A un paso del tiempo se titula el nuevo espectáculo musical y teatral de Irene Goldszer, artista que desde hace más de veinte años explora la fusión entre música y escena. Su nueva propuesta, que coprotagoniza en guitarra y voz junto al baterista Pablo Potenzoni (Todos tus Muertos, Mimí Maura) combina canciones, textos y una puesta en escena muy bella. Desde el título, ya parece sugerir la posibilidad de estar cerca del tiempo, un poco corridos, desfasados. Como si pudiéramos acercarnos o alejarnos de él, a que algo suceda o no. Y algo de esta idea sobrevuela la obra, que tiene por momentos una potencia notable y a la vez un halo poético muy intenso, y que se corre de los lugares comunes, se distancia, ubicándose también en algún lugar deliciosamente desfasado.

No es un recital en el sentido tradicional, si bien hay canciones de géneros y estilos diferentes compuestas por Goldszer, cuya voz también asume distintos tonos e intensidades. Suena furiosa, salvaje, áspera, más calma, suave. Puede gritar o incluso callar. Hay silencios al interior de una canción, entre canciones (nunca se introducen ni se presentan los temas). Hay gestos y movimientos escénicos a cargo de los intérpretes, textos que pronuncia Irene y que coquetean con el humor, la ironía, la reflexión; también algunos pocos elementos que manipula con precisión. 

“Siempre busco hacer grupos de canciones y relatos. Me interesa encontrar una temática general para empezar a componer, a escribir. Esta vez, estaba buscando algo que tuviera que ver con la intimidad, lo privado, lo ajeno, lo público, con qué se deja ver y qué no de la intimidad, qué se nos escapa sin darnos cuenta, qué dejamos que se nos escape. Me puse a investigar porque quería crear una ficción. Miré y leí entrevistas a escritores, cineastas, músicos, bailarines. También investigué desde lo sonoro qué es lo que se deja escuchar y qué no, qué escuchamos de todo lo que nos rodea. Con este material me puse a escribir las letras, a componer, a escribir algunos textos y unas preguntas que digo en la obra”, cuenta Goldszer a Página/12, sobre el origen del espectáculo que presenta este viernes a las 21 en El Galpón de Guevara (Guevara 326).
La artista comenta que no quería que fuera un unipersonal sino probar el formato de guitarra y batería, algo bastante poco frecuente, y convocó al músico de rock Potenzoni. “Pablo se entusiasmó muchísimo. Yo le fui transmitiendo las imágenes, el universo que cada canción tenía para mí. Pablo me dijo que las sentía como cinematográficas. Fue un proceso genial. El hizo los arreglos para la batería y fuimos encontrando juntos el modo de interpretarlas, de pasar por los diferentes estados de cada canción. Hay momentos de mucha fuerza, de bajar, de callar. En escena, estamos los dos en la misma línea, cada uno sobre una especie de tarima o plataforma. La batería es protagonista también, no es que me acompaña ni que está detrás mío. Se prestó y se copó mucho con probar cosas con su cuerpo, ciertos gestos y acciones atípicas para un músico. Estuvo siempre muy disponible y es muy plástico”, comenta la creadora. 

Fue un trabajo largo. Irene empezó a investigar por el 2020, obtuvo las Becas para la Creación del Fondo Nacional de las Artes y del Fondo Metropolitano, y durante más de un año se juntó con Potenzoni todas las semanas para ensayar y explorar hasta llegar al reciente estreno. “Es un todo, un espectáculo más que un recital. Es música para ver. Cada canción es como una escena, hay un orden que se mantiene en cada función como en una obra teatral”, sintetiza.

Visualmente, la propuesta es muy atractiva. Desde el vestuario de Irene que juega entre lo moderno y lo vaporoso con algún detalle de otra época (como el cuello isabelino que luce por momentos), una escultura abstracta que cae del techo con formas circulares, las luces. Si bien no hay una historia que se cuenta de forma lineal, A un paso del tiempo recorre un universo singular y poético. Hay canciones oscuras, densas, otras más calmas y que remiten a lo cotidiano, como la que dice: “La intimidad busca por la rendija aparecerse/ Como un pedido desesperado de amor”), o la sorprendente “Hay una canción en rehabilitación”. “Creo que ese contraste, esa tensión entre lo cotidiano y lo poético marca mi lenguaje”, desliza. 

A un paso del tiempo recorre un universo singular y poético (Imagen: Mariana Roveda)

En ese viaje de 50 minutos, Goldszer interpreta el tema “Algo estalla” mediante la Lengua de Señas Argentina, un modo de comunicación que comenzó a estudiar por iniciativa propia hace varios años. Pero aquí también produce un desplazamiento. No hace una traducción literal de cada palabra de la canción a los gestos de esta lengua, sino que hace una interpretación poética. “Quería que fuera un momento de silencio. Trabajé con Natalia Tesone, coach en lengua de señas. Leyendo la letra fuimos trabajando qué imágenes me venían a mí y cómo las reflejaría con el cuerpo. Fue un traspaso de lo sonoro a un territorio visual, a gestos en el espacio. Algo más dentro de esta búsqueda del sonido y el silencio, invitando a ver en imágenes poéticas una canción”, explica la intérprete, admiradora de Gabo Ferro, Björk, PJ Harvey, Nick Cave, Laurie Anderson y Chavela Vargas. Para este espectáculo reunió a un equipo que trabajó de manera articulada y sumando ideas. Paola Delgado creando belleza a través del diseño de vestuario y la escenografía, Ricardo Sica con muchas sutilezas en la iluminación, Natalia Tesone como experta en Lengua de Señas Argentina, y Goldszer, alma mater del proyecto, compartió la dirección con Vanina Falco. “Hacía falta una mirada externa para calibrar las intensidades porque al estar tan metida perdés registro”, concluye.


La ficha

Irena Goldszer (Buenos Aires, 1979) se acercó al arte de adolescente. Comenzó tomando clases de teatro con Hugo Midón y Nora Moseinco, continuó con maestros como Paco Giménez, Ciro Zorzoli (de quien fue asistente de dirección en varias obras), Pompeyo Audivert, Ricardo Bartis, Javier Daulte y Guillermo Angelelli. Actuó en obras del off, hizo cine, también participó de varios programas de televisión de Cris Morena y en la serie infantil Junio Express de Disney. En forma paralela y también desde chica, se formó como cantante y guitarrista. “Ya en lo de Nora Moseinco, Omar Giammarco nos daba clases de canto y ritmo. Empecé a tomar clases de guitarra con él. Me acuerdo que me hacía componer”, dice Irene, quien reconoce a Jacqueline Sigaut como su gran docente a nivel vocal. Con ella descubrió la técnica del bel canto que fortalece las cuerdas vocales. Goldszer creó Recital Pedazos, un espectáculo que presentó durante cuatro años en distintos escenarios porteños, con composiciones propias de distintos géneros musicales, actuación y poesía. También creó y dirigió el unipersonal Respirar, y editó el libro de prosa poética Lakúndera. “Para mí, la música está en la actuación, en los ritmos de la escena, no los pienso como lenguajes disociados”, aclara. Pronto va a realizar en el Konex una nueva función del espectáculo infantil Un ladrón entre nosotros, adaptación del cuento homónimo de Claudia Piñeiro que dirigen Nicolás Gil Lavedra y Virginia Magnago. El 24 de noviembre, en la Quinta Trabucco en Vicente López, vuelve con su solo set en el que recorre distintos momentos de su carrera. Y en diciembre, para cerrar el año, hará una nueva fecha de A un paso del tiempo, antes de hacer una temporada más extensa en 2024 después de estas tres primeras funciones.