Un grupo de madres unidas por la angustia de no saber el paradero de sus hijos desaparecidos se enfrentó en octubre de 1977 a otro problema adicional: ¿Cómo reconocerse entre la muchedumbre? El gobierno de turno las rechazaba, las autoridades policiales y judiciales no les tomaban las denuncias y los medios de comunicación ignoraban su búsqueda. Entonces se aproximaba la procesión anual a la Basíl