Desde Londres
Con una Alemania buscando formar gobierno, con la Unión Europea (UE) ferozmente dividida entre el avance de la ultraderecha y los tímidos intentos por detenerla y luego del discreto encuentro entre Donald Trump y Emmanuel Macron, resulta que el renegado de la UE, el Reino Unido, se ha convertido en la última carta europea para unificar una política sobre Ucrania frente a un presidente estadounidense que no tiene empacho en contradecirse o ser refutado por su nuevo aliado, Rusia.
Este jueves el primer ministro británico Keir Starmer apelará en Estados Unidos a la “relación especial” con Estados Unidos, a la memoria de Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt en la Segunda Guerra Mundial, a Ronald Reagan y Margaret Thatcher en la Guerra Fría, a la historia en común y el lenguaje compartido, todas cartas marcadas y gastadas que poco le importan al presidente estadounidense.
Como una previa al encuentro, Starmer anunció este martes en el parlamento un drástico corte de la ayuda internacional para financiar el aumento en el gasto en defensa que Trump exige a los miembros de la OTAN. Starmer anunció que el presupuesto en defensa se incrementaría al 2,5% del PBI para 2027 y 3% en caso de ser reelecto, ofrendas a Trump para evitar o demorar lo que parece cada vez más inevitable: la desintegración o radical reformulación de la Alianza Transatlántica, la OTAN, fundada en 1949, plena Guerra Fría.
El anuncio parlamentario, significativo en la dinámica presupuestaria británica, es en realidad un gesto internacional que deja en claro la pobre mano de póker que tiene Starmer frente a Trump. Según los especialistas británicos en la relación bilateral, el primer ministro no tiene mucho más para ofrecer a Estados Unidos. En la primera presidencia de Trump la realeza – con Isabel II – y la visita de estado fueron las cartas que usaron para cortejarlo en medio del torbellino político del Brexit. En 2019 y con los conservadores en el poder, la alfombra roja y la pompa real sirvieron para que Trump, separara al Reino Unido de los “pérfidos” europeos y hasta permitió bosquejar la promesa de un acuerdo de libre comercio que nunca se concretó.
Seis años más tarde, ¿puede ofrecer Starmer lo mismo, pero aliado a la UE, en vez de ser su hijo díscolo? La pompa de una visita oficial con el Rey Carlos III suena a nada en medio del gigantesco juego geopolítico con Ucrania. Ni siquiera el contante y sonante anunciado en el parlamento británico es mucho. Trump quiere que los países de la OTAN gasten un 5% de su PBI en defensa, el doble de lo que propone Starmer para dentro de dos años.
Pero además para 10 Downing Street es tan difícil como para cualquiera seguir los vaivenes de Trump, Putin y el plan de paz para Ucrania. Esta semana Trump declaró que Vladimir Putin estaba a favor de la presencia de tropas europeas en Ucrania como garantes del proceso de paz. Era la voz de un Trump triunfal, capaz de cumplir su promesa electoral de terminar la Guerra “en semanas”.
No es la primera ni será la última vez que Trump asombre con su verborragia porque Rusia ha rechazado reiteradas veces esta posibilidad. ¿Había cambiado de posición Putin gracias a su renovada intimidad con Trump? Su portavoz, Dmitry Peskov, puso las cosas en claro. “No hay cambio en la posición ya expresada por el canciller Sergei Lavrov al respecto”, dijo Peskov. Aclaremos. Lavrov es el titular de Exteriores con más tiempo en el puesto: canciller ruso desde 2004.
El lobo no está
Cuando Trump fue reelecto, la estrategia del laborismo británico fue tratar de apaciguar la "bestia". Según los medios locales “do not poke the beast” (no aguijoneemos a la bestia), frase inglesa que suena a juego infantil, un juguemos en el bosque mientras el lobo no está. En términos diplomático-adultos equivalió a evitar provocaciones, reivindicar los lazos históricos más allá de las ideologías, esconder al canciller David Lammy que había dicho en otras épocas, que Trump era un “misógino que odia a las mujeres, un neonazi sociópata”. En vez figuras del laborismo que habían sido críticas como Lord Peter Mandelson, cerebro del nuevo laborismo de Tony Blair y Gordon Brown, sacaron artículos elogiosos hacia el nuevo presidente como si él mismo no se hubiera expresado igual que el canciller. Como premio a Mandelson le dieron la embajada británica en Washington.
