La fuerza de una campeona - 6 puntos
(The Fire Inside / Estados Unidos, 2024)
Dirección: Rachel Morrison
Guion: Barry Jenkins
Duración: 109 minutos
Intérpretes: Ryan Destiny, Brian Tyree Henry, Jessica Grossi, Jazmin Headley, Tyrone Benskin y Oluniké Adeliyi
Estreno en Prime Video.
Claressa Shields le pega al punching-ball como si no existiera un mañana, guantea arriba del ring, escucha con atención las indicaciones de su entrenador, trota por las calles sin importarle el impiadoso clima invernal y corretea por los pasillos del colegio con un trineo atado y varios compañeros arriba sumando peso. La secuencia de montaje no miente, porque se han visto muchas similares en decenas de películas sobre boxeadores que tratan de hacerse desde abajo en un mundo que no les pone las cosas fáciles.
Estrenada en el Festival de Toronto del año pasado y recién llegada al catálogo de la plataforma Prime Video, La fuerza de una campeona nunca esconde su deseo de recorrer caminos ya desmalezados. Lo que no quita que el asunto funcione, gracias al aplomo de su dupla protagónica y una bienvenida vuelta de tuerca por la que los factores ambientales juegan un rol central en el esquema narrativo.
Ocurre que Shields (Ryan Destiny) es una adolescente nacida y criada en Flint, en el estado de Michigan, misma ciudad de la que es oriundo el documentalista Michael Moore. El hombre de gorrita eterna ganó notoriedad con el documental Roger & Me (1989), en el que indagaba en las consecuencias sociales y económicas generadas por la decisión de la empresa General Motors de cerrar su fábrica para mudarla a México y abaratar costos. Dado que Flint es uno de los puntos nodales de la región industrial caída en desuso por la globalización conocida como “Cinturón de óxido”, queda claro que la relocalización de la automotriz no fue precisamente positiva.
Esa traza urbana llena de casas venidas a menos, calles un tanto sucias (y, probablemente, con olor a pis, diría el regresado Horacio Rodríguez Larreta) y locales vacíos no parecen el mejor escenario para proyectar los sueños de gloria de esta jovencita a la que, siendo chiquita, ni siquiera la dejaban entrenar. ¿La razón? “Aquí no entrenan las mujeres”, según le dice Jason Crutchfield (Brian Tyree Henry, el rapero de la serie Atlanta), dueño del gimnasio donde los chicos intentan cimentar una vida a fuerza de golpes y quiebres de cintura.
Basada en una historia real, la película de la reputada directora de fotografía Rachel Morrison encuentra a Shields en 2006, largos años antes de que las luchas de las mujeres estuvieran en el centro del debate público. Tanto insiste la chica, que el bueno de Jason, cuyo cuerpo enorme esconde un corazón ídem, afloja y comienza a entrenarla. Muy rápido descubre que Shields tiene talento y hambre de gloria, así como también que el entorno familiar, que incluye un padre preso, una relación conflictiva con la madre y una hermana adolescente embarazada, no es muy contenedor que digamos.
Ya con esas cartas en la mesa, La fuerza de una campeona se dedica a mostrar el ripioso camino al éxito de Shields, con los Juegos Olímpicos de Londres 2012 como primer norte. El segundo aparece bien avanzado el metraje, cuando Jason quiera valerse de la incipiente popularidad de su discípula para conseguir sponsors. Un problemón, dado que todo muy lindo con la medalla, pero como respuesta recibe una y otra vez que el boxeo no es un deporte para mujeres. Relato de múltiples peleas en simultáneo, la película gana por puntos gracias a la ausencia de miserabilismo que le imprime Morrison a los flejes más oscuros de la vida de Shields y a la fiereza de Destiny, pura garra, ovarios y sudor al servicio de su personaje.