Por estos días estoy en Uruguay, donde vine a tocar con Agarrate Catalina en el homenaje al querido Pepe Mujica. Un poco desconectado de las noticias, me entero por el presidente Yamandú Orsi, con quien tuve la suerte de estar, sobre la destrucción del monumento a Osvaldo Bayer en la entrada a Río Gallegos. Siendo él profesor de historia, hablamos sobre las formas en que esa historia se repite cíclicamente, y en ocasiones, como esta, muestra su cara oscura y grotesca, que siempre es pasajera. 

Una amiga que vive en Boston me dijo que tenemos que agradecerle al gobierno por avanzar con esa pala mecánica que vimos en las imágenes que difundieron como un logro. Porque es probable que muchos argentinos que todavía no saben quién es Osvaldo Bayer, ahora se intriguen y vayan a leer La patagonia rebelde, o quieran ver la película, y conviertan en éxito nuevamente al libro y al clásico de Héctor Olivera. 

Las historia muestra que mi amiga tiene razón, y puedo dar varios ejemplos de ello. Recuerdo que antes de la dictadura ya venía a tocar Joan Manuel Serrat, yo lo fui a ver al Gran Rex en el año 73. A partir del 76, la dictadura lo prohibió: buscaban silenciarlo, que la gente se olvide de él. Y bien, cuando volvió a venir en 1984, la gente hizo tres días de cola alrededor del Luna Park para comprar las entradas, en tiempos en los que, por supuesto, el modo de comprarlas era ir a la boletería. Esa vez el Nano terminó haciendo cuatro Luna Park, y siguió llenando teatros y estadios, cada vez que vino. 

Recuerdo también que durante la dictadura, en los asados con amigos siempre llevábamos discos. A los de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, había que llevarlos adentro de los sobres de los Beatles y los Rolling Stones, porque si no podíamos caer presos. También pensaron que prohibiéndolos, los iban a borrar. Pasaron esos años de plomo y en abril del 84 vinieron a tocar a Obras Sanitarias, donde tuve el honor de tocar con Pablo. El resto es historia conocida, porque esos conciertos se volvieron históricos: Pensaban hacer un Obras, hicieron 14. 

Son solo dos ejemplos que demuestran que, como decían en mi pueblo, este tipo de actitudes siempre terminan igual: les va a salir el tiro por la culata.