Diego Antica, uno de los guitarristas del Quinteto Guernica, acuña un término que entra directo en la cuestión. “Argentina es un país guitarrocéntrico”, sentencia quien será uno de los protagonistas del primer Festival de Guitarras Tangueras, que se llevará a cabo en el CAFF (Sánchez de Bustamante 772), este viernes 28 de febrero a las 20. “Será un lugar ideal para que la gente se pueda encontrar y reconocer en algo que tenemos en común culturalmente, que es y será la guitarra y, especialmente, el tango”, festeja el violero del grupo que completan las guitarras de Claudia de la Vega y Silvina Fernández, y el guitarrón de Matías Wettlin. Y que debutó discográficamente tres años atrás, a través del ecléctico Bestiario. “Más de tantos certificados de defunción que le hicieron, el tango sigue siendo un lugar de expresión común en el que se atrinchera, en un mundo que tiende cada vez más a la producción cultural artificial, deshumanizada y en serie, una identidad artesanal plena de huellas digitales, de resistencia”, se despacha Antica, seguramente encerrando en sus palabras la intención del resto.
El iniciático festival del Fierro también gozará de las actuaciones de Diego “Dipi” Kvitko, de Juan Lorenzo, del conjunto Tramazurda, y del connotado Cuarteto La Púa. Pablo Sensoterra, uno de sus integrantes, resalta el encuentro “en estas épocas de aislamiento”. “Tocaremos tangos instrumentales y algún que otro cantado por invitadxs especiales, siempre con la impronta característica del grupo: arreglos orquestales como espejo de las grandes orquestas típicas y horizontalidad en la ejecución”, anuncia. “Nuestra idea es mostrar una buena parte del panorama actual que existe en la guitarra tanguera, tanto a nivel interpretes como en las composiciones a nivel solistas y grupos”, se suma Juan Lorenzo, cantautor, compositor y compañero de dúo de la cantante Bárbara Aguirre, y guitarrista histórico de Bombay Buenos Aires, cuyo repertorio circulará entre piezas de sus dos discos a la fecha: Tango en el corazón del monstruo y Alto ruido.
Otro alto exponente de la guitarra del tango actual, Diego Kivtko –discípulo de Aníbal Arias- planea volver sobre los tangos y milongas que pueblan los dos volúmenes de Que grrrande, su par de discos solistas a la fecha. “Era una necesidad desde hace tiempo que se organice un festival así, ya que la guitarra es protagonista de la escena tanguera actual, porque viene formando parte de la gran mayoría de conjuntos, ya sea en un rol protagónico o acompañante”, determina Kivtko, acerca del status de la guitarra en el tango, que por supuesto es refrendado por sus colegas. Agustín Rivera, guitarrista del trío Baldío, es uno de ellos. “Al ser la guitarra un instrumento tan popular, los conjuntos son inquietos y traen muchas influencias de otros géneros que enriquecen y generan un diálogo y evolución constante”, señala este joven cuyo propósito de cara al festival es desenvainar adaptaciones propias de tango nuevo para guitarra solista.
A otro joven exponente de la guitarra tanguera actual -Maximiliano Vallejos, de Tramazurda- la idea del Club Atlético le parece “genial y urgente”. “La cultura es clave para que las comunidades obtengan una identidad colectiva, cuando lo colectivo se ve afectado en la actualidad por las medidas liberales que nos afectan en el día a día”, arremete el hombre contra el estado de cosas actual, usando a la guitarra como un revólver. “La guitarra nos brinda momentos atemporales, cuando hoy la música se puede llevar a todos lados, cuando la tecnología puede hacer una canción con un click, y cuando no hace falta afinar porque un programa lo hace por uno. Cuando producir una canción nunca estuvo tan asistida como hoy, que le entregamos datos a la Inteligencia Artificial para obtener un producto, mientras la guitarra, en contrapartida, propone paciencia, constancia, imaginación y perseverancia”.
La intención de Tramazurda, agrupación que además integran Facundo Becerra, Iván Vania y Hernan Ielapi, conlleva también una resistencia cultural. “En un contexto tan difícil como el que estamos viviendo, la música es un espacio de resistencia cultural crucial. Además de tratar de sobrevivir, en el sentido más literal de la palabra, en un momento de precarización cada vez más violenta y brutal, la cosa pasa por seguir componiendo y escribiendo canciones en las que tratamos de decir, pensar y vivir otros mundos posibles en un mundo imposible”.