El papa Francisco expresó su preocupación por "el uso indebido de la detención preventiva", planteó su "preocupación sobre el uso arbitrario" de esa medida judicial y criticó la reformas jurídicas que intentan justificar los crímenes cometidos por agentes o fuerzas de seguridad. Bergoglio hizo estas advertencias al hablar en el Vaticano en el marco XX Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Derecho Penal. Aludiendo a una referencia que él mismo había hecho sobre el tema tiempo atrás el Papa aseguró que "desafortunadamente, la situación ha empeorado en varias naciones y regiones, donde el número de presos sin condena ya supera el cincuenta por ciento de la población carcelaria".

Según Francisco el uso indebido de las prisiones preventivas "contribuye al deterioro de las condiciones de detención y es la causa del uso ilícito de la policía y las fuerzas militares para estos fines". Dado, agregó, que "el encarcelamiento preliminar, cuando se impone sin la ocurrencia de circunstancias excepcionales o por un período excesivo, afecta el principio de que todo acusado debe ser tratado como inocente hasta que una condena final establezca su culpabilidad".

Recordó además que "en varios países se han implementado reformas de la institución de defensa legítima y se ha intentado justificar los crímenes cometidos por agentes de las fuerzas de seguridad como formas legítimas del cumplimiento del deber". Para Francisco "es importante que la comunidad legal defienda los criterios tradicionales para evitar que la demagogia punitiva se degenere en un incentivo para la violencia o un uso desproporcionado de la fuerza". Según el Papa se trata de "comportamientos inadmisibles en un estado de derecho y, en general, acompañan los prejuicios racistas y el desprecio por los grupos socialmente marginados".

Si bien las palabras del Papa fueron pronunciadas ante un auditorio de juristas de todo el mundo y sin señalamiento particular alguno, las referencias impactan directamente sobre las objeciones al funcionamiento de la Justicia y el accionar de las fuerzas de seguridad en Argentina y en otros países de la región latinoamericana.

No fue este el único tema planteado por el Papa en su discurso. También arremetió contra los delitos económicos y la manera diferencial como son tratados en el ámbito penal. "Una de las omisiones frecuentes del derecho penal, una consecuencia de la selectividad sancionadora -dijo Francisco- es la escasa o nula atención que reciben los crímenes de los más poderosos, en particular la macro delincuencia de las corporaciones", señalando falta de equivalencia en las sanciones que establece la justicia para este tipo de delitos. Porque, dijo el Papa, "el capital financiero global está en el origen de delitos graves no solo contra la propiedad sino también contra las personas y el medio ambiente", dado que "se trata del crimen organizado responsable, entre otras cosas, del sobreendeudamiento de los estados y del saqueo de los recursos naturales de nuestro planeta".

Bajo el título de la "idolatría del mercado" Bergoglio agregó que "algunos sectores económicos ejercen más poder que los propios Estados, una realidad que es aún más evidente en tiempos de globalización del capital especulativo". Porque, argumentó, "el principio de maximización de beneficios, aislado de cualquier otra consideración, conduce a un modelo de exclusión, ¡automático! que ataca violentamente a quienes sufren en el presente sus costos sociales y económicos, mientras que las generaciones futuras están condenadas a pagar los costos ambientales".

Para Francisco "el derecho penal no ha logrado preservarse de las amenazas que, en nuestros días, se ciernen sobre las democracias y la plena validez del estado de derecho" y "a menudo descuida los datos de la realidad y de esta manera asume la apariencia de un conocimiento meramente especulativo". En cuanto a la responsabilidad de los juristas, Francisco aseguró que "el desafío actual para cada abogado penalista es contener la irracionalidad punitiva, que se manifiesta, entre otras cosas, en el encarcelamiento masivo, el hacinamiento y la tortura en las cárceles, la arbitrariedad y los abusos de las fuerzas de seguridad, la expansión de la esfera de la pena, la penalización de la protesta social, el abuso de la prisión preventiva y el repudio de las garantías penales y procesales más elementales". El Papa se refirió además al "ecocidio" entendiendo por esto "la contaminación masiva del aire, de los recursos de la tierra y el agua, la destrucción a gran escala de la flora y la fauna, y cualquier acción capaz de producir un desastre ecológico o destruir un ecosistema". Por último adelantó que está pensando introducir en el catecismo de la Iglesia Católica "el pecado contra la ecología, el pecado ecológico contra el hogar común, porque hay un deber en juego".