Se suele hablar de The Cure como una banda de música dark, cuando lo que ayudó a instalar en realidad fue el rock gótico. Sin embargo, la etiqueta existe, germinó a fines de los años '70 y le dio nombre a una escena que cuenta con tres generaciones de artistas: la darkwave. Debido a que las fronteras entre una y otra son etéreas, los liderados por Robert Smith flirtearon con el género en varios de temas románticos y sombríos, con dejo tristón. El instrumento estelar de esta hija del post punk y la new wave es el sintetizador, lo que sirve de colchón para la confección de tonalidades menores y letras introspectivas. No tiene una propuesta rígida, sino dialéctica debido a su vínculo con otros lenguajes sonoros, de lo que pueden dar fe álbumes del calibre de Treasure (1984), de Cocteau Twins, o Pain Is Beauty (2013), de Chelsea Wolfe.
Tras la pandemia, en Buenos Aires actuaron varios referentes de la darkwave moderna, como la dupla estadounidense Boy Harsher. Y en ese plan llega este viernes 28, a las 20 en Niceto Club (Niceto Vega 5510), otro de los grupos mimados de esta avanzada: Drab Majesty, quienes tienen su propia interpretación de la evolución del género. “Compartimos mucho tiempo con Slowdive (banda pilar del movimiento shoegaze), con los que pronto haremos una tercera gira. Este vínculo nos hizo volver a nuestras raíces, que está en estilos como el shoegaze y la música psicodélica”, explica Deb Demure, álter ego de Andrew Clinco, integrante del proyecto artístico parido en 2011. “Se convirtieron en una influencia para nosotros en el futuro de la música, es por eso que estacionarte en un estilo es prácticamente imposible”.
Si su debut porteño sucedió en 2018 de la mano de su disco The Demonstration, lanzado un año antes, la dupla californiana vuelve para ponerse al día con sus fans locales. “A raíz de la pandemia, no pudimos salir a tocar nuestro último álbum, Modern Mirror (2019). Así que en el recital haremos hincapié en esos temas, al igual que en los del EP An Object in Motion (2023) y en el nuevo material que estamos preparando (en noviembre pasado apareció su flamante canción, ‘Photograph’)”, adelanta el fundador del grupo. “Las últimas cosas que sacamos anuncian una nueva dirección para la banda, que está funcionando muy bien en vivo. Creo que cada vez es más evidente nuestro interés por la música psicodélica”.
-An Object In Motion también tiene un pie puesto en la pista de baile.
Deb Demure: -Nos encanta la música de baile, nos encanta la música electrónica, el techno y todo eso, y definitivamente hay un momento y un lugar para ello. Pero creo que en nuestra escena musical underground excéntrica es cada vez más difícil encontrar bandas a las que realmente les guste componer música que tenga un arco emocional.
En contraste con el imaginario soleado que gira en torno a California, al punto de que se le conoce como “El Estado Dorado”, la banda californiana muestra una interpretación opaca y onírica de su lugar de origen. “Nuestra actividad favorita en Los Ángeles es recorrer lugares en los que nunca estuvimos. Vivimos esa experiencia a pie, en lugar de hacerlo en auto, lo que marca una diferencia”, explica el cantante y violero. “Cuando entrás en callejones extraños, lugares inexplorados, bares impensados y todo eso, percibís una especie de reverberación y frecuencia diferentes. Además, ambos nacimos y crecimos en Los Ángeles. Para nosotros es simplemente nuestro hogar. Es algo muy básico ser un angelino nativo y por eso somos diferentes a las personas que vienen a instalarse a la ciudad para cumplir sus metas”.
Drab Majesty atiende a esta entrevista desde Lima, previo a comerse un ceviche, según ellos mismos cuentan. Y seguramente no pasan inadvertidos, no sólo por su condición de extranjeros sino también por su apología a la androginia, lo que se manifiesta en su estética. La influencia de los '80 en la idiosincrasia del grupo los candidatea a ser considerados para una hipotética banda de sonido de Menos que cero, best seller de Bret Easton Ellis, aunque justamente su música responde al esnobismo, el vértigo y la banalidad de su sociedad. “Nuestra música es cien por cien medicinal”, afirma Mona D, alias del tecladista Alex Nicolaou. “Con ella curamos muchos de nuestros complejos y tristezas, pero también encuentro que el proceso de hacerla es casi incluso más beneficioso y gratificante”.
-¿Es un toma y daca?
Mona D: -Es un intercambio mutuo: le das al oyente y también disfrutás haciéndolo. Creo que es una experiencia positiva en general hacer música y compartirla. Descubrí que esto funciona para combatir cualquier tipo de depresión o ansiedad. Realmente te permite estar en el presente cuando la tocás o la componés.
-Las historias de su disco Mother Mirror apelan a la introspección. ¿Así suelen comportarse también en su cotidianidad?
D.D.: -Algunas canciones son introspectivas, y otras aprenden a ser reflexivas y observadoras, a partir de personas, lugares y experiencias que tuvimos. Creo que es importante no ser demasiado específico al escribir canciones. Normalmente, me gusta dejar el contenido un poco más abierto y permitir que el oyente complete la experiencia de la historia por sí mismo. Me gusta la idea de que haya un poco más de asociación libre. No sé si la pandemia realmente afectó a los contenidos de nuestras canciones, pero realmente nos dio mucho tiempo y espacio para la autorreflexión, y para analizar mis intereses y los de Alex, y averiguar qué queremos hacer.
-Ante la distorsión que de la realidad que hoy padece al menos el mundo occidental, ¿sienten que lo que proponen supo captar estos tiempos oscuros?
D.D.: -No lo sé. Sería difícil decir que nuestra música es la banda sonora de algo. Creo que debería sentirse como algún tipo de inmersión para que la gente pueda olvidarse de las tragedias del covid y lo que se perdió, y simplemente tratar a la música como si fuera una droga. Es una forma de alejarse de la realidad y no dejar que se refuerce lo que ya es un poco trágico en el exterior. Mucha música se convirtió en un reflejo de una especie de tendencia nihilista hacia el hedonismo, lo cual es genial. Pero Drab Majesty no ofrece algo mejor sino algo diferente. Algo que la gente también necesita, que es una especie de emocionalidad a través de composiciones complejas, cambios de acordes y armonías.
-Ustedes son confesos creyentes de la ufología y el esoterismo, lo que encaja en el paganismo al que invita este nuevo Medioevo. ¿Coinciden con esa lectura de que la gente cada vez más necesitada de respuestas o incluso de milagros?
D.D.: -No hay duda de que entramos en una nueva Edad Media. Eso sucede al mismo tiempo en el que nos sobrecargamos de imágenes, lo que convierte a nuestra existencia en una especie de comercial publicitario. Incluso los perfiles personales de tus amigos en Instagram se están utilizando para vender anuncios. Eso ya es el colmo. Quiero decir con esto que es lógico que la gente busque respuestas alternativas porque la realidad es demasiado abrumadora.