La Constitución provincial de Santa Fe de 1962, que este año va a ser objeto de actualización, fue el resultado de una convención atravesada por los avatares de la época, que no fueron pocos ni menudos: en medio del debate se produjo el golpe de Estado al presidente Arturo Frondizi; por ese motivo un sector del peronismo se retiró de la convención; la provincia fue intervenida diez días después de que el gobernador, Carlos Sylvestre Begnis, jurara por el nuevo texto. Antes, el mandatario había permitido participar del proceso a “sectores proscriptos a nivel nacional”, como el justicialismo y el Partido Comunista (PC), recordó a Rosario/12 el ex diputado Danilo Kilibarda, que en aquella ocasión fue convencional por la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI). El miembro informante del Partido Laborista (una fracción del PJ), el rafaelino Roberto Sinigaglia, fue quien argumentó para que su bancada se retirara del debate. Militante de la resistencia peronista en ese entones y abogado de presos políticos en la década siguiente, el 11 de mayo de 1976 fue desaparecido por la última dictadura militar. El ex diputado justicialista Rubén Dunda, quien lo recordó como “un gran militante olvidado, que en momentos negacionistas como los que vivimos, sería bueno exaltar”, propuso que “se lo declare presidente honorario para esta convención reformadora”.
Casi como ahora, en 1962 la Constitución santafesina cumplía también 62 años. La anterior era de 1900. El 17 de diciembre de 1961 se realizan las elecciones para elegir convencionales. Gobernaba Sylvestre Begnis (UCRI), aliado al presidente Frondizi, quien había sido elegido en 1958 luego del golpe a Juan Domingo Perón en septiembre de 1955 y de la frustrada experiencia de la denominada Revolución Libertadora por hacer desaparecer al peronismo.
“Esta convención se reúne por vez primera, en sesión preparatoria, el 16 de enero de 1962 y el 6 de abril realizará su segunda sesión ordinaria, y primera después del golpe de Estado que volteara a Frondizi”, recuerda Dunda en un texto titulado “El peronismo y la reforma de la Constitución de 1962”, que compartió con Rosario/12 para esta nota.
El 29 de marzo es destituido Frondizi y reemplazado por el presidente provisional del Senado, José María Guido. “Juramos la Constitución de Santa Fe con Frondizi preso en la isla Martín García”, rememoró Kilibarda, a los 91 años, quien no llegaba a los 30 cuando fue convencional.
"La farsa"
El 6 de abril vuelve a reunirse la convención reformadora de la Constitución santafesina. El debate se extiende durante 11 horas. Sinigaglia, del bloque Laborista del peronismo, anuncia que se van a retirar. “El bloque peronista va a expresar por mi intermedio, su posición frente a los acontecimientos que sacuden la sensibilidad popular, los que exigen una definición clara y valerosa sobre su significado”, dijo, según la versión taquigráfica de aquella sesión.
Nacido el 6 de noviembre de 1934 en Rafaela, hijo de un ex cónsul italiano y militar retirado de declarada simpatía con el fascismo de ese país, Roberto Juan Carmelo Sinigaglia se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral y, en su juventud, adscribió al peronismo. Tenía 20 años cuando Perón fue derrocado. Se sumó, primero, a la Resistencia Peronista y militó en Acción Revolucionaria Peronista (ARP), la agrupación de John William Cooke, el primer delegado de Perón tras su exilio.
En aquél otoño de 1962, Sinigaglia dijo en la convención: “El bloque de convencionales peronistas inmediatamente que concluya esta sesión, va a hacer abandono de sus bancas”. El joven dirigente aclaró: “No es la nuestra una actitud que pretenda capitalizar el escándalo político. No nos interesa en estos momentos las estridencias ni tratamos de salvar responsabilidades que, por otra parte, nunca abandonaremos”.
En esa línea, explicó: “Simplemente creemos que no podemos seguir prestándonos a la farsa de intervenir en debates donde se va a discutir como si estuviésemos en la luna discutiendo derechos, garantías y libertades que en nuestro país ya no existen y que dentro de muy poco tiempo serán arrancados también de la apariencia de la vida política del país”.
Al convencional de la UCRI, Héctor Gómez Machado, no le cayó bien el planteo. De acuerdo a la versión taquigráfica, solicitó una interrupción: “Le rogaría al señor convencional, por razones de lealtad parlamentaria, que antes de abandonar el recinto escuchasen la respuesta a la armónica y revolucionaria exposición que ha pronunciado. Me parece que no es leal hacer una imputación, marcar un dogma y después huir sin escuchar la respuesta”, chicaneó.
Sinigaglia respondió: “O yo me expresé mal o él lo escuchó mal: dije que íbamos a abandonar las bancas inmediatamente después de terminar esta sesión. Nos interesa muchísimo escuchar las opiniones de los demás bloques y, nuestra salida de aquí, no significa de ninguna manera un repudio a los señores convencionales que se sientan obligados por su conciencia a quedarse. Simplemente creemos que no podemos seguir prestándonos a lo que entendemos sería una farsa ante el pueblo”.
Y agregó: “En este momento no nos interesa otra cosa que la atención, la vigilante complacencia y el apoyo de las masas populares. Creo que a ninguno de los señores convencionales escapa -y estoy tan seguro de ello por todas las opiniones que he recogido hablando individualmente con ellos- el papel un tanto frívolo, ridículo, por no expresarme con calificativos más fuertes, que haremos de permanecer aquí cuando no vamos a decidir nada”.
La gremial y el secuestro
Sinigaglia siguió su camino militante en Buenos Aires. Allí conoció a los abogados Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde y Mario Hernández, con los que fundó en 1971 la Asociación Gremial de Abogados, dedicada a la defensa de los presos políticos de la época. En 1973, cuando Héctor Cámpora, el “Tío”, asume la Presidencia, el joven abogado Esteban Righi es designado como ministro del Interior.
Según cuentan los periodistas Felipe Celesia y Pablo Waisberg en el libro La ley y las armas, Righi le ofreció a Mario Hernández ser su ascensor. Ante la negativa, Sinigaglia ocupó ese lugar. Mientras, ejercía el periodismo en las revistas partidarias Nuevo Hombre y El Descamisado, además de tener un paso por el diario Noticias, de Montoneros.
Tras el golpe de marzo de 1976, los abogados que luego serían de “derechos humanos” cayeron bajo la implacable represión ilegal. Hernández el 11 de mayo, Sinigaglia el mismo día. Fue secuestrado de su estudio jurídico en la Capital Federal y visto con vida en la Superintendencia de la Policía Federal.
Dunda recordó un episodio ocurrido con Duhalde, el secretario de Derechos Humanos, durante la gestión de Néstor Kirchner. “Duhalde, el bueno, me llamó para invitarme al Ministerio porque iban a imponerle a la biblioteca el nombre de Roberto. En esa oportunidad me habló de la entrega de Roberto a la militancia peronista y su generosidad como conducta. Un gran militante olvidado que, en momentos negacionista como los que vivimos, sería bueno exaltar”, dijo.
Una Constitución urgente
Tras la retirada del bloque peronista, el resto de los convencionales apuró el trámite. En un arduo y rápido trabajo en comisiones, consiguieron que el 14 de abril estuviese listo y acordado el texto de la nueva Constitución, la actual.
“La Constitución se aprobó por aclamación, se discutió mucho la autonomía municipal”, dijo Kilibarda a este diario. Recordó que, hasta entonces, los intendentes eran designados por decreto del gobernador. A las 7.40 de aquél día fue aprobado el texto por la convención. A las 18.30, la juraron los convencionales y el gobernador Carlos Sylvestre Begnis a quien, según la tradición oral, debieron esperarlo porque estaba haciendo una cirugía en el Hospital Iturraspe.
“Creo que fue a la semana que viene la intervención de la provincia”, recordó Kilibarda. En rigor, pasaron 10 días: fue el 24 de abril. “El que fue ministro de Interior del golpe de Estado era amigo de Gómez Machado, que era el presidente del bloque de diputados de la UCRI, y consiguió que se respetara la Constitución, que no se derogara”, cerró.
A las apuradas, con un golpe entre medio y retiradas de sectores partidarios se construyó la actual Constitución provincial, que será reformada. Para Kilibarda, más que el texto, lo crucial radica en un comportamiento poco habitual: “Los argentinos nos tendríamos que poner de acuerdo en cumplir alguna. No es cuestión de poner tal o cual cosa, si después no se cumple”.