
¿Se
ha dado cuenta usted, lector, de que más allá de lo
que en el mundo pase, más allá de las crisis nacionales,
de los bonos, megacanjes, ultraletras y parches diversos con los
que la economía se mueve aunque nadie sepa hacia dónde,
digo, se ha dado cuenta lector, de que dentro de dos semanas usted,
yo, él, nosotros, vosotros y ellos votaremos?
¡Así es lector, nuevamente, provistos de cívico
entusiasmo, de coraje ciudadano, de fervor democrático, empujaremos
nuestro sobre hacia la ranura de la urna y nos sentiremos, nuevamente,
henchidos de patriótico poder! ¡Seremos nosotros quienes
determinaremos quién va a ser el próximo diputado,
quién nos va a convencer con su discurso, quién nos
va a seducir con sus promesas que jamás cumplirá,
con quién deberemos hacer rimas soeces en nuestros próximos
reclamos, a quién le vamos a dar la oportunidad de ayudar
a que el país mejore, o bien a que su situación personal
mejore!
Todo eso, lector, lo vamos a determinar nosotros, dentro de sólo
dos semanas. Usted y yo, lector, al igual que todo argentino mayor
de 18 años.
Pero le voy a decir algo, lector, algo que quizás usted no
sepa. Algunos de nuestros conciudadanos no se sienten tan henchidos
de fervor en vistas al nuevo acto electoral. Y no es porque no sean
demócratas, sino que sienten, que, por ejemplo, sea quién
sea el presidente, el ministro de Economía es siempre el
mismo. O que el discurso del gobierno no cambia, sólo cambia
el partido. Y entonces, en pro de ser originales, proponen el voto
en blanco, anulado, impugnado, observado, cuadriculado o descremado.
Por otro lado, los partidos políticos quieren seducirlo:
a usted, lector, sí, a usted, y como ya no pueden prometerle
cosas porque se gastaron todas las promesas más o menos buenas
en elecciones anteriores, ahora apelan a sus sentimientos, a su
patriotismo, o a su piedad, para que les dé su voto.
De todo esto trata este suplemento, Sátira/12, el de siempre,
el que usted conoce, el que jamás le prometió nada,
el que todos los sábados llega a su casa desde hace 14 años,
¡usted lo conoce, vótelo!
Rudy
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