En esta época de memorias débiles la táctica pareció funcionar. Cuando en las primeras semanas de su gobierno Trump lanzó su brutal ofensiva arancelaria-política contra medio mundo – de China a aliados como Canadá y México, desde Dinamarca a Panamá, de la Unión Europea a Ucrania y la OTAN - los británicos parecieron salvarse por un pelo. Hace solo semanas, poco después de su asunción, Trump dijo que el primer ministro británico era “una muy buena persona” que se había desempeñado “muy bien” en el cargo hasta el momento. Daba la impresión que la táctica había funcionado.
Hoy todo eso parece haber sucedido hace un siglo. No sólo los aranceles van para todo el mundo (si leyera otra cosa que X, Milei podría tomar nota de la mutable ligereza de los elogios de Trump) sino que el gran eje de la política exterior europea de los últimos tres años – la posición dura anti-rusa a un alto costo económico en la guerra en Ucrania – quedó hecha añicos. Ucrania y la UE quedaron fuera de la mesa de negociaciones. Todo parece indicar que Estados Unidos y Rusia decidirán qué pasa con la guerra.
El as británico en la manga
El ataque sobre una desdibujada Europa es tripartito. Además de Trump, está Elon Musk que está en guerra con la UE por sus intentos regulatorios de X, entre otras cosas. Este elenco de siniestros tres chiflados se completa con el vicepresidente JD Vance quien dio un inquietante discurso en la conferencia de seguridad de Munich previo a las elecciones alemanas del domingo. Vance cuestionó abiertamente si valía la pena defender los valores democráticos europeos y se reunió con los líderes de AfD, la extrema derecha alemana .
En el Reino Unido que, como el resto de Europa, sigue en la guerra fría, el apoyo a Ucrania y Volodymyr Zelenski es tan unánime que hasta el apologista de Trump, cerebro del Brexit y líder de la extrema derecha, Nigel Farage repudió rápidamente al presidente estadounidense cuando calificó a Zelenski de “dictador” y responsable de la guerra que arrasó su país.
Es decir que a nivel doméstico, con una economía que no arranca del todo y serios problemas sociales y de servicios públicos, el margen de maniobra de Starmer respecto a Ucrania es inexistente. En el Reino Unido le otorgan una sola carta frente a Trump, hecha de seducción y retórica. “Pensar que podemos actuar como puente entre la Unión Europea y Estados Unidos es anacrónico y presuntuoso. Trump no puede ver un puente sin desear volarlo por el aire. Macron intentó persuadir a Trump con la idea de que Europa no puede ser excluida de decisiones que afectan críticamente a su continente. Starmer puede cuestionar la visión que tienen allegados a Trump de que Estados Unidos se va a beneficiar de un acuerdo con Putin porque va a quebrar la alianza Pekin-Moscú. Según mis fuentes, el primer ministro argumentará que dejar a Europa expuesta va a animar una estrategia más agresiva de China y a reforzar los lazos entre Pekin y Moscu. Pero hay muchos diplomáticos que creen que la estrategia con mayor potencial es apelar a su ego y advertirle que una partición sucia de Ucrania, proyectará a Putin como el depredador macho y dejará a Trump como un líder débil”, señaló en el dominical The Observer su editor político, Andrew Ramsley.
The Observer con The Guardian y en menor medida The Independent representa lo más progre que se puede encontrar en la prensa británica. Los lectores pueden imaginar los editoriales del resto. Ramsley cita a un diplomático, Kim Darroch, ex embajador británico en Estados Unidos en el que resume esta estrategia de la seducción. “Si yo fuera Starmer le diría a Trump que esta es su chance de figurar en la historia como el hombre que consiguió la paz y terminó con la guerra. Pero para eso tiene que ofrecer un acuerdo justo. Si el acuerdo no lo es, no lo van a elogiar, lo van a criticar y así quedará registrado en la historia”, le dijo a Ramsley el ex embajador británico.
El Narcisismo, la posteridad, un espejo admirable para el jopo Trumpiano: a eso estaría apostando Starmer.