Una mujer se para, estática, frente a una obra de arte. Da dos pasos adelante, se detiene, retrocede y vuelve a empezar. Extiende los brazos y luego aplaude en el aire, sin que las palmas de sus manos lleguen a chocar, en un gesto preciso y exagerado. Mira un punto fijo en la pared blanca sin razón aparente. Recorre la sala con una ruta fija, como si cada paso estuviera marcado por un hilo invisible: va hacia la escalera mecánica, se sube, se baja y se vuelve a subir.

La mujer no lo sabe pero está ejecutando su existencia a través de bucles sin salida. Podría ser humana, de carne y hueso. Podría ser la influencer que sonríe con los labios entreabiertos y sostiene un café que seguramente no beba, mientras el combo de filtros brilla en la pantalla de tu celular. Podría ser la mujer en ese shopping caro de Palermo, con una mano en la cintura y otra en la etiqueta del precio de una cartera de cuero. Podría ser el chico que te gusta en un recital, con los ojos cerrados y los brazos alzados cuando suena su tema favorito. Podría ser cualquiera de nosotros, con nuestros gestos predecibles, nuestros ademanes genéticamente prefabricados, nuestros reflejos inconscientes. Pero aquí, en este contexto, no lo es.

La mujer, interpretada por Lux Valladolid, es un espejo. Una simple vasija, una imitación de un humano, el rastro de un cuerpo. O, como se dice, un NPC. El término viene de la jerga gamer y se usa para señalar a quienes parecen moverse sin agencia propia, los non-playable characters. Aquellos que, a diferencia de los protagonistas, no son controlados por un usuario sino por la programación del juego. Su función suele ser acompañar la narrativa o simplemente poblar el entorno como extras. En 2022, el término cobró nuevos significados gracias a la ola de TikTok streams donde creadores de contenido repetían gestos y frases a cambio de dinero. "Básicamente lo que hace un extra en un videojuego: ejecutar siempre el mismo script", dice Lux Valladolid.

¿Qué pasa cuando ese guión se traslada al mundo real? Lux no solo observa el fenómeno sino que lo encarna. De pelo negro y mechas rojizas, la artista lleva una remera negra con una pequeña inscripción: "Stop being an NPC". Su cara permanentemente cubierta con gafas negras, su presencia envuelta en una especie de robótico misterio. Un micrófono le recorre el rostro, aunque no dirá ni una palabra.

Acaba de presentar Average Visitor, una performance site-specific en el MALBA, como acompañamiento de la exhibición de Cao Fei. El futuro no es un sueño. La intervención pone en evidencia cómo los entornos condicionan y estandarizan la postura, el comportamiento y la gestualidad de los humanos: cómo nos convertimos, en una palabra, en NPC. "Si te dicen NPC, lamento informarte que no es un halago. Pero también hay quienes lo resignifican: ser un NPC puede ser un refugio ante la incertidumbre, un lugar seguro donde todo está guionado y nada puede salir mal", cuenta Lux. Sus trabajos mezclan una observación punzante de la economía de la atención, los memes de nicho de internet que se convierten en tendencias digitales y un conocimiento de los grandes pensadores de la conducta social: Foucault, Baudrillard, Goffman. En marzo, la artista viajará a una residencia artística en Suiza, donde llevará el proyecto para seguir desarrollándolo en un entorno completamente distinto: la primavera europea.

Recientemente, al resguardo de la humedad asfixiante de Buenos Aires, el entorno elegido para Average Visitor no fue ajeno a las dinámicas preprogramadas. El museo porteño es uno de los más fotografiables y visitados por turistas de toda la ciudad: aquí se exhibieron obras de Marta Minujín, Frida Kahlo, Guillermo Kuitca, Sara Facio, Robert Mapplethorpe, Cindy Sherman y Diane Arbus, por nombrar algunos. "Las personas caminan despacio, hacen pausas estratégicas y adoptan poses predecibles en los museos", explica Lux. "Las redes sociales amplifican este patrón, dictando cómo deberíamos comportarnos o qué imagen deberíamos publicar, especialmente en lugares como éstos", completa. Lo fascinante, como siempre, es la mirada del otro. ¿Cómo actuamos cuando sabemos que nos miran? ¿Qué escena montamos en el gran teatro del mundo? ¿Qué pose ensayamos para los demás?

Foto: Tadeo Bourbon y Felipe Bozzani
  • ¿Qué significa encarnar un NPC en 2025?
  • Encarnar un NPC en 2025 es evidenciar patrones de comportamiento y subvertirlos, invertir los roles, hacer que el NPC sea quien señala. Técnicamente, en mis performances, el NPC ya no es solo un extra sino un personaje jugador, como en esos videos virales del estilo "Intentando sobrevivir al GTA haciéndome pasar por NPC". Antes de encarnar un NPC, exploré esta idea con Lola, un personaje que representaba a la influencer obsesionada con la selfie perfecta, algo que hoy ya naturalizamos. Su existencia giraba en torno a encontrar el ángulo ideal, atrapada en un loop que la convertía en función más que en individuo.

  • ¿En qué momento sentiste que interpretar a un NPC podía decir algo sobre nuestra forma de movernos y habitar los espacios?
  • Cuando pasé horas en una edición de arteBA en modo NPC, mi cuerpo se mimetizaba con la lógica del evento: moverse sin fricción, mirar sin afectar, estar sin ser demasiado. Me di cuenta de que no era solo una actitud individual, sino un comportamiento aprendido, una coreografía preestablecida que seguimos sin cuestionar. Esa experiencia me dio ganas de llevarlo más lejos, de exagerarlo hasta que se vuelva imposible de ignorar. Los creadores de contenido ya dan mucho material para inspiración, pero el verdadero trabajo es encontrar el tono propio.

  • ¿Tuviste reacciones inesperadas del público mientras hacías de NPC?
  • Sí. Un visitante intentó "despertarme", como hizo TmarTn2 en su canal de YouTube cuando trató de convencer a los NPC inteligentes de que eran parte de una simulación. Me encantó porque evidenciaba esa ansiedad por lo humano, como si necesitara confirmar que todavía "había alguien ahí adentro". También hubo quien empezó a imitarme, como si ver un glitch en la normalidad habilitara automáticamente la posibilidad de jugar. Ese tipo de reacciones son las que más me interesan: cuando el espectador deja de ser espectador y se deja llevar por la intuición.

  • En tiempos de cuerpos, deseos e ideas uniformes, ¿cómo creés que encarnar un NPC puede exponer estas dinámicas?
  • En La sociedad de consumo, Baudrillard habla de la "simulación", donde la realidad es reemplazada por signos que imitan la realidad misma. Esta idea conecta con cómo los NPC, aunque dentro de un videojuego, funcionan como un espejo de la repetición y la homogeneización que caracteriza muchas de nuestras rutinas diarias. Pongamos como ejemplo películas conocidas (que no sean Matrix): Pleasantville, The Truman Show, Free Guy. Las tres nos presentan personajes atrapados en mundos completamente guionados. Los NPC, entonces, no solo representan la repetición, sino que nos invitan a reflexionar sobre cómo nuestras propias vidas pueden estar marcadas por patrones predecibles, que nos limitan sin que siempre seamos conscientes de ello.

  • La coreografía preestablecida en los museos nos ordena sin que nos demos cuenta. ¿Se puede romper con esa automatización de los gestos y la mirada?
  • Foucault analizó cómo las instituciones, a través de sus reglas y estructuras de poder, moldean nuestros comportamientos. Y el sociólogo Erving Goffman aportó la idea de la "metáfora de la representación teatral", según la cual, en cada interacción social, estamos interpretando roles, proyectando versiones de nosotros mismos, ya sea de manera consciente o no. Cada acto social es, de alguna manera, una performance destinada a la "audiencia" que nos observa. Las redes sociales amplifican este patrón, dictando cómo deberíamos comportarnos o qué imagen deberíamos publicar, especialmente en lugares como los museos. Jugar con esos códigos, exagerarlos, distorsionarlos o romperlos, es una forma de desafiar el artificio de nuestra socialización y abrir espacio a lo inesperado.

  • Hay teorías que afirman que vivimos en una simulación, como personajes de un videojuego. ¿Creés que hay algo de cierto en esa idea?
  • Todo el tiempo. No necesito teorías conspiranoicas para ver que la vida está llena de cinemáticas y de small talk: qué calor, eh; ta bravo el tema; es lo que hay; estoy a mil. Por ejemplo, en el supermercado, las interacciones con el cajero o el chofer del transporte público, o incluso en las citas, donde existe un guión tácito de preguntas y respuestas. Cuando subimos a un Cabify, el saludo y las primeras palabras se sienten como parte de una rutina. Lo interesante es pensar en qué pasa cuando rompemos con esa coreografía. ¿Qué pasa cuando, en lugar de seguir ese guión, actuamos de forma genuina o simplemente nos detenemos a observar lo que ocurre a nuestro alrededor? ¿Es posible existir fuera de esos patrones preprogramados sin perder nuestra conexión con el mundo? ¿Hasta qué punto estamos realmente eligiendo nuestras acciones o simplemente actuamos dentro de una estructura que nos fue impuesta? Como alternativa propongo que intentemos interacciones más significativas con aquellas personas que realmente tenemos ganas. No entregarnos a la automatización con nuestros seres queridos, amigos, personas que valoramos. Empezar por lo cercano.
Foto: Tadeo Bourbon y Felipe Bozzani


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