Vemos una marica preparada para darlo todo en una noche de boliche y reviente. Tiene el look, las compañeras de gira, las drogas y un auto con el acelerador a toda velocidad inyectado en la ruta. Pero una luz la enceguece, tiene un accidente y termina en una pulpería al costado del camino llena de gauchos cuasi fantasmagóricos. Así empieza Luz Diabla, el corto del Estudio Ojo Raro que llevó después de 15 años nuevamente la animación argentina a las pantallas del Festival de Sundance. Pánico y desesperación laten en cada frame de esta historia dónde el folk horror, lo queer y lo popular desarman narrativas digeridas para proponer nuevas lecturas, sumar preguntas y miradas, e iluminarnos con un terror que llega hasta las pupilas de lo identitario.


En las venas del estudio Ojo Raro hay tres personas al frente: Patricio Plaza, Paula ’Sukermercado’ Boffo y Gervasio Canda. ‘Pat y Suko’ están en Argentina y con ellxs compartimos esta charla para comprender el desarrollo de este corto que luego de recorrer festivales internacionales se estrenará en Buenos Aires durante la edición 2025 del Festival Bafici. Gerva nos responde desde Canadá dónde actualmente reside.

“Lo que queda como obra es solamente parte de un proceso que es mucho más amplio. A veces es como una excusa también para llevar adelante ciertos procesos vitales de los cuales queda esa marca que es un objeto artístico”, dice Pat, fundador, productor y realizador queer de animación. En los 11 minutos que dura el corto se condensan años de vivencias, ideas, revelaciones, dudas y los propios temores de esta triada. Tomando algunos estereotipos y estructuras del género terrorífico nos adentran en miedos fundacionales del ser humano.

Paula Boffo, es animadora e historietista. Una mesa llena de lápices de un padre arquitecto, una abuela artista plástica, una Suko que nació con el lápiz en la mano, fotos dónde se la puede ver así en un trance de ganas de sacarle hasta el último trazo a esa varita mágica de colores. Después llegaron los primeros guiones, dibujos e historias llevadas a la computadora usando el programa Paint pidiendo devoluciones a las hermanas mayores de sus amigas, ella no quería solo dibujar, necesitaba darle vida a eso, “quería contar historias”. Eran horas de encarar el Age Of Empire y más que las batallas construir la narración de esas aldeas, leer a Mafalda, Tin Tin y luego encontrar productos que le hablaban a ella, como Mulan, como Sakura CardCaptors. “Me encontré con un lugar en donde se respondía una necesidad que yo empezaba a tener como infante de inconformidad con los roles de género de los 90, principios de los 2000”, porque ella tenía muy en claro que no iba a ser la Power Ranger rosa solo porque la lean como mujer, ella iba a ser la roja, la líder.

Pat, Suko y Gerva en Sundance - ©️ 2025 Sundance Institute | Photo by Jason Peters


“A los 13 años ya sabía que era una persona bisexual y no tenía dudas ni conflicto al respecto con mi sexualidad porque había entrado al beso entre feminidades como algo natural a través de los consumos que tenía por leer manga”, cuenta. Entre estos había mucho de Clamp, el cuarteto de japonesas que nos dieron creaciones que van desde Sakura CardCaptors hasta Miyukichan in the Wonderland, una versión bastante sáfica del viaje de Alicia. También estaba Rumiko Takahashi en su biblioteca con Ranma 1/2, obras como Paradise Kiss y más historias que celebraban en ella la importancia de la representatividad. Tim Burton vino a aportar la oscuridad, el gótico. “Yo tenía un vínculo muy traumático con el terror, tenía mucho miedo a la noche”, y ni las sábanas que la protegían de pequeña para que ‘los monstruos’ la encuentren podían esconderla de algo más intenso: su fascinación por ese universo de los miedos, el misterio, el tabú.

Simpatía por las tinieblas


“El terror siempre habla de los miedos de una época”, explica. Y acá se suma otro concepto básico en Ojo Raro: los géneros. Simone de Beauvoir decía que los géneros son construcciones sociales, no biológicas. Y aunque acá estamos hablando de géneros como la fantasía, drama, romántico y tantos como haga falta, hay un puente entre esa construcción social para llegar a las fibras biológicas que se erizan con una narrativa capaz de paralizar los latidos. “Hay algo de conocer el género que nos permite, utilizar recursos y trabajar dentro de ciertos parámetros y de ahí volar”, explica Gerva. Lo entienden como una caja de herramientas a cielo abierto desde dónde despegar, cuestionar y redefinir.

“Hay algo de respeto y de enaltecer la historia del cine, el género no es algo que escribió alguien en un libro como los mandamientos de biblia sino que se fue desarrollando durante los años, donde distintas variaciones de cada género han surgido, creando grandes búsquedas estéticas y narrativas”, dice Gerva. Las tres voces hablan con ceremonial y respeto del cine y se dedican a profanar las reglas con el amor que solo una búsqueda creativa habilita. Esta es la ‘Luz Diabla’, brillará, brillará, sin cesar.

Ojo sudaka

Cuando hablamos de fantasía siempre viene a la mente algo medieval, una historia más de elfos y caballeros. Pero este es un ojo raro y orgullosamente “sudaka”, por eso dicen que: “Lo que nos interesa es la construcción de los géneros con perspectiva latinoamericana especialmente sudamericana. Entender qué pasa en este lugar del mundo en el que vivimos y cómo se cuentan las cosas desde acá”.

Patricio Plaza por Sebastián Freire


¿A qué le tememos? En todo lo que nos espanta “siempre hay un juicio moral”. El monstruo, el fantasma, es parte de la anomalía, esa entidad en la llaga que viene a asustar a las normas, a “los normales”. Acá es dónde las decisiones autorales se inmolan contra lo predecible en las narrativas, en los géneros, hasta que esa intervención te corra de los lugares esperados. “Para mí tienen poco que ver con ser parte de la monstruosidad”, dice Plaza y con Suko coinciden: “Existe una simpatía por las tinieblas”.

En las palabras de Gerva hay fuego y picardía para hablar del terror: “es un motor para lo imposible, donde también juega un poco la mente y las sensaciones”, explica. Este director parece tener muy en claro dónde quiere llegar con lo que hace: “Siempre pienso un poco en el picante y la adicción que genera, cuando unx sale de ese momento de picor, y la boca descansa, hay una sensación de alivio tan grande, que quiere volver a sufrir, que te pique, para volver a sentir el alivio. Creo que con el terror es lo mismo”. 

Del primer romance con el miedo


Claude Frollo es el Juez de la Ciudad de París en El jorobado de Notre Dame. En la película de Disney se decidió cambiarle la profesión al que en el libro era originalmente un archidiácono. No hay retina que no haya impreso a fuego en su memoria la escena de la película animada en la que Frollo se lamenta por haber sido “embrujado” por la seducción de la gitana Esmeralda que ahora baila en el fuego. Miles de monjes rojos sin rostro aparecen para juzgarlo. Pat era chiquito, estaba en el cine con su mamá, y comprendió que algo estaba pasando ahí. Con los años comprendió que la animación era una herramienta poderosa para hablar de poder, política, religión, odio e historia.


“Yo soy de La Plata, a los 4 años mi vieja me lleva a un tour llamado algo así como el recorrido de las siete iglesias. Ese fue como mi primer contacto con una iconografía muy potente. Ver un conjunto de santos, sobre todo los vitró, fue un impacto muy grande lo de los iconos religiosos”, dice Pat. Luego le siguió otro momento clave que fue ir al cine a ver La Bella Durmiente dónde la iconografía medieval, los colores, la estética plana y los castillos imprimieron algo en su deseo de crear. Como hijo que no era ni bailarina como su hermana para el orgullo de mamá ni futbolista como el hermano para complacer a papá asumió el rol del “freak que estaba en la suya”. Se encargó de llenar el living de ese piso 13 de un monoblock platense con dibujos pero con una obsesión: que eso se mueva, que tenga vida. En otro tiempo y otro lugar a Suko le pasaría lo mismo.

Plaza tiene en su haber muchos años de estudio. Desde sus 8 o 9 años comenzó la formación que continuaría en el Bachillerato de Bellas Artes "Prof. Francisco A. De Santo" de la Universidad Nacional de La Plata hasta luego estudiar cine en esa misma casa. Ver todo el cine que podía, leer toda la bibliografía, y claro: “Caloi en su tinta de atrás para adelante”, ese ciclo de cortos animados que se emitió entre 1990 y 2008 llenando de información animada a miles de fans que hoy reconocen ahí un gran germen.

Una creación fundamental para Pat fue Carne De Dios. En este un fraile español con una extraña enfermedad se entrega a lo desconocido en rituales de esos mismos nativos a los que él y su creencia se dedican a masacrar. Este nace de un viaje a México por una residencia que se convierte en un ir y venir por años, en investigar las formas de resistencia de espiritualidades prehispánicas y de chamanismo, poner el propio cuerpo a las sustancias, mismo cuerpo que había sobrevivido a las mal llamadas ‘terapias de conversión’ para “curar la homosexualidad”, y todos esos ingredientes encontraron en la animación un lenguaje.

Este corto también significó comenzar a trabajar de manera más intensa junto a Gervasio para quien significó desafíos “muy distintos”. En su historia también hay mesas de arquitectura como en la de Suko, pero en este caso el arquitecto es él. Una vida entera de pasión por dibujar y una inquietud por darle un propósito. “Mi imaginación Empezó a volar tan lejos con todas estas herramientas de diseño que había aprendido y decidí probar meterme en el mundo de los videojuegos”, cuenta y suma lo que ese universo lúdico y experimental que lo llevó a trabajar para FortNite como Sr. Concept artist “donde me curtí”. Como todo creador su mirada es multitask y orquesta en varios proyectos a la vez. Pero Carne de Dios le significó un quiebre: “desde la sensibilidad del narrar hasta la posibilidad de poner al espectador en un lugar peculiar”. La urgencia por contar historias lo trajo a este hoy.

Una identidad plural

“Quiero hacer animación queer y LGBT+ para adultos con un perspectiva sudamericana”, dijo Pat en el Festival Internacional de Animación de Annecy (Francia) hará casi diez años. Para quien estuviera oyendo Pat acababa de vomitarles algo aún impensado. Años más tarde mientras él ya estaba trabajando con Gervasio -director de arte de ‘Carne de Dios’- y dialogando en paralelo con Suko empieza a encontrar las conexiones, la “simpatía por las tinieblas” que les unía pero siempre con esa búsqueda desde lo identitario que tiene que ver con géneros, sexualidades y la idiosincrasia sudaka.

¿Es una productora LGBT+? Son cortos… ¿gay? En esta pluralidad de factores que arman la paleta de colores de cada producto lo LGBT+ está sin duda en las pulsaciones y vivencias de cada parte realizadore, eso se traduce en el tono de lo que nos comparten, pero… ¿es sólo eso? La caja de herramientas de géneros mutantes necesita muchas manos y biografías, desde lo sudaka, pasando por Disney y Clamp, hasta dictadura y el Jorobado de Notre Dame. Quizás la propuesta de Ojo Raro tenga más que ver con animarse a hundir el pincel en esas llagas que nombran y con lo que salga colorear un mensaje propio.

Pat, Suko y Gerva aportan tres direcciones con intersecciones y fugas. También hay un sistema de venas de fuego, músculos de hierro y santos huesos que le dan cuerpo a este Ojo Raro. Son tantas personas trabajando como miradas, identidades, historias, talentos, y hasta países para devolvernos estos 11 minutos diabólicos. “Si bien yo soy la pata hetero de este trio, y se que gran parte del queernes no lo vivo como los chicxs, me siento muy curioso de conocer, aprender y disfrutar este mundo”, explica Gerva. “Con lo roto que está el mundo, los nuevos “líderes” mundiales y el fascismo, la sensación de libertad está siempre en peligro. Entonces me parece muy importante dar voz y lugar a historias, mundos, relatos y personajes que divulguen lo queer”.

¿Qué es lo queer en el corto Luz Diabla? ¿Que la víctima sea una marica citadina homenaje a las mujeres pechugonas de película slasher? Esa parodia del personaje ‘tan gay’ puede incomodar porque es tan superflua y predecible que cuesta hacerse cargo de lo mucho que se nos puede parecer. El ‘Queer Horror’ va más allá de esto, toma todo lo que sabemos de orientación e identidad y nos amenaza con uno de los pánicos más primarios, reconocerse y no saber qué hacer con eso. Pat Plaza agrega: “Pareciera que la única representación que podemos tener es desde el lugar del bien, que somos todas buenas. Somos personas ambiguas que nos mandamos miles de cagadas”