Hace más de 15 años que Lula Bertoldi es parte de una escena. La escena musical local: una escena mutante y expansiva, cada vez más prolífera y al mismo tiempo selectiva. Al frente del trío Eruca Sativa, Lula se impuso como una referente del rock nacional, acaso como una de las últimas representantes femeninas de un género que sabemos inmortal pero también progresivamente desplazado en las elecciones de consumo de la nueva masividad. 

“Todo cambió muchísimo, muchas de las bandas con las que comenzamos ya no están más. Obviamente cambian las modas, cambia lo que se escucha, cambia la cantidad de gente que va a ver cierto tipo de shows. Y está bien, me parece que es parte de hacer eso en lo que uno cree, que a veces es moda, a veces es más popular, pero a veces no. Yo voy a seguir haciendo lo que me gusta y punto, no tiene mucho que ver con lo que se consuma”, dice. “Nuestros hitos, con Eruca, son siempre artísticos: hacer los mejores discos que podamos, dar los mejores shows que podamos, sonar de la mejor forma que podamos. Lo otro es también parte de la de suerte, del contexto, de las oportunidades. No sé si nos medimos en base a eso, a llenar lugares o a crecer de esa forma. Nosotros crecemos haciendo música; esos son nuestros desafíos y son bastante difíciles de superarse”.

Pero la presencia y la intervención de Lula en esta escena (y en otras: este año editó Julián, el escribidor, su primer libro) trasciende el largo camino que continúa trazando con Eruca. En 2019, cuando la discusión por el cupo femenino en eventos musicales estaba en su momento álgido, se plantó como defensora de la causa al enfrentarse a un desafortunado dicho del organizador de Cosquín Rock, José Palazzo (“No sé si hay talento para llenar ese cupo”). Cinco años después reflexiona sobre ese momento: “Hoy lo veo solo como una metida de pata que no tuvo una intención maligna, porque él después se puso las pilas para organizar un escenario específico para darle mucha visibilidad a mujeres en su festival mientras que otros productores no hicieron nada. Incluso ahora que ya pasó un poco esta marea, la verdad es que los line-up en muchos festivales no cumplen. Y bueno, ahí la verdad es que hay que pedir al ente regulador que controle. Pero de todas formas, lo que me parece es que la gente también cancela estas cosas, que no les gusta que falten mujeres, que falten disidencias. Y en Argentina somos conscientes de que faltan y que tratamos de que hayan más lugares, pero bueno, todavía seguimos luchando contra eso”.

Con esta intención de darle más lugar y visibilidad a las mujeres y disidencias, dio nacimiento al ciclo Bestias, que tendrá su primera edición este miércoles 21 de agosto en el Centro Cultural Morán, organizado por ella junto a la cantante Guadalupe Mol y Jorgelina de Agostino. “Se nos ocurrió que además de que toquen sólo artistas mujeres y disidencias, que el staff técnico, el diseño, el catering, todo lo hagan mujeres y disidencias, aparte del repertorio, que obviamente tenía que ser de autoras mujeres. Así, convocamos a cantautoras para que hagan sus temas y algún cover de alguna mujer hispanohablante. Y con colegas y amigas armamos un bandón: todas se entusiasmaron con la propuesta”. En esta primera fecha, cantarán Amanda Pujó, Natasha Doe y Denise Romano junto a una banda compuesta por las instrumentistas Silvana Colagiovanni en batería, Fitu Bocci en bajo, Julieta Calviño en guitarra y Julieta Lizzoli en teclas y voz. “El espíritu del ciclo es la unión colectiva, no poner a una por encima de la otra, o competir. Todo es puro amor hacia una causa común, que es visibilizar a un montón de artistas que están por ahí, pero que quizás no se conocen entre sí. Generar esta comunidad de bajistas, bateristas, tecladistas, percusionistas, guitarristas, etc, y también trabajadoras de la parte técnica. La idea es generar visibilidad y la expectativa es que llegue a oídos de otras músicas y técnicas que puedan participar del ciclo y así ir rotando en cada edición, y también que la recaudación genere una cooperativa de trabajo en la que todas puedan cobrar”, aclara. En octubre, planean la segunda edición; las entradas para este miércoles aún se pueden conseguir a través de Passline.

Desde una producción artesanal pero con suficiente poder para continuar avanzando hacia una mayor igualdad en la industria, Lula actúa como un puente. “Claro que hay más cuestiones que me gustaría que cambien”, dice. “Hoy hay grandes artistas mujeres argentinas liderando los tops mundiales y es muy digno de orgullo de nuestro país. Pero se nos sigue mirando como como un objeto. Por ejemplo, lo que pasó con María Becerra: la mina es top del mundo, con hits globales y además es hermosa, pero igual le están criticando cómo se viste... es una cosa insoportable. A las mujeres nunca se las mide con la misma vara. Se las mira si están gordas, si están flacas, si son lindas, si son feas, si son viejas. Y a los chabones capaz que no se le dice nada si tienen kilos de más, o canas, o se visten fiero”, concluye. Porque (también) en la música hay cosas que cambian con el devenir histórico -los géneros, las modas, los nombres y las posiciones en los rankings-, pero hay otras tantas que además necesitan de pequeñas y grandes revoluciones.