Por Claudio Scaletta
Argentina es un país
con un ingreso por persona que ronda los 8000 mil dólares anuales.
Según el Indec, las necesidades mínimas de un habitante
para vivir en cualquier centro urbano del país son de 2640 dólares
por año. Esto significa que Argentina genera más riqueza
que la necesaria para abastecer a su población de los recursos
esenciales. Sin embargo, en su territorio hay 14 millones de personas
por debajo de la línea de pobreza. El problema de Argentina, entonces,
es principalmente de distribución del ingreso. Esta realidad animó
al Frente Nacional contra la Pobreza a convocar a una consulta popular
para el 13, 14 y 15 de diciembre con el objeto de apoyar la implementación
de un seguro de empleo y formación de 380 pesos para todos los
jefes de hogar desocupados, una asignación universal por hijo de
60 pesos y una asignación universal de 150 pesos para personas
en edad jubilatoria que no cuentan con cobertura previsional. La propuesta
económica que respalda la viabilidad de la propuesta fue presentada
ayer en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.
Claudio Lozano, integrante del equipo de economistas del Frente y director
del Idep-CTA, consideró que el problema de Argentina no es la opción
falaz entre recesión o crecimiento. Argentina ya creció
en la década pasada y acumuló desequilibrios en materia
de vulnerabilidad, endeudamiento externo, desindustrialización,
pauperización social y expansión del desempleo. Por
ello, Lozano señaló cuatro razones para situar el problema
de la redistribución del ingreso en el centro del debate económico
social:
1. Porque aumentar el ingreso de la población excluida del consumo
es garantizar un horizonte de crecimiento de la demanda efectiva.
2. Porque en un país donde el 56 por ciento de la población
menor de 18 años vive por debajo de la línea de pobreza,
no es posible avanzar hacia mayores niveles de productividad y competitividad.
Antes bien, la productividad de largo plazo es lesionada por la
caída de los niveles de vida, máxime en un esquema internacional
donde el aumento de la productividad depende de la capacidad de recrear
fuerza de trabajo con creciente niveles de capacitación.
3. Porque, al implicar un cambio cualitativo en el esquema fiscal, se
convierte en la clave de la organización de una estrategia
económica diferente que supone alterar el comportamiento
del sector público al plantar una ecuación fiscal
distinta y de carácter progresivo. Y si este Estado no tiene
recursos para estas medidas se debe a que es parte del régimen
de redistribución regresiva que caracteriza a la Argentina actual.
4. Porque supone eliminar la posibilidad de apropiarse fácilmente
de rentas mediante comportamientos empresarios especulativos centrados
en la sobreexplotación de la fuerza laboral y en la apropiación
de rentas monopólicas y naturales. En contrapartida privilegia
la posibilidad de que el sector empresario crezca en base a estrategias
de innovación productiva y rentas tecnológicas.
Por ello, Lozano destacó que antes de crecer hay que plantearse
para quien se crece. Una alternativa que demanda un shock redistributivo
centrado en dos contenidos fundamentales: a) la intervención sobre
el mercado de trabajo y b) el abandono de las políticas sociales
que discriminan al interior de los pobres.
El mercado de trabajo actual, con más de 2 millones de personas
en situación de desempleo abierto, funciona sin piso, es decir,
en Argentina se trabaja por lo que se pague. Y en tanto no exista
piso, no sólo no hay salario mínimo sino que tampoco
hay condiciones para regular el empleo clandestino o la sobrejornada laboral
impaga, explicó Lozano. Por ello, la introducción
del Seguro de Empleo y Formación de 380 pesos equivale a la fijación
de un piso. Por otra parte, el economista de la CTA señaló
que en las políticas sociales se siguen las propuestas de los organismos
internacionales dirigidas a focalizar la asistencia sobre los más
pobre de los pobres, política que se traduce en un
proceso donde la tarea de la política social es identificar al
más postergado. Tal proceso no es sólo ineficaz, sino
que abre las puertas al clientelismo. Para el director del Idep, antes
que focalizar sobre los pobres, se debe apretar sobre
la capacidad contributiva de los más ricos y con ello financiar
las estrategias de política social de carácter universal.
En este marco, las propuestas son: una asignación universal por
hijo de hasta 18 años de 60 pesos entre cuyos beneficiarios
deben contarse también los desocupados y los trabajadores en
negro y una asignación de 150 pesos para toda persona
mayor a 65 años sin cobertura previsional, situación en
la que se encuentran alrededor de 900 mil personas.
Al momento de considerar el origen de los recursos necesarios para financiar
los tres instrumentos propuestos, cuya magnitud involucra apenas el 4
por ciento del PIB (ver aparte), Lozano identificó cuatro fuentes
de recursos:
Por vía del impacto
en términos de incremento del consumo, del nivel de actividad económica
y de recaudación tributaria asociada al cambio cualitativo en el
funcionamiento de la economía.
Por reasignación de
los planes sociales vigentes, que suponen 6000 millones de un gasto
totalmente anarquizado.
Por la reestatización
de la seguridad social. El sistema de AFJP, además de provocar
un agujero de aproximadamente 4300 millones de dólares, plantea
la posibilidad de que a futuro haya 7 millones de argentinos que no puedan
jubilarse.
Por una reforma tributaria
que apunte a los tributos vinculados con la captura de rentas, Ganancias,
con Patrimonio, y con consumo superior. A su vez, deben restituirse las
contribuciones patronales, sobre todo sobre aquellos sectores que no están
sujetos a competencia internacional y a los grandes contribuyentes en
cada una de esas áreas.
Lo que planteamos supone un mecanismo que altera el funcionamiento
de la economía y que nos permite garantizar que ningún hogar
siga en situación de pobreza, que es el objetivo que anima y mueve
nuestra propuesta, concluyó Lozano.
Construir otro
orden
Quienes convocaron a la consulta popular representan un conjunto
de organizaciones sociales que provienen de diferentes experiencias
políticas y partidarias entre los que se cuentan, entre otros,
la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme), la
Central de Trabajadores Argentinos (CTA), el Instituto Movilizador
de Fondos Cooperativos y la Federación Agraria (FAA). Precisamente
por esta diversidad, los expositores consideraron que la propuesta,
además de un cambio cualitativo en el ordenamiento económico
destinada a revertir desigualdad vigente, posibilitará la
oxigenación del sistema político. Los dueños
del dinero votan todos los días y garantizan por medio de
su capacidad y su accionar económico su influencia sobre
el conjunto de las instituciones para inducir rumbos, destacaron.
Por ello, lo que estamos tratando de definir son mecanismos
que permitan también al conjunto de la sociedad participar
cotidianamente en las decisiones. Se trata de completar lo que se
expresó en las urnas el 14 de octubre, cuando claramente
la sociedad se mostró en contra del modelo vigente. El
Frente contra la Pobreza representa un espacio social para la construcción
de un orden distinto en Argentina basado en dos aspectos, la democratización
y el reparto del ingreso.
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