La semilla del fruto sagrado - 7 puntos
Dane-ye anjir-e ma'abed, Irán/Alemania/Francia, 2024
Dirección y guion: Mohammad Rasoulof
Duración: 168 minutos
Intérpretes: Mizagh Zare, Sohelia Golestani, Mahsa Rostami, Setareh Maleki, Niousha Akhshi, Reza Akhlaghi, Shiva Ordooie
Estreno en salas.
En una primera aproximación puede decirse que La semilla del fruto sagrado es una película híbrida, que relata una historia completamente ficcional, pero al mismo tiempo basada en hechos reales. La paradoja, sin embargo, lo es solo en términos aparentes. Ambientada en Teherán durante las protestas populares espontáneas que provocó el asesinato de la joven Mahsa Amini a manos de la policía, la décima película del cineasta iraní Mohammad Rasoulof pone en escena una serie de dilemas morales que, en dicha circunstancia, atraviesan a la familia de un funcionario judicial. Todos los personajes involucrados son por completo ficticios, aunque, claro, podrían ser perfectamente reales.
Estrenada en el Festival de Cannes -donde ganó todos los premios que le pusieron delante, excepción hecha del más importante de todos, la Palma de Oro (se la llevó la extraordinaria Anora, de Sean Baker)-, La semilla del fruto sagrado es ante todo una película política. No solo por su abierto caracter opositor al régimen teocrático que gobierna Irán desde hace casi 50 años, sino porque consigue poner en cuestión a partir de recursos estrictamente dramáticos una serie de asuntos de urgente actualidad para la sociedad iraní. Aunque también pueden ser ampliados al abanico más ámplio de todas las naciones islámicas de Medio Oriente. En particular el rol que la mujer ocupa en estas sociedades, reducido en gran medida al ámbito doméstico-reproductivo.
Entre las virtudes de La semilla del fruto sagrado una de las más notorias es la de permitirle evolucionar a sus personajes, aunque ese recorrido no siempre sea virtuoso. Iman y Najmeh son un matrimonio feliz y próspero, dentro de los límites que propone una realidad como la iraní. Iman trabaja dentro de la estructura judicial y acaba de ser ascendido a investigador, con muchas posibilidades de que ese, si se desempeña como debe, sea el paso previo a convertirse en juez. Eso significa que además recibirá una residencia oficial más cómoda y en un barrio mejor, un beneficio enorme para él, su esposa y sus dos hijas, una de ellas cursando los primeros años de la universidad y la más chica todavía en la secundaria.
Lejos de hacerles las cosas fáciles, Rasoulof empuja a los protagonistas hacia los límites. A Iman, haciendo que sus superiores lo obliguen a firmar la sentencia de muerte de un joven sin siquiera darle tiempo de saber de qué se le acusa. En el medio estallan las protestas por la muerte de Amini, que se convierte en la piedra de la discordia en el seno femenino del hogar, estableciendo un contrapunto entre la mirada ortodoxa de Najmeh y los vientos de cambio representados por las dos chicas. Con acierto, el director aprovecha a las jóvenes que, como en todo el mundo, mantienen un vínculo estrecho con las redes sociales, para traficar distintos fragmentos reales de videos anónimos que registran la brutalidad policial con que las protestas fueron reprimidas. Un recurso que termina de amarrar con fuerza ficción y realidad.
Todas estas líneas en tensión confluirán en un punto específico del relato, haciendo estallar ese espejismo de felicidad que se esboza al comienzo de la película. Rasoulof propondrá a partir de ahí un juego de espejos entre lo que ocurre afuera de la casa, la crisis social, y lo que ocurre dentro, la crisis moral. Y llevará las cosas al extremo, de modo tal que cada personaje, como en la fábula de la rana y el escorpión, acabe actuando dentro de los límites de su propia naturaleza. La alegoría que la película propone en su tramo final es clara, quizás demasiado. Sin embargo, el director consigue sostener con firmeza su pulso narrativo, trasladando al espectador el peso de la angustia. El último acto, planteado casi como un western, sin dejar de ser tenso, resuelve las cosas de un modo tal vez demasiado cándido.