Acá, en el sur de América, a pesar de la velocidad del mundo moderno y de todo el diluyente que los dueños del mundo nos arrojan a través de sus arterias digitales y su neblina virtual, aún resistimos y mantenemos abierto el debate. Acá somos porfiados con nuestra identidad, negritud y mestizaje.

En mi barrio, Renca, al lado del cerro más alto de Santiago de Chile, la negritud sigue sobreviviendo. En la época de la independencia, Renca se llamaba La Chimba, un territorio habitado por indios, negros cimarrones y mestizos. En la orilla norte del río Mapocho nacía la cultura del pueblo, entre bailes y cantos, alimentando la esperanza de una patria libre y justa que aún estaba naciendo.

Hoy, después de más de dos siglos, cultivamos la misma esperanza. Para nosotros, la cultura es el camino. Aquí aún suena el mestizaje afroamericano con el Hip Hop, la cumbia, la cueca chora, el jazz y el bolero. Un festival de verano resuena en las cumbres del Cerro Renca para que Santiago y toda América del Sur escuchen que lo crudo siempre existe y resiste. Nosotros perseveramos a través del rap y el Hip Hop desde los años 80, siendo parte de la gran comunidad del Hip Hop chileno, una influencia musical y cultural que se ha desarrollado en muchos territorios y ciudades.

Sin embargo, sabemos que el diluyente global se sigue expandiendo de forma "entretenida", proponiendo libertad solo si de consumo se trata, todo a pedido del cliente. El establishment quiere que el rock and roll sea un poco más blanco, que el jazz sea menos callejero y que el Hip Hop sea un mero entretenimiento que no se cultive. Así es como te lo venden: como un estilo libre, donde puedes ser como quieras, siempre y cuando consumas y pagues. Eso es lo que desde el poder se promueve.

Acá eso lo rebatimos, respetando los códigos originales de la cultura Hip Hop, un movimiento de origen negro y político. Aunque ahora se quiera vender la falacia de que también los blancos hicieron algo y que los traficantes de crack fueron motores culturales de la escena, sabemos bien que los traficantes trabajan con la policía en cualquier parte del mundo y que esa policía es la representación más decadente del Estado y del mercado. Los reguladores del mercado son los dueños de las plataformas y también los dueños de las cárceles concesionadas. Venden entretenimiento y también seguridad y justicia, creando así los males sociales. Pero yo defiendo la historia viva de los pueblos, la que se vivió en cuerpo y alma, no el resumen malintencionado del imperio mercantil. La resistencia y la cultura fueron levantadas por visiones políticas al margen del poder.

Acá en Renca, en la antigua Chimba, aún creemos que no, que lo negro no se borra, que lo indio no se borra. Ese es nuestro brillo. Lo mestizo se transformó en la resistencia cultural, y hay una dirección clara: reivindicar la forma de vida en las ciudades y en los barrios populares, a pesar de las diferencias económicas y las injusticias sociales. A través del Hip Hop, puedes transformarte en un ser íntegro, pensante y feliz. Eso es lo que se cultivó al principio, eso es lo que nos enseñó y nos dejó esta contracultura en cada calle, en cada barrio, en cada gueto, desde Nueva York hasta Renca, desde Los Ángeles hasta Buenos Aires.

El legado medular son los códigos, porque cuando hay código hay unidad y hay fuerza. Para eso también está la música, como siempre.

*Líder de grupo Panteras Negras y pionero del Hip Hop en Chile.