La Vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez Mina, ha hecho pública una carta que refleja su compromiso con la igualdad y la justicia social y también la violencia y la persecución que ha sufrido desde que asumió su cargo. En el texto, Márquez denuncia las amenazas contra su vida y la de su familia, así como los intentos sistemáticos de deslegitimarla a través de escándalos y maniobras políticas.
Esta carta de Márquez llega en un momento en el que los rumores sobre su posible salida del Ministerio de Igualdad son cada vez más fuertes. Además, sus marcadas diferencias con el presidente Gustavo Petro han sido evidentes, ya que este no se ha mostrado sólido en su acompañamiento a la agenda política que ella representa. La falta de respaldo por parte del gobierno es un reflejo de las tensiones dentro de la coalición del cambio y una evidencia más de los desafíos que enfrentan los liderazgos negros en el poder cuando quieren llevar adelante una agenda para los pueblos negros.
Desde que Márquez irrumpió en la política colombiana, su figura ha sido objeto de ataques constantes. Además de enfrentar la resistencia de sectores políticos tradicionales, ha debido enfrentar un aparato mediático ocupado en intentar ridiculizarla, minimizar su liderazgo y cuestionar su idoneidad de manera sistemática. Esto no es casualidad. La historia ha demostrado que las personas negras que desafían el statu quo son perseguidas, difamadas, violentadas y, en ocasiones, incluso asesinadas.
"Hoy, mi vida corre peligro. Denunciar la corrupción y señalar lo que está mal tiene consecuencias. No me han atacado con argumentos, sino con amenazas contra mi vida y la de mi familia. Aún así, no me callarán. No me rendiré. Porque el cambio que prometimos, no será frenado por el miedo", expresa Márquez en su carta, dejando en claro que no piensa retroceder pese a las adversidades.
El caso de Francia Márquez es emblemático en una región donde el racismo estructural se expresa en múltiples formas: desde la exclusión socioeconómica y la violencia política hasta las prácticas de genocidio antinegro. La Vicepresidenta ha debido enfrentarse a ataques externos e internos, con un aparato estatal que en múltiples oportunidades no ha querido brindar las herramientas necesarias para gestionar el Ministerio de Igualdad, de donde también surgieron ataques personales buscando socavar su liderazgo y credibilidad. Su denuncia sobre la corrupción y los obstáculos dentro del gobierno demuestra una valentía que pocos dirigentes políticos están dispuestos a ejercer.
"Siempre he hablado con transparencia y con la verdad, nunca he guardado silencio. Porque la lealtad no es callar, la lealtad es advertir cuando el rumbo se desvía del camino, de la gente", advierte Márquez, haciendo una clara referencia a las diferencias dentro del gobierno y la falta de apoyo institucional para el avance de su agenda.
La carta de Márquez es una alarma y un llamado de atención. Cuando una dirigente afrodescendiente es amenazada y atacada por denunciar la corrupción y las injusticias, lo que está en juego es la democracia misma, la posibilidad de construir un país más equitativo y justo. Su declaración final, "Hasta que la dignidad se haga costumbre", es más que una consigna; es una trinchera desde la que sigue resistiendo.