Lejos de las copas y cerca del descenso. Así lo deja a Independiente su actual dirigencia a diez meses de ganar las elecciones con el 72 por ciento de los votos de los socios. Si el objetivo era mejorar la pésima gestión final de Hugo Moyano, la actual lo viene haciendo peor.

Estos días tal vez sean los últimos para que la dirigencia entienda que no se puede gestionar con el marketing y reaccione de una buena vez. Para el próximo torneo el equipo estará en zona de descenso. El Rojo no tiene un plantel competitivo. Más allá de algunos jugadores experimentados, ante la falta de inversiones al director técnico, Ricardo Zielinski, no le quedó otra que apelar a los pibes de inferiores. Muchos de ellos con gran futuro pero con poca experiencia para un momento tan complicado. Son los que tienen que dar la cara, con lo que eso significa. Un dato a tener en cuenta: en su último partido ante Boca, en el banco había un jugador de sólo 17 años, Santiago López Grobin.

Hasta ahora fueron los socios e hinchas quienes mantuvieron el barco a flote. Un tuit de la usuaria e hincha @natachacape sirve como ejemplo: "La gente no tiene un mango y te llena la cancha. ¡No se merecen al hincha de Independiente!". De hecho, a partir de Santiago Maratea y de ellos fue que se inició la colecta que posibilitó levantar la inhibición económica. El actual presidente, el precandidato a la gobernación bonaerense por Juntos por el Cambio, Néstor Grindetti, está más pendiente de la política provincial (también tiene licencia como intendente de Lanús) que del club de Avellaneda. Se lo puede ver en campaña junto a Patricia Bullrich.

Los incidentes que se registraron en el Ricardo Bochini después de la derrota ante Boca fueron la crónica anunciada. Desde días anteriores se convocaba por redes sociales a reclamar en contra de la dirigencia después del clásico, cualquiera fuese el resultado. Una derrota, sabemos, no cambia los ánimos sino todo lo contrario.

Para callar a los disidentes que cantaban contra Grindetti no hubo mejor idea que mandar a reprimir a la policía. Los balazos hicieron huir a los hinchas enojados. Entre ellos, familias con chicos.

El hartazgo va de menor a mayor. No es suficiente publicitar camisetas nuevas ni realizar sorteos antes de los partidos. Tampoco es necesario el aval a los medios partidarios para que miren hacia otro lado al informar sobre temas menores y no contar lo verdaderamente importante. Bastante hicieron y hacen los hinchas que se colmaron las expectativas frente a las campañas de socios y abonos a plateas, a pesar de los precios exorbitantes, del momento económico del país y del pobre espectáculo que brinda el equipo.

En octubre, cuando la gente de Juntos por el Cambio ganó las elecciones del club, Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta y hasta María Eugenia Vidal celebraron el resultado. Era su manera de llegar al fútbol, con todo lo que eso implica. No se puede dejar de mencionar tampoco al precandidato a Diputado Nacional también por la lista de Bullrich, Cristian Ritondo, quien bancó a la lista del renunciante Fabián Doman para la presidencia de Independiente.

Ritondo hoy no tiene cargo oficial en el club, pero su incidencia en las decisiones es innegable. Igual que en los tiempos de Hugo Moyano. Ritondo pertenece al grupo de dirigentes que hacen de las suyas desde el moyanismo pero que hoy reniegan del pasado como si fuesen recién llegados. Entre ellos, Daniel Seoane, Carlos Montaña, Ricardo Cirielli, Osvaldo Tortonese y Gastón Galano. Otro es el abogado Fernando Sciaccaluga. A ellos apuntan los socios e hinchas que quieren el bien de Independiente.

Lo hicieron saber hace un mes, cuando se realizó la Asamblea Extraordinaria en la sede de avenida Mitre en la que se eligió a Grindetti para que sea el presidente durante los próximos tres años. Entonces, un grupo de socios y socias cantó: “Dirigentes, a ver si lo entendieron, que se vaya Seoane y Pablo Cavallero”, en alusión al exarquero, que hoy ocupa el cargo de manager y es uno de los más cuestionados por su gestión. Otro canto que se escuchó fue el contundente: “Ritondo, hijo de puta, la puta que te parió”.

Los reclamos alcanzaron para mostrar el disconformismo. Pero duraron poco porque un grupo de barras se acercó para amenazarlos. Buenos muchachos, como les dicen. Así está Independiente.