Las proyecciones de los organismos multilaterales hablan de una recesión global de 5 por ciento, la Unctad informó que la covid-19 provocará otros 130 millones de personas en situación de extrema pobreza, la OIT dijo que este año se registra 17 por ciento menos de horas de trabajo que el anterior. En ese contexto en el cual la economia mundial se ha derrumbado, que la República Popular China haya anunciado el lunes 23 de noviembre pasado que había acabado con la indigencia debería haber recibido una mayor reacción informativa y analítica. En medio de la puja con Occidente, este dato histórico fue poco publicitado de este lado del mundo.

Según la agencia oficial de noticias china Xinhua, al haberse erradicado la pobreza extrema en los distritos de las provincias de Guizhou y Guangxi donde faltaba hacerlo, el gobierno de Xi Jinping logró lo que se había propuesto para el centenario de la fundación del Partido Comunista chino, que se cumplirá en julio de 2021.

Agencias independientes registraron este noviembre que la incidencia general de pobreza en los nueve distritos de Guizhou más atrasados se redujo a 0 por ciento y la tasa de satisfacción entre los residentes locales superaba 99 por ciento, dijo en rueda de prensa Li Jian, director de la oficina provincial de alivio de la pobreza y desarrollo. 

El ingreso neto anual promedio de las personas empobrecidas en los nueve últimos distritos creció a 11.487 yuanes (1740 dólares, casi 5 dólares por día), muy por encima del umbral nacional de pobreza de 4000 yuanes fijado para este año, añadió Li. En cuanto a Guanxi, donde habita la mayor población de minoría étnica de China, el bullicio y la vida urbana se ha vuelto común. Por ejemplo en el distrito autónomo de la etnia yao de Dahua, en donde más de 10 mil personas provenientes de zonas montañosas profundas se han asentado ahora.

Se trata de indicadores que equivalen, en Occidente, a pobreza extrema, absoluta o indigencia (quienes no acceden a más de 1,9 dólar por día, según estándares mundiales). Para 2049, cuando la República Popular cumpla su propio primer siglo de vida, el proyecto es que no haya ningún pobre y que China sea “próspera, fuerte, democrática, civilizada y armoniosa", dijo el presidente Xi Jinping cuando anunció su proyecto de “Sueño Chino” hace siete años.

Mientras eso sucede, el Banco Mundial informa que 720 millones viven en pobreza extrema en todo el planeta. De ellos, 114 millones están así por el Covid-19. Y según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, unos 265 millones están literalmente muriendo de hambre.

La idea básica

En los últimos años este cronista viajó varias veces a China para estudiar cómo lo hacen los chinos. En una investigación junto al colega Gustavo Ng, visitamos territorios de Qinhai, Gansu, Tíbet, Sichuan y Xinjiang y realizamos entrevistas a numerosos académicos de Beijing, Shanghai, Suzhou, Xi’an, Mianyang, Fudan y otras ciudades.

El programa, que lleva varias décadas, integra la acción planificada de autoridades junto a la colaboración de la juventud del Partido, académicos, empresarios y voluntarios así como un enfoque multidisciplinario que va de la vivienda y la salud al empleo y la educación

La idea básica es capacitar a la población atrasada, fortaleciendo sus virtudes productivas o de servicios: agroganaderas porque la mayoría de esas personas son del ámbito rural y montañoso, servicios personales, turismo, aprendizaje del idioma mandarín en las etnias que no lo saben, entre otras. Así permite generar excedentes y no solo producción de subsistencia, al tiempo que el Estado invierte en toda la infraestructura y logística necesarias: rutas, trenes, puentes, incluso puertos. Base para que lo producido tenga concreción en “el mercado”, una institución que no es un invento capitalista, sino que Oriente, desde el mundo árabe hasta el extremo del Pacífico, lo practica desde hace miles de años.

Capacitación, educación, planificación y, desde ya, crecimiento económico es la base del programa de erradicación de la pobreza de la perspectiva del “socialismo con características chinas”. Innovación y desarrollo del mercado interno son las más recientes novedades en el plano macro, que en China han llamado “nueva normalidad” y, más recientemente, “doble circulación”, es decir no descuidar los mercados externos, pero dando prioridad al desarrollo doméstico, y articulando ambos.

Aprender

En esa economía vibrante, la única de entre las grandes que este año no sólo no retrocederá sino que tendrá algún punto de crecimiento, la misión del gobierno centralizado es mantener la legitimidad de su modelo corrigiendo algunos desequilibrios sociales, regionales y ambientales generados en la etapa más veloz del proceso de reforma y apertura y atacar, en especial, las causas culturales y materiales de la pobreza.

¿Otros países pueden aprender cómo lo ha hecho China? Antes de la pandemia, algunas provincias chinas de referencia recibieron misiones de África interesadas en el tema. Y en este 2020 de virtualidad, el PCCh y el Partido Justicialista de Argentina, por ejemplo, realizaron charlas en línea entre cuadros dirigentes y militantes. 

En una de ellas se analizó el caso de Guizhou, una de las provincias más pobres de China, pero a la vez de las que más creció en la última década, apostando al desarrollo de la economía digital, un plan de erradicación de la pobreza que ya movilizó a más de 1 millón de personas desde sus montañas a zonas urbanas y un potencial turístico extraordinario, con varios sitios considerados patrimonio de la humanidad por la Unesco.

El modelo político chino y su tradición de disciplina, orden y jerarquización es de improbable repetición en otros lados, en especial occidentales. Pero Argentina tiene un tercio de su población estructuralmente hundida en la pobreza, y las políticas económicas recientes más la pandemia agregaron varios millones. No estaría mal revisar un poco más lo que sucede en la antípoda.