“En nuestro recorrido, fuimos registrando que a partir del 2020 mucha gente que se había ido a las ciudades decidió volver a sus pagos. Eligió otro tipo de vida. Al ser personas que llevaban muchos años en la Capital, llegan a sus lugares de origen y quieren que haya actividad cultural, entonces abren espacios, se renueva la intensidad, se propagan las actividades. Hay público. Eso es lo que más estamos encontrando”, afirma la poeta y actriz Macarena Trigo, fundadora de la compañía teatral Si la luna.

La compañía teatral se dedica a hacer giras por toda la Provincia de Buenos Aires. Son Jimena López, Fernando Del Gener y Macarena Trigo. Empezaron a trabajar juntos en el 2015, en el espacio 33, una sala en Boedo que alquilaban y programaban. Pero en la pandemia tuvieron que cerrar. “Eso fue la gota que colmó el vaso. Nos replanteamos cómo seguir en esto del teatro. Yo tenía muy claro que quería seguir, pero me parecía que la forma de seguir trabajando en CABA no tenía mucho sentido", recuerda Trigo. 

Durante el 2020, muchos artistas volvieron a sus pueblos de origen. continúa Trigo “Recuerdo que era algo que estaba muy presente en las reuniones online de la Red de salas. Gracias a La omisión de la familia Coleman (obra dirigida por Claudio Tolcachir), viajamos mucho, pero recorrimos muy poco la Argentina. Esa gira fue en su mayoría a otros países. Así que bueno, se empezó a prender ahí esta idea de viajar más por el país y trabajar en el interior. Ver qué pasaba más allá de los muros de capital, digamos”, afirma.

La Red de Salas Teatrales de la Provincia de Buenos Aires favorece que la gente aplique a pedir los subsidios y que haya una mayor comunicación entre los espacios. Hoy en día, como grupo, apuestan por la apertura de nuevos corredores y por la descentralización de la cultura. “Durante los últimos tres años estuvimos yendo y viniendo por distintos pueblos de la provincia, por el conurbano, haciendo base en Pigüé, dónde estamos viviendo. Intensificamos mucho la apuesta por ir a lugares donde en muchos casos ni siquiera hay salas. Así que trabajamos con bibliotecas públicas, casas de la cultura, organizaciones", afirma.

La primera vez que viajaron fue en 2019, al sudoeste de la provincia. Lo hicieron gracias a Ary Pardal, otro de sus socios de Espacio 33. Organizaron las jornadas escénicas de creación y producción en la sierra austral en La sala del refugio. "Fueron 15 días, y colaboraron las ciudades de Tornquist, Coronel Suárez, Cura Malal y Pigüé. Pese a que era verano y pese a que nos decían acá no pasa nada, no va a funcionar. La experiencia fue hermosa. Vinieron muchísimas personas. Ese proyecto lo mantuvimos durante cuatro años. El año pasado contó con el apoyo del Programa de Gestionar Futuro del Ministerio de Cultura de Nación", afirma.

Jimena López, Fernando Del Gener y Macarena Trigo.

Se sorprendieron con la buena voluntad y generosidad que encontraron en todos los lugares por donde pasaron. Los ayudaron a gestionar viajes y alojamientos. Muchas veces se quedaron a dormir en los teatros. Pero Macarena afirma que de todos modos, hay que ponerse creativo con la financiación. "Hasta ahora habíamos trabajado bastante con subsidios. Hoy, las fuentes de financiación principales, el INT y el Proteatro, están en un momento complicado. Así que también apostamos por buscar financiación privada. Pero, también mucho del autogestivo, del intercambio, de confiar en difundir una buena función, generar no solamente con las funciones sino también impartir un taller para que las cosas sean más sostenibles", afirma.

Trigo dice que las municipalidades muchas veces invierten más en deporte y música, porque piensan que no hay público para las artes escénicas. “Pero sí hay público. Por ejemplo, hace unas semanas estuvimos en Bonifacio, que también es un pueblo de unas dos mil personas, donde tampoco había centro cultural. Pero un grupo de mujeres se juntó en El Avistadero, donde decidieron empezar a hacer actividades culturales. Fuimos a hacer una función domingo a las seis de la tarde y había sesenta personas. Eso capaz no te pasa ni en capital. Es muy curioso que casi todos los espacios por donde nos movimos son mujeres que hacen, mujeres espectadoras las que movilizan todo para que suceda", afirma. 

Macarena piensa que muchos elencos se animarían a girar si supieran que no es tan difícil cubrir los costos. Es el caso del músico Nicolás Blum, por ejemplo que se sumó como músico a EA, mi ñeñín (Adaptación de la conferencia Canciones de la cuna, de Federico Lorca) o Delfina Oyuela, quien también fue invitada con su unipersonal “En todos los libros hay una mujer que no se casa". 

La compañía suele girar con obras de su autoría y dirección, es el caso de “Por eso las curitas”, unipersonal dramático de Trigo, donde cuenta su experiencia institucionalizada bajo el sistema de protección de menores español. “Esas cosas que se dicen y son tan extrañas” que pone en escena un concurso de cartas de amor, cuyo premio es un viaje y dónde una pareja interpreta un vínculo amoroso atravesado por lo literario y Rhonda, que presenta el personaje de una peleadora enfrentando miedos y desafíos que exceden el combate del ring y ubican la pelea cotidiana con el día a día. Entre otras propuestas, la información sobre la obra puede encontrarse en su página web, https://www.silaluna.com

El balance de la compañía desde que empezó a viajar, es positivo. Se encontraron con tierra fértil. Es importante, dice Trigo, tomar dimensión de lo extensa que es la Provincia, es casi como un país. En todas partes suceden cosas, hay que romper el mito de que acá no pasa nada. “El complejo hacia el porteño, el rechazo hacia lo porteño, siento que es como el estereotipo que hay en torno a eso también, pero que después no es tan así y quizás después de la pandemia también pasa menos porque es al revés. Hay mucha gente que sale huyendo de Capital porque las condiciones de vida cada vez son más infrahumanas y entonces el que elige vivir de otra manera y apostar por la calidad de vida se encuentra con que hay otras formas de seguir ejerciendo lo artístico y vivir mejor también", afirma. 

Pero no por cualquier cosa. "Yo no me vine a poner un laverrap. En estos tres años nunca he dejado de dedicarme a lo mío y sigo vendiendo funciones, haciendo clases. A veces no sé cómo conseguimos que sea rentable. No es que nosotros tenemos la vaca atada, imagínate, estamos siempre improvisando. No podés parar, eso es verdad, pero bueno, en Capital tampoco se para. Uno termina un proyecto y tiene que empezar a gestionar otro. El tema es articular otras maneras, encontrar que hay otros ritmos de trabajo, aunque quizás no actués todos los fines de semana", concluye, aunque emocionada por continuar viviendo de lo que la apasiona.