El fútbol suele tener factores que lo hacen desembocar en horizontes inesperados, los cuales están emparentados con niveles de rendimiento, compromiso con la causa, aptitud para llevar adelante una función, carácter para afrontar una competencia exigente, solidaridad para trabajar en conjunto, y colaboracionismo entre los protagonistas. Todos ellas, lógicamente, determinan un resultado.
La eliminación de Boca de la Copa Libertadores provocó un sismo de magnitudes enormes, que dejó en una mala posición a todos los que forman parte de la estructura de la institución. Las consideraciones anteriores se fueron quebrando con el correr de los días, y lo único que quedaron fueron escombros.
El técnico Fernando Gago tuvo su estreno el 19 de octubre pasado, y en un poco más de cuatros meses, no logró imprimirle una línea definida de juego al plantel. Si bien no se pretende que en los primeros dos partidos todo sea claridad y lucimiento, el tiempo transcurrido invita a especular que la impronta tendría que estar definida. Eso no ocurre. Por ejemplo, su máximo rival tampoco es deslumbrante, pero se conoce lo que pretende llevar adelante Marcelo Gallardo. En el caso de Boca no se vislumbra.
La secuencia de lo que aconteció en el final del partido frente a Alianza Lima, con las deliberaciones para resolver si se realizaba el cambio de arquero ante la definición por penales, también atentaron contra el técnico. Si bien Marchesín fue el que inició la consulta sobre si se realizaba o no su propio cambio, Gago no había dado a entender que tenía planeado hacerlo. El futbolista, con esa reacción, dejó en evidencia que no se sentía con confianza para asumir el desempate, cuando es uno de los mejores del equipo.
Como nadie supo explicar el motivo de la decisión, la autoridad del técnico también se vio dañada. La continuidad de Gago quedó supeditada a lo que pueda responder el equipo en la cancha, y cada partido será evaluado de manera especial lo que genere en el terreno.
El reparto de culpas atravesó a jugadores y dirigentes en la misma proporción, según lo manifestó el público al final de la tanda de penales. Los experimentados que causan admiración tampoco evitaron que le lleguen las esquirlas. Por una u otra circunstancia, ellos son los que cargan con más responsabilidad que los jóvenes.
El presidente Riquelme, por primera vez desde que asumió su mandato, ingresó en el debate y dejó de ser intocable. De esa manera, el riesgo que corre cada vez que Boca se presente como local lo involucra directamente, y si la presión de la gente se empieza a tornar insostenible, el que primero saldrá será Gago.
Los cuestionamientos recaen, además, sobre el entorno que tiene el presidente. Desde los componentes del Consejo de Fútbol hasta su hermano Cristian (actúa como una especie de asesor), ya que nadie está exento cuando el malestar se expande. El torneo Apertura, el Clausura y la Copa Argentina no alcanzarían para tapar los errores que se cometen en diferentes ámbitos.