Primero, los hechos: el diputado "nacional" Miguel Angel Pichetto dijo en una entrevista radial con los periodistas María O'Donnell y Ernesto Tenembaum que “el charanguito, esa música del norte, no tiene nada que ver con Argentina”. Asoció luego al folklore con la llanura, novedosa recategorización que dará que hablar en las futuras investigaciones etnomusicales. Perdón, señor Pichetto, lo estamos sacando de contexto.
El contexto sumaba elementos que ayudaban a cerrar el esquema ideológico propiciador de esa "gaffe": Pichetto decía que la Argentina se había "latinoamericanizado", pero no se refería a la tantas veces reclamada conciencia de pertenecer a la Patria Grande sino al haberse hecho cargo el país, desde el Conurbano bonaerense, "de todos los pobres de Latinoamérica". ¡Como si nos sobraran dólares para la filantropía regional!
Más tarde, cuando se le vinieron todos los charanguistas y no charanguistas al humo (extraordinaria la respuesta que le dedicó Juan Falú), intentó relativizar sus dichos y la empeoró: dijo que el "chiste" del charanguito y la música del norte obstaculizaban lo esencial: discutir, por ejemplo, "la modificación de las condiciones para acceder a un documento", como si jujeños, salteños, tucumanos, etc, en su condición de extranjeros, tuvieran que sacar un DNI diferenciado para poder transitar por el país.
Ahora la posible interpretación: Pichetto se expuso como lo que fue y todavía, de algún modo, sigue siendo: el excandidato (perdedor) a vicepresidente de Mauricio Macri. Lejos, lejísimo del legado, ya sea nacionalista o latinoamericanista (de derecha a izquierda, en el amplio espectro ideológico del movimiento) que habita el ADN del peronismo, el actual referente político de Encuentro Federal mostró la hilacha de una falsa prosapia europeísta que la naturaleza le negó. Nació acá, lamentablemente.
Hasta hace un tiempo, los límites ampliados de la incorrección política le permitían a Pichetto despotricar sin costo político contra los inmigrantes de los países limítrofes. Ahora sabemos que los límites mentales de este viejísimo pero muy oportunista dirigente político están aún más comprimidos: no son los inmigrantes el objetivo último de su odio sino los argentinos. Mejor dicho, los argentinos del norte y del conurbano son los inmigrantes indeseados en esta Pampa Húmeda blanqueada para pocos. La asociación natural del folklore con la llanura es brillante en su poder de síntesis: más allá de la torpe analogía geográfica dibuja el retrato político, cultural y económico de un modo de concebir la "Argentina" y sus vínculos con el "interior".
Los dichos de Pichetto son, además, la expresión de unos tiempos marcados por la naturalización del disparate y la festejada impunidad para bardear. Como ya los artistas le contestaron con propiedad, vaya aquí, entonces, una línea final que aplica como paráfrasis de la única respuesta lúcida que salió de su boca en los últimos tiempos: "no hay nadie que te quiera, viejo".