Desde Barcelona

UNO Rodríguez desea feliz cumpleaños a función Skip Intro. La que permite un más o menos remoto control si no de nuestras existencias al menos de algo de nuestro tiempo. Sí: en agosto de 2017 a los cerebros descerebrantes de Netflix se les ocurrió (un estudio determinó entonces que el 15% de usuarios adelantaba manualmente durante los primeros cinco minutos de cada programa) conceder función casi divina. Algo que permitía --automáticamente y ya sin necesidad de andar calculando con fast-forward-- saltarse títulos/resúmenes de sus series favoritas. Adiós a la juguetona y bastardo-beatlesca cancioncita de Friends, pero aún hola a la astucia de Seinfeld que siempre incorporó créditos ya sobre la acción o el monólogo de despedida (y, sí, Rodríguez supo de seres que se ponían de pie para aullar la música de apertura de Game of Thrones). Rodríguez lee que, hace un lustro, se convocó en redes para elegir nombre de la función. Skip Intro --sonando un poco a seductor espía internacional o a actor porno--  arrasó. Y la idea --pronto emulada por otras plataformas-- "recibió toneladas de amor en las redes sociales y uno de nuestros ingenieros comentó que 'Si agregáramos un botón que dijera Free Cupcake, creo que no tendría tantos clicks como Skip Intro'". Y así hoy, en "un día normal" los usados usuarios de Netflix "omiten introducción unas 136 millones de veces, ¡lo que se traduce en un ahorro de tiempo equivalente a 195 años ofreciendo un instante de alegría al público de todo el mundo". Lo que claro, no es del todo cierto, piensa Rodríguez: porque ese "ahorro de tiempo" (los psico-sociólogos advierten de que en verdad provoca falsa y dependiente sensación de poder e incentivar el saltearse colas y turnos) no se invierte/gasta en otra cosa que en empezar más pronto algo que terminará más rápido para así apenas poder comenzar otra cosa luego de darle al Skip Intro.

En cuanto a lo de "instante de alegría"...

DOS ...Rodríguez piensa en que, sí, es verdad, ahí los de Netflix han dado en la tecla y clickeado en el botón: la alegría es cada vez más instantánea y efímera. La alegría, también, es una entidad tan ambigua como lo que se define interesante. Y no: no es cierto eso de la uniformidad tolstoiana de las familias felices en oposición a la ocurrencia y singularidad de las familias tristes. Y sí: si se trata de individuos, Rodríguez cada vez conoce más personas (¿felices? ¿infelices?) que se alegran tanto por la desgracia ajena. Skip Intro, entonces, viene a ser algo así como regalar látigo a esclavo para que se autoflagele. La función Skip Intro --para quienes se han formado y deformado enredados socialmente-- también ha causado esta misma impaciente ansiedad en series de relaciones humanas, sobre todo si ya llevan demasiadas temporadas de trama más previsible que sorprendente. Adictos al consumo de esas armas de autodestrucción pasiva que son los perfiles on line quienes, al encontrarse de frente y en cuerpo y alma, se presionan mutuamente un Skip Intro (porque ya vieron en pantalla de qué va la cosa). Y ordenan pasar directamente a lo próximo. Lo que, claro, sólo puede buscarse y tal vez encontrarse --uno junto a otro pero tan distanciados-- en sus respectivos iPhones y luego de decirse, con dicción zombi, lo que más se dice por aquí, en este canal, por esta larga serie de días: "Qué calor...".

TRES Y, sí, en este julio-agosto sucesión de olas de calor cada vez más tsunamis imposible de surfear (se arrancó con un casi admirado "¡Qué calor", enseguida mutó a "Qué calorrr..." y ahora es, simplemente, "CALOR"). Así --salteado y frito-- abusar funcional disfuncionalmente de un virtual Skip Intro para todo lo cada vez menos virtuoso que acalora y da calor. "CALOR" como omisión de todo comentario introductorio a lo que vienen metiéndole por detrás y delante al cada vez peor cortado y cosido género humano cociéndose bajo sol o luna, es lo mismo. Se dice "CALOR" y ya no hace falta mencionar mapas color rojo llamarada de los que se quejan los espectadores "porque parece Mordor" en el final meteorológico de noticieros que --de un tiempo a esta aparte y contrario a los horóscopos-- siempre acierta: seguirá subiendo la temperatura. Y continuarán rompiéndose récords históricos de producción de sudor y escasez de agua en embalses. Y aumentarán las cifras ya escalofriantes de muertos no de sino por bochorno. Y más aves caerán fulminadas desde copas sedientas de árboles a los que se treparán a gritar desplumadas y desafinadas personas de violencia incrementada mientras otros saldrán a desatar incendios (sin anudada corbata, como presidente y ministros). Y, hey, ya se agotó todo el hielo fabricado para todo el verano. Se dice "CALOR" y se piensa en eso de que "la Tierra ha agotado en medio año todos sus recursos naturales previstos para 2022" (pero no fue la agotada Tierra sino el agotador hombre que la puebla y explota, apunta Rodríguez). Se dice CALOR y a ver cómo hacen los multimillonarios de la pelota para no derretirse y evaporarse en el punto de penal durante el próximo Mundial. Se dice "CALOR" y se pasa de largo ante titulares que vaticinan un "Feliz verano, porque lo que le sigue puede ser el Apocalipsis" (y, de paso, se saltean noticias de Ucrania incluyendo a los Zelenski en Vogue y de la pasada de revista a armamento occidental y dragón oriental con tantas ganas de ser puesto a prueba y error acaso sin retorno). Se dice CALOR y se informa de ahorro energético en aires acondicionados y calefactores (máximo 27/25 °C en verano y 19 en invierno) y luz de escaparates y edificios públicos e iluminación nocturna a oscuras que, según los catastrofistas conspiranoides, harán que The Joker salga a hacer de las suyas con mayor (in)seguridad (aunque el foto-psycho alcalde de Vigo ya anuncie luces navideñas que incluirán a "estrella de Belén que se verá desde Nueva York"). Se dice CALOR y se transpira inédito paro de creación de empleo en el mes de julio y el mantenimiento de dos dígitos de inflación un mes más. Se dice CALOR y pinchazos para provocar "sumisión química" a jóvenes en discotecas; y súbita borbonización del rostro de la princesa Leonor (mientras su regio padre invocaba en Catedral de Santiago al "carácter" de España ante las "incertidumbres de la sanidad y de la paz y de la economía" y su madre regia pecaba de no persignarse); y aumento de población de ratas en Barcelona y posible brote masivo de viruela del mono en todas partes; y ni se piensa en nueva ley de divulgación de "altos secretos" o en nueva "prueba de madurez" para ingreso universitario. Se dice CALOR...

CUATRO ...y se piensa CALOR (golpe de calor como el estado de golpe) y en noches a 25 °C donde dormir es prueba olímpica bajo un cielo desprotector. Y Rodríguez espera (en vano) a que alguien pida disculpas por todo esto antes de que sea y lleguen demasiado tarde, como las disculpas del calentón Will Smith o las del tibio Papa Francisco. Mientras tanto y hasta entonces, un vecino ha tenido la (des)gracia de poner bien alto hits estivales de Radio Futura y de Los Rodríguez con CALOR en sus títulos (y esa otra: "37 grados"). Y Rodríguez apunta hacia afuera y dispara su mando universal y ruega por, localmente, interferir/dar en el Shuffle de enfrente.

Pero no pasa nada.

Tampoco pasa el calor.

 

Y click y feliz cumpleaños para Next Episode cuando sea y toque y apriete y asfixie, abrazando y abrasando.