueva insatisfacción de Freiler y Delgado ante una compulsa que tanto De la Rúa como Becerra consideran sin precedentes en la historia argentina. Algunos datos puntuales, como los comentarios en torno a un recibo de gomería por 85 mil pesos y una referencia a la falta de claridad en torno a cómo la Secretaría habría empleado 6 millones y medio de pesos (justo en la época en que se sancionó la ley laboral) lo hicieron suponer que los fiscales le habían relatado el encuentro confidencial a los periodistas, revelándoles “secretos de Estado” y decidió denunciarlos ante el Procurador.
“Yo no podía participar de eso y hacerme el sota –le diría el jueves último a Página/12–. Hay que recordar que tengo a mi cargo un área restringida. Sin embargo no he ido al juez, ni abro juicio sobre la tarea jurisdiccional de los fiscales.”
El 3 de julio, el procurador general Nicolás Becerra se hizo eco de la denuncia de su homónimo y libró oficio a los fiscales, “a efectos de que formulen a este órgano las explicaciones que estimen pertinentes (...) especialmente con relación a las expresiones vertidas por el presentantede autos” (es decir el Señor Cinco). Un oficio aparentemente inocuo pero que significa, lisa y llanamente, el preludio del juicio político. Dos días más tarde, la diputada Alicia Castro visitó a Freiler y Delgado y a la salida de Comodoro Py se solidarizó con ellos, reclamando el apoyo de la ciudadanía a los “fiscales del pueblo”. La legisladora y dirigente del gremio de aeronavegantes apuntaba al mismo blanco que sus compañeros de la CGT rebelde: es preciso que no se caiga la causa de las coimas en el Senado, porque si estas llegaran a probarse podría plantearse –con buenas posibilidades de lograrlo– la nulidad de la ley laboral.
Los fiscales recibieron, además, el apoyo de sus colegas de la Fiscalía Federal y, particularmente, el del fiscal ante la Cámara Federal, Germán Moldes, que calificó de “infamia” la denuncia de la SIDE. En una nota dirigida al Procurador, Moldes le solicitó al jefe de los fiscales ser él mismo investigado por haber participado en la citada reunión y haber compartido el criterio de sus subordinados de que la auditoría de las cuentas de la SIDE debía llevarla a cabo la SIGEN, expresamente excluida de esa tarea que hace a sus atribuciones básicas. Moldes también le pidió al procurador Becerra que adoptara “los recaudos necesarios ante la interferencia del Poder Ejecutivo Nacional en la actividad que (...) desarrolla el Ministerio Público”. En su escrito de tres carillas, sobresale este párrafo: “Parece una constante que en estos últimos tiempos el destino de quienes desean investigar en serio y cumplir con su deber, por más grave que resulte el hecho y sus imputados, se convierta en objeto de denuncias, pesquisas y cuestionamientos”.
Un gesto a favor de una causa que languidece, según el juez Cavallo, por “falta de pruebas”. Y por jugadas que algunos ven esbozarse en el aire, como el posible ascenso del magistrado a camarista de la Sala 1, donde solamente hay dos jueces: la amiga de Carlos Corach, Riva Aramayo, y Horacio Vigliani. Si no ascendiera, el juez que ganó prestigio al proclamar la inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final, podría dar algunos pasos concretos ya decididos en febrero, como tomarle indagatoria a tres personajes claves de la causa: el ex ministro de Trabajo Alberto Flamarique, el ex senador radical José Genoud y el gran amigo del Presidente, Fernando de Santibañes, al que algunos siguen informando como si fuera todavía el Señor Cinco.

 

 

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