La gran estafa es el gobierno mismo, es el propio Milei como versión farsesca de la continuidad del legado impuesto por la dictadura cívico militar, profundizado por los planes económicos menemistas de Domingo Cavallo y el Consenso de Washington, retomado por Macri y ahora por Milei, quienes “casualmente” comparten ministros: Caputo y Sturzenegger, potenciados para implementar el shock a favor de los grupos empresarios locales y extranjeros. El luctuoso episodio de $LIBRA corrió otro de los velos: el gobierno de Milei miente permanentemente, no solo la falacia “del ajuste a la casta”, también “el rebote de la economía” que jamás existió, por el contrario, se generó un tobogán de caída del consumo y de las actividades productivas, y la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo. Miente y reprime; como lo volvió a hacer con los y las jubiladas y trabajadores. Y además de mentir, transa con los medios hegemónicos, como desnudó la filtración del crudo de la entrevista en TN, conducida por el periodista estrella Jonatan Viale, y la inevitable sensación de que nada es verdad, quedando todos enchastrados en una situación corrupta. Millones de personas, aquí y en el exterior, vieron las imágenes de “El revés de la trama”, que preanunciaba Graham Greene, desnudando la promiscuidad de la relación entre el gobierno, medios y periodistas.

El sistema capitalista en su actual fase decadente, exhibe impúdicamente a sus conductores políticos, magnates admiradores y promotores del neo nazismo, violentos mesiánicos como el presidente argentino, dispuesto a transgredir todos los límites ilegales y morales, en su afán por satisfacer sus impulsos megalómanos y la implantación en el país de sus fanatismos ideológicos thatcherianos de ultra derecha. Estas conductas, propias de aventureros que cada día juegan al todo o nada; y disponen de fenomenales aparatos de propaganda para desplegar su batalla cultural, van mostrando que no pueden sostener el sistema democrático de representaciones políticas basado en la división de poderes. “La sagrada gobernabilidad”, imprescindible para la continuidad del sistema económico, es vulnerada a cada paso por un primitivismo ideológico-cultural del presidente y su “trío”, unido a la más grotesca impericia para gestionar las políticas públicas, la cual implica una negación de un gobierno representativo, republicano y federal. Mucho menos propender al bienestar general de las mayorías del pueblo y de la soberanía como estado nacional. La clase dirigente de las corporaciones y sus partidos, cegados por la tentación del saqueo, unido a sus prejuicios antiperonistas, y anacrónicos anti izquierdismos, se allana a la marcha triunfal mileísta hacia el abismo. Socios menores no le faltan. Partidos como el radical, abandonan su identidad alemista – yrigoyenista, recreada por Raúl Alfonsín; en pos de subordinarse a la derecha, primero fue en JxC, y ahora al ultraderechismo libertario. “Amigables”, una nueva y artificiosa categoría política, creada por medios de comunicación degradados, especializados en disfraces semánticos para ocultar claudicaciones ideológicas y morales. Incluso “explican” a legisladores que realizan largas peroratas contra una ley, y a renglón seguido dicen “sin embargo, la tengo que votar”. Mayor inmoralidad no se consigue. Cierto es que resulta de la misma gravedad apoyar vetos antidemocráticos contra jubilados, universitarios y científicos. En la última sesión del Senado asistimos a otro caso oprobioso: la exhibición de la política de obediencia debida, y de “cumplo órdenes de mi gobernador”. No importa si viola su propia conciencia y al electorado que lo eligió con el propósito de que actúe como parte de una fuerza opositora. El contubernio de libertarios, proistas, radicales ortodoxos y amigables no trepidaron en su momento en votar la Ley Bases como lo exigía el establishment local y extranjero, particularmente para que se legisle sobre el RIGI.

Los devaneos literarios de los editorialistas de los medios hegemónicos resultan increíbles, escriben sobre “el embrollo cripto”, “la patinada”, “el error no forzado”, o los “grandes errores propios”. Pero no habría que extraviarse en detalles descriptivos. Lo de fondo que evidencia el caso de la estafa $LIBRA es el plan de destrucción del estado nación y la estafa al electorado: la lucha contra la casta.

¿Cómo no asociar el decreto que transforma al Banco Nación en Sociedad Anónima, de consumo con la ideología e intereses corporativos que representa el presidente? Su privatización seria otra estafa política para su entrega a las grandes corporaciones financieras. El Banco Nación siempre fue un botín preciado en cada avanzada neoliberal, de allí que ha tenido que resistir apoyado en la sociedad, sus usuarios y trabajadores. La idea de destrucción del estado implica la privatización de lo público para beneficio directo del mercado, o sea, de los tiburones capitalistas que se proponen comprar a precio vil los bienes estatales. Ahora se lanzó a eliminar de facto la exclusividad del estado de emitir moneda, sin respaldo de la nación, erosionando la amalgama de producción e identidad nacional expresada por la moneda nacional, y su significado como política soberana.

Se trata de una estafa política cuyo propósito es el de despojar al Estado de sus capacidades regulatorias y mecanismos de compensación de las desigualdades. Pero también mutilar el sistema democrático, impidiendo el desarrollo de sus instituciones, particularmente con la utilización de decretos y vetos, mutilando el rol del Parlamento. La gran payada mediática de la lucha contra la casta es hermana de la “Revolución de la Alegría” y de la “Revolución Productiva”. El objetivo estratégico es la concentración, la primarización y la financiarización de la economía. El mentado volver al 1900 de las vacas, y ahora de la soja. Solo que esta vez, fue tal el yerro, el gol en contra, que la putrefacción llega al corazón del armado político libertario.

Así las cosas, la oposición, en un sentido amplio, enfrenta el reto crítico de unirse y proponer al pueblo un programa para superar la emergencia social, que involucra tanto a las mayorías humildes como a otros sectores de las clases medias.

*Secretario General del Partido Solidario y director del Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini".