Hola y adiós, es el nombre de la gira con la que Joaquín Sabina sigue bromeando con su despedida, tomando el verso de su éxito "19 días y 500 noches". Una despedida que se extenderá a lo largo de diez fechas en el Movistar Arena, hasta el próximo 18 de abril, y que el 24 de marzo tuvo su inicio ante un público que le demostró lazos de afecto duraderos, de múltiples maneras.

De ida y vuelta de mucho, resucitado un par de veces, con asombroso millaje de giras encima y cinco décadas ganadas en el oficio de hacer conciertos, a sus 76 años este español que declara que la Argentina es su segunda casa, "y a veces, la primera", no necesita demostrar nada, ni despeinarse el bombín, ni levantarse del taburete para lograr este fervor. Alcanza con compartir esos artefactos precisos y preciosos que son sus canciones para lograr la alquimia.

Lo sustenta, también, una banda que es parte fundamental de esa historia y esa precisión escénica, comenzando por su histórico director musical, también productor de algunos de sus discos y responsable del "sonido Sabina", Antonio García de Diego, el hombre que abarca guitarra, teclados, armónica, coros. Jaime Asúa y Borja Montenegro en guitarras, Josemi Sagaste en saxo y clarinete, la argentina Laura Gómez en bajo, Pedro Barceló en batería. Y también la notable corista Mara Barros, todo un sostén del show, que fue ganando protagonismo desde sus inicios en la banda, en 2009, y que tiene a su cargo momentos que siempre marcan los conciertos de Sabina, como "Una canción para la Magdalena". 

Con esta base sólida Sabina recorre su carrera y regala éxitos de todos los tiempos. Está "Calle Melancolía" ("una de las primeras que escribí"); el recuerdo de Chavela Vargas en "Por el Boulevard de los sueños rotos"; éxitos festivos como "Mentiras piadosas", "19 días y 500 noches" o "Princesa", que queda para el último bis, entre muchas que el público canta de principio a fin. 

Sabina celebra ser "un superviviente" y "vivir para cantarlo" en "Lágrimas de mármol"; declara en "Tan joven y tan viejo": "Así que, de momento, nada de adiós muchachos / Me duermo en los entierros de mi generación". Sigue contando y cantando, sin caer en moralejas del redimido.

“Estaba en el camerino pensando qué iba a decir en este momento y lo primero que quiero decir es que mi relación con esta ciudad es muy larga, de amor verdadero. Es una segunda casa para mí y, muchas veces, es la primera. Mis amigos de Madrid saben que siempre digo que, si alguna vez me pierdo, deben venir a buscarme a Buenos Aires”, declara antes de la primera ovación de la noche. Repasa un lazo que se remonta a su primera visita, en los 80, que no fue para un concierto sino, en rigor, para dar una conferencia de prensa en La Casona del Conde de Palermo. De allí al teatro Ópera, y a "cruzar" al Gran Rex, luego al Luna Park, hasta llegar a tocar "dos veces en mi querida Bombonera".

Hay más referencias afectivas, guiños de cercanía, señales de lugar: Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, “mi queridísimo amigo” Juan Gelman. Gardel, Yupanqui, Discépolo, el Polaco (no hace falta aclarar, Goyeneche). Mercedes Sosa ("me pidió canciones y se las dí, pude cantarle y cantar con ella en Clásica y Moderna"). Aquellos que declara sus amigos: Charly (García), Fito (Páez), (Andrés) Calamaro. 

En esa cercanía, incluye la certeza de estar informado sobre lo que ocurre en esta segunda casa: "Sigo de cerca por los periódicos la situación en Argentina, y no quiero dejar de enviar mi abrazo de corazón a toda la gente que ha sufrido las inundaciones de Bahía Blanca", dice. Omite, un 24 de marzo, referencia alguna a la fecha y al contexto, a la multitud volcada a las calles unas horas antes. Menciona algo al pasar tras cantar "Con la frente marchita", aunque equivocando la fecha. Un rato antes, en un concierto que funcionó mucho más que como una pasada de "telonero" -y que el público que iba llenando el Movistar Arena supo agradecer como tal- Iván Noble había cerrado su potente set con el grito alzado de "Nunca Más!".

En el comienzo del concierto, antes de salir a escena, Sabina ensaya una despedida. Es la del videoclip de “Un último vals”, la canción en la que aparecen, entre otros, Andrés Calamaro, Joan Manuel Serrat, Jorge Drexler y Ricardo Darín. No habrá más referencias a un adiós definitivo a lo largo de las dos horas de shows. Habrá que pensar, nomás, que se sigue tratando de un Hola y adiós